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JOH asumirá otro mandato bajo fuerte militarización y protestas populares

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, llega a su segundo mandato entre una fuerte remilitarización de la seguridad ciudadana y protestas de la oposición quien lo acusa de incurrir en fraude para ganar los comicios generales del pasado 26 de noviembre.

Hernández, quien había prometido en su primer mandato que entregaría el cargo este 27 de enero, se apresta a colocarse la banda presidencial por segunda vez, mientras que la oposición, en particular, el dúo Libre-Pinu, dijeron que no reconocerán su gobierno porque aseguran que Salvador Nasralla es el presidente ‘legítimo’ ya que ganó con unos cinco puntos de diferencia.

Para llegar a esta instancia, el mandatario aprovechó un cuestionado fallo judicial que anuló la prohibición de continuar en el cargo y neutralizó a sus férreos críticos dentro de las filas del oficialismo que le permitió convertirse en el hombre fuerte e incuestionable, consolidando un liderazgo que ha enviado al ostracismo a viejos cacicazgos que alguna vez pretendieron asumir el control de la formación fundada a inicios del siglo XX por Manuel Bonilla.

El repitiente titular del Ejecutivo nacionalista llega a colocarse la banda en el momento que unas 375 mil personas ingresaron a la zona de pobreza, según cifras de organismos independientes; una economía que ha vuelto ricos a los más ricos y profundizado la miseria de más del 60 por ciento de la población; graves denuncias de violaciones a DDHH y media sociedad en contra de su gestión como gobernante.

Si bien el gobernante ha tenido ciertos logros, pero estos no han sido recibidos por la población que está optando por marcharse del país ante la falta de oportunidades, una violencia generalizada y una galopante corrupción que lo ha debilitado, pues los resultados de las elecciones pasadas confirmaron un profundo desgaste de Hernández.

Asimismo, priman las denuncias de supuestos vínculos con el narcotráfico de su entorno y el pesado fantasma del megafraude al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) que estuvo a punto de desalojarlo de Casa Presidencial.

No obstante, a pesar de las evidencias y las denuncias formuladas en aquella ocasión, Hernández ha sabido maniobrar para salir bien librado, aunque deberá cargar con el estigma y el señalamiento popular de ser un «gobernante corrupto».

Para mantenerse vigente, el jefe de Estado ha tenido que recurrir a un discurso confrontativo, ultrarreaccionario e intolerante para evadir cualquier señalamiento y todo indica que durante su segundo gobierno seguirá manteniendo una postura de línea dura para no ser sujeto del cuestionamiento público.

A pesar de que se ha promovido el eslogan Vida mejor se prevé que continúe la privatización de los pocos bienes que tiene el Estado de Honduras; en fecha reciente, la cuestionada Comisión para la Promoción de las Alianzas Públicas y Privadas (Coalianza) decidió ceder a empresarios el puerto de San Lorenzo. En consecuencia, esa será la dinámica que tendrá este gobierno de corte neoliberal.

Asimismo, se deja claro la alianza -u obediencia- hacia EE.UU.  a través de una agresiva política exterior contra países críticos de la Casa Blanca; en el caso de Venezuela, el propio presidente pidió en su momento elecciones libres para sacar del gobierno de Nicolás Maduro.

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