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Honduras necesita un nuevo pacto social

Por: Filiberto Guevara Juárez
En memoria del periodista Don Manuel Gamero (Q.D.D.G.) 
Fiel creyente en la doctrina del Poder Constituyente.

Reza una máxima “el mejor amigo de la verdad es el tiempo, su peor enemigo es el prejuicio”. Así pues, en octubre de 2010, con motivo del Golpe de Estado de 2009, vuestro servidor, escribió sus reflexiones sobre la necesidad de un nuevo pacto social a través de una Asamblea Nacional Constituyente Originaria, esto es más que necesario en el momento actual después de la crisis sociopolítica post electoral de noviembre 27-N que sufrimos actualmente.

Resulta que, después de casi 7 años de la crisis sociopolítica de 2009; todavía no hemos podido salir de ella. El tiempo me dio la razón. Actualmente la nación hondureña necesita de una vez por todas de un nuevo pacto social para superar la actual crisis sociopolítica, que es quizá, peor que la del 2009. Los razonamientos para tal efecto, dados a conocer a continuación, no deben dejar la menor duda de eso. Así pues, con mucho respeto y consideración hacia ustedes estimados lectores (as), les hago llegar lo que escribí en octubre de 2010; y que continúa teniendo validez hoy en día.

Nuevo Pacto Social

(Por: Filiberto Guevara Juárez) ¿Qué es lo que obliga a un nuevo pacto social en nuestro país?: la respuesta es simple: la ruptura del orden constitucional. Entonces, partiendo del hecho real que lo sucedido en nuestro país el 28 de junio /09, fue un Golpe de Estado; dado que así lo dijo en su momento: La O.N.U, La O.E.A, el Departamento de Estado de los EE.UU, el actual presidente de Honduras Don Porfirio Lobo Sosa, y hasta el nuevo premio Nobel de literatura, el escritor Mario Vargas Llosa; es hasta necio y tonto, seguir patinando sobre el mismo asunto, que pasará a la historia como un Golpe de Estado… y punto.

Pero, ¿cuál es la trascendencia de partir de una premisa verdadera, que lógicamente nos lleve a una conclusión verdadera?: la transcendencia es que lo del Golpe de Estado es un asunto muy grave, porque condujo a una ruptura del orden constitucional, que sólo puede ser restaurado mediante un nuevo pacto social, contenido en una nueva Constitución política; a través de una Asamblea Nacional Constituyente Originaria, por mandato directo y expreso del Poder Constituyente primigenio, que reside solamente en la nación entera o pueblo. No hay que temerle en exceso a la idea de una Asamblea Nacional Constituyente, porque ésta no es un súper-poder con potestad de cambiar las condiciones de su delegación de poder.

Como cuerpo de la expresión de la voluntad soberana nacional, La Asamblea Nacional Constituyente es un poder extraordinario transitorio, que continúa siendo un poder constituido ad hoc (a efecto), que se disuelve al cumplir con su cometido de elaborar una nueva Constitución, y, por lo tanto, siempre será limitado por el Poder Constituyente primigenio del único soberano político: la nación o pueblo. Así pues, una Asamblea Nacional Constituyente, no tiene la potestad de cambiar las condiciones de su delegación de poder; sigue siendo una suerte de poder delegado.

Es harto sabido, que la nación o pueblo, elige diputados a la Asamblea Nacional Constituyente, con el fin específico de elaborar una nueva Constitución política, que contenga un nuevo pacto social, que a la vez haga posible la reconciliación de la familia hondureña, para de ésta manera, encontrarle o empezar a encontrarle solución definitiva a la crisis política, económica y social, que nos agobia a todos los hondureños.

“…La voluntad particular tiende, por su naturaleza, a las preferencias, y la voluntad general a la igualdad” (Jean Jacques Rousseau – El Contrato Social). 

Por todo lo anteriormente expuesto, es que respetamos pero no compartimos, las declaraciones recientes del prominente abogado Oswaldo Ramos Soto, en el sentido, que la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente en el país; “ponga en precario el estado de derecho, porque si (la consulta) la gana la oposición; puede quitar incluso el Gobierno electo por el pueblo”. Es probable que el abogado y actual diputado al Congreso Nacional de la República Dn Oswaldo Ramos Soto, al repensar el asunto, caiga también en la cuenta, que una Asamblea Nacional Constituyente no tiene la potestad de poner en precario el estado de derecho, porque en virtud de su delegación específica de poder, no está facultado para otro fines, que no sea el de elaborar una nueva Constitución política, sin los “benditos” artículos “pétreos”, que violan el derecho inalienable que tiene la nación entera, a darse una moderna Constitución abierta y flexible, que anclada en el presente nos permita una visión de futuro para el país, y no como sucede con la actual Constitución, que por ser excesivamente rígida o cerrada, está anclada en el pasado y mirando hacia atrás, como el personaje bíblico de la mujer de Lot.

No hay necesidad de satanizar “la Constituyente” a través de los medios de comunicación social de nuestro país, haciendo circular la idea errónea que decir constituyente es decir “socialismo” o “comunismo”, ¡Qué ridiculez!, ¡qué absurdo!, porque los hondureños, bien o mal, mayoritariamente aspiramos a la perfección del modelo de gobierno republicano, democrático, participativo y genuinamente representativo. Por lo tanto, deben desechar ese miedo totalmente irracional.

Algunos periodistas de los medios de comunicación social, dejan la impresión que les están siguiendo el juego a algunos políticos de oficio, convirtiéndose en simples voceros de ellos y de los poderes remanentes del Golpe de Estado. Bien saben esos políticos de oficio de nuestro país, que el principio “maquiavélico” de “divide y vencerás”, es muy fácil de llevar a cabo debido a la escasa cultura política, del “pobre pueblo pobre hondureño “ e incluso de algunos profesionales universitarios; al grado tal, que una parte de la nación, cree “estar bien”, a pesar de todo lo malo sucedido, faltando mucho, para que adquieran una verdadera conciencia ciudadana que les permita elegir diputados a la Asamblea Nacional Constituyente que legislen completamente a favor de toda la nación hondureña.

Los medios de comunicación social a través de algunos periodistas comprometidos, le han hecho un enorme daño a nuestro país, al no conducir profesionalmente los programas televisivos de debate sobre la actual crisis política, emitiendo excesivos juicios de valor, en favor de una u otra posición extremista. Como moderadores de dicho tipo de programas, están obligados a ser más ecuánimes y profesionales, manteniéndose neutral, haciendo a un lado sus sentimientos políticos, para que de esa manera, puedan contribuir a la reconciliación y reunificación de la familia hondureña, a través de un pacto social, contenido en una nueva Constitución política.

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