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Incremento de vorágine de la violencia en Honduras

Por: Juan Alfaro Posada 

En los últimos días se ha disparado la violencia en el país, provocando la muerte de reconocidos empresarios, ciudadanos de a pie y el secuestro de personas que luchan por la reivindicación de sus derechos.
Uno de los últimos compatriotas, víctimas de la violencia, es el abogado Melvin Edgardo Bonilla Mejía, quien la mañana de este jueves fue asesinado a balazos por desconocidos, en la colonia Alameda de Tegucigalpa.
Estamos hartos de que Juan Orlando Hernández Alvarado (JOHA) nos siga mintiendo, al asegurar que: “se les acabó la fiesta a los delincuentes”, “Honduras está cambiando” y “caiga quien caiga”.
Falacia tras falacia, eso es lo que brota constantemente de su boca en comparecencias públicas y a través de cadenas nacionales de radio y televisión.
¿De qué le ha servido al pueblo hondureño que JOHA haya conformado un sinnúmero de cuerpos policiales, aparte de la Policía Nacional y la Policía Militar del Orden Público ? ¿De qué ha servido el tazón de seguridad y el abultado presupuesto destinado a esos cuerpos represivos del Estado?
Asimismo, ¿de qué sirven o qué función prestan las costosas cámaras del sistema de seguridad del 911, instaladas en las principales ciudades del país, desde tiempos del secretario de Estado, Oscar Alvarez Guerrero?
Las respuestas son simples: reprimir, golpear y asesinar al pueblo que lucha por sus derechos, infundir terror y robarse ese presupuesto, del cual no rinden cuentas al país.
Seguimos a merced de los delincuentes comunes, escuadrones de la muerte pagados por el Estado, narcotraficantes y de las maras 18 y Salvatrucha (MS), en toda la nación.
Al parecer, con las últimas muertes violentas y los shows que ofrecen a diario los medios de comunicación tarifados, lo que se busca es tender cortinas de humo sobre las constantes noticias que provienen de Nueva York, en contra del jefe del Ejecutivo.
La idea es que la población se olvide de sus problemas, de las vacunas anti COVID-19, de las acusaciones contra JOHA, y que la ciudadanía no concurra a las urnas a ejercer el sufragio, porque saben que castigará con su voto a los corruptos que se mantienen enquistados en los cargos de elección popular.
En consecuencia, la única opción inmediata que tenemos para revertir ese sombrío panorama, es participar masivamente, sin ningún temor, en las elecciones internas, previstas para el 14 de marzo.
En esos comicios de los partidos Nacional, Liberal y LIBRE debemos negarles el voto a los corruptos “cachurecos” y “cheles” que aspiran a ser diputados al Congreso Nacional, Parlamento Centroamericano (Parlacen), presidente, designados presidenciales, alcaldes y regidores.
Si no lo hacemos así, demostraremos que somos masoquistas, que no nos interesa construir una nueva nación, donde impere la paz, el progreso y las oportunidades para todos y todas.
También, heredaríamos un país sumido en la más profunda vorágine de la violencia, que sabemos cómo y cuándo comienza, pero desconocemos cuándo y cómo finalizará, envolviendo a vidas inocentes.

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