HomeNacionalHonduras irá a comicios en marzo de 2017 con un presidente listo para el continuismo

Honduras irá a comicios en marzo de 2017 con un presidente listo para el continuismo

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Sin reformas electorales, sin una oposición unificada y sin reglas claras, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) convocó la noche del domingo a unas elecciones internas marcadas por los planes continuistas del régimen nacionalista de Juan Orlando Hernández.

Aunque el presidente del órgano rector de los comicios, Erick Rodríguez, señaló que “es nuestro deber mejorar lo que hemos logrado y no repetir las acciones que nos han producido resultados negativos”.

La lacónica comparecencia del pleno de magistrados de la autoridad electoral y su última resolución de tildar como “cosa juzgada”, demuestra que el orlandismo va en serio en su carrera a contrarreloj para quedarse por cuatro años y más al frente del Ejecutivo señalado de vergonzosos actos de corrupción.

El resto del discurso de Rodríguez, de filiación liberal y, juramentado antes de tiempo, terminó en una perorata porque se venció el plazo para que se pudiera llevar a cabo las reformas que darían una poderosa arma a la oposición para acabar con cualquier intención continuista. Lo demás son palabras.

Al cierre de esta noticia, tampoco se aprobó la ley que deberá controlar el financiamiento de campañas proselitistas, tildada por Libertad y Refundación (Libre) como una “nueva forma de robar dinero”, mucho menos el voto electrónico, la incorporación de magistrados de Libre y Partido Anticorrupción (Pac), entre otros que acabarían con cualquier intentona.

Con el bloqueo constante del oficialismo y sus partidos apéndices como Democracia Cristiana, Unificación Democrática, el bando independiente, la nueva organización política de maletín Vamos –compuesto por diputados traidores de Libre– y los liberales afines al régimen, la reformas quedaron en sueño.

Si aún se aprobaran después de la convocatoria, los cambios que exige la oposición son tardíos y se requiere, por los menos dos años –según especialistas informáticos, diputados y analistas políticos–, para que surtieran efecto.

Ya es la segunda vez que el nacionalismo y sus adláteres o “achichincles” bloquean cualquier intento de reformas estructurales al sistema electoral, por lo que les facilita manipular resultados, cometer fraudes y someterse a las órdenes de quienes los mandan.

De hecho, quienes se prestaron al fraude electoral de 2013, que benefició a un ensoberbecido Juan Orlando Hernández, siguen en el organismo regulador de los procesos electorales. Entre ellos, el nacionalista David Matamoros Batson y el democristiano Saúl Escobar; se incorporaron a inicios de 2014 el liberal Erick Rodríguez y el udeísta Marco Ramiro Lobo. Ambos llegaron por negociaciones.

Si las reformas electorales se hubiesen concretado, si se hubiera aprobado una nueva Ley Electoral –engavetada en el TSE–, tuvo que haberse concretado en 2014, para que se diera el tiempo en la implementación de todas las medidas…a los nacionalistas no les convienen las reformas, pues les quitaría el control de las mesas electorales, no podrían comprar votos y credenciales para imponerse.

A fin de cuentas, Hernández tiene el camino despejado para acudir a unas elecciones con una oposición que aún no halla el camino para unificarse y arrebatarle la presidencia. Mientras eso ocurre, los partidos apéndices Alianza Patriótica y Vamos volverán al ruedo político, avalando así una justificación para que los nacionalistas puedan jactarse de decir que pueden ir a elecciones sin que participe la oposición.

Asimismo, con el nombramiento de Gabriela Núñez, tildada como “la candidata oficial del Partido Nacional” por el presidente del Pac, Salvador Nasralla, da un espaldarazo al régimen para perpetuarse en el gobierno.

Tampoco se depuró el censo electoral que debió realizarlo el Registro Nacional de las Personas (RNP), para sacar del padrón a quienes fallecieron o se encuentran fuera de Honduras; tampoco se sabrá cómo se identificará a los 428 mil 232 nuevos electores, pues se ha postergado el proceso para implementar una nueva tarjeta de identidad.

Por ello, no resulta extraño que los muertos salgan a votar y los vivos sean sacados del voluminoso padrón y se registren incidentes y conflictos durante las elecciones; se volverá a repetir lo vivido en 2013, donde el bipartidismo –que controla el RNP– vuelva a entregar las cédulas a cambio de obligar a los nuevos electores y quienes perdieron su documento de identificación a votar por los candidatos que les impongan.

La mayoría de estos apartados se encuentran en el Pacto de garantías mínimas de agosto de 2013 firmado por todos los candidatos presidenciales, incluso Hernández, quienes debían hacerlo valer en caso de alcanzar la presidencia. El cuestionado jefe de Estado no las cumplió y jamás se volvió a pronunciar sobre el tema.

El escenario se va conformando a favor del orlandismo con el impedimento de las reformas electorales y provocando la disolución del “pacto de Toncontín” de diciembre de 2014 que tenía el propósito de frenar la codicia por el poder que padece en la actualidad el titular del Ejecutivo.

El resto del discurso de Rodríguez es meramente decorativo. Dijo que los 5.7 millones de electores escogerán un presidente y tres designados; 20 diputados al Parlamento Centroamericano para 2021-2026; 128 diputados al Parlamento; 298 alcaldes y sus regidores y todos deberán competir el próximo 12 de marzo –fecha de los comicios– para alcanzar la segunda etapa para las elecciones generales del último domingo de noviembre.

El orlandismo ya está listo para quedarse cuatro años más.

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