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JOH: el precario esbozo de un dictador

(Por Erick Tejada Carbajal)  Juan Orlando Hernández (JOH) es, el quinceavo hijo de  una pareja que procreó  17 vástagos. Se graduó de la primera promoción del Liceo militar del norte (1983), y se hizo abogado, su ascenso en la política nacional se podría considerar sino meteórico al menos vertiginoso; pero, ¿Quién es Juan Orlando Hernández? ¿Cómo definiríamos ese extraño magma Nacionalista que actualmente nos gobierna?

Definitivamente sus acciones hablan más  que su famélico discurso, engendrado y curtido en las mieles del tradicionalismo político más rancio y que se resiste -dicho discurso anacrónico-, a abordar con alguna dignidad  las fugaces  naves del olvido. Es evidente que la formación militar recibida por Hernández en el Liceo Militar del norte, hizo mucha mella en su personalidad y forma de conducirse, sobre todo en su devoción a la férrea disciplina y en la obstinación para obtener lo que se propone: osado, vengativo, autoritario, entreguista, mitómano, chantajista y manipulador, serían algunos de los epítetos que han definido el ascenso de JOH a las altas esferas de la política nacional.

El Juanorlandismo, empieza a emerger realmente cuando Lobo gana casi fortuitamente la Presidencia de la República en 2009 en unos comicios electorales llevados a cabo en un contexto carente de las mínimas condiciones para realizar elecciones en cualquier país medianamente democrático, debido esto, al golpe de Estado perpetrado unos meses antes por varios sectores conservadores del país. Lobo, en su mandato,  se convierte en una figura casi decorativa ante el liderazgo asumido por Juan Orlando desde el hemiciclo Legislativo.

Además, su figura se vio potenciada gracias en parte, a la andanada de leyes promulgadas en el Congreso Nacional  y que formaron parte de toda una estratagema para edificar un marco legal-institucional que promoviera con mayor ahínco la venta del territorio nacional y las concesiones estatales(Ley de las ciudades modelo, aprobada en el 2011 y modificada en el 2013, además de las más de 167 concesiones mineras ya materializadas y 47 proyectos hidroeléctricos aprobados1) recrudecimiento de las políticas de austeridad neoliberales y obviamente la militarización de la sociedad hondureña.

Todo este paradigma de país forjado desde el golpe de estado obedece a una idea esencial de potenciar a Honduras como un centro neurálgico geopolítico para el departamento de estado, algo parecido a lo que es Colombia en Sudamérica y a lo que ha seguido siendo el país centroamericano desde  los 80s y que ahora aparentemente pretenden profundizar.

El engranaje ideológico del Juanorlandismo es una especie de amalgama entre modelos de sociales ya aplicados a otros países de la región; del Fujimorismo en la década de los noventas en Perú, toma el marionetismo político, que consiste en posicionar a títeres- en altos cargos del Estado-,  sin ninguna independencia, a sus servicios, a través de las canonjías estatales, florecimiento de negocios a través de empresas de maletín y, en última instancia,  apelando al chantaje como herramienta para someter a sus designios a la mayoría de funcionarios trascendentes  del Estado.

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Definitivamente sus acciones hablan más  que su famélico discurso, engendrado y curtido en las mieles del tradicionalismo político más rancio y que se resiste -dicho discurso anacrónico-, a abordar con alguna dignidad  las fugaces  naves del olvido. Es evidente que la formación militar recibida por Hernández en el Liceo Militar del norte, hizo mucha mella en su personalidad y forma de conducirse, sobre todo en su devoción a la férrea disciplina y en la obstinación para obtener lo que se propone: osado, vengativo, autoritario, entreguista, mitómano, chantajista y manipulador, serían algunos de los epítetos que han definido el ascenso de JOH a las altas esferas de la política nacional.

Del Uribismo, toma toda esta parafernalia militarista denominada “Política de seguridad democrática” , iniciada en Colombia en 2000 con la implementación del Plan Colombia, que incluyó el envío de más de 800 funcionarios del departamento de estado a territorio Andino, erogaciones desde Washington  por  más de 6 mil millones de dólares para fortalecimiento del ejército (2000-2009) -cabe aclarar que Uribe tomó posesión en 2002-, y la venia para el uso por parte de Estados Unidos de 7 bases militares en territorio Colombiano.

Además del paramilitarismo y la puesta en marcha del DAS (Departamento administrativo de seguridad) una dependencia ligada directamente a Uribe y que desarrolló actividades de inteligencia reñidas con la ley. En el país catracho,  prácticamente toda la institucionalidad le responde a JOH y la PMOP ha tomado un rol muy beligerante en el engranaje estatal.

En Honduras se ha enquistado en el poder  junto a Hernández, una camarilla variopinta de filibusteros políticos,  que incluye familiares cercanos-ejemplo del más aberrante nepotismo-, excompañeros del Liceo Militar del Norte- como Arnaldo Castillo actual Ministro de desarrollo económico-, aduladores profesionales como Reynaldo Sánchez, ministros religiosos como Ebal Díaz, correligionarios fieles y un sector emergente de la clase empresarial del país encabezados por Freddy Nasser y otros hombres de negocios que aúpan desde las sombras el continuismo de JOH  en el poder.

En realidad, a  parte de ésta clase empresarial beneficiada directamente, lo antes mencionado se puede resumir en tres grupos importantes: la clase política propiamente dicha, los insulsos tecnocrátas gubernamentales (como Wilfredo Cerrato) y,  los que Octavio Paz llamaba en México “Los cortesanos”, que es todo este grupo de parientes, amigos y cercanos a los ministros que no entienden de ideología, que el pragmatismo es su religión, que desdeñan la cultura y las letras y que su único fin es salir con un pecunio potencializado una vez el gobierno de turno se acabe.

La notoria y evidente impopularidad de JOH contrasta con el dominio institucional y mediático que posee, generándose en el país dos visiones del mismo, una lisiada y tergiversada proyectada desde la cúpula del Juanorlandismo, que su base asume y esparce mediante el cáncer asistencialista, tráfico de la miseria y el ya legendario  chamberismo, y así,  logran sostener una estructura electorera  medianamente sólida.

Esta misma visión, cimentada en la mentira y la vileza, es la   que impulsan también, el conglomerado corporativo mediático aglutinado abyectamente alrededor del  hombre de Lempira. Hernández es un tipo de medianas capacidades, sin logros extraordinarios en la política nacional, fiel al más trasnochado servilismo político vernáculo-que le granjeó su espumoso  ascenso-, un parco orador, sin el menor atisbo de estadista, pero, eso sí, con capacidades de negociación y atrevimiento político que le han permitido llegar a donde está.

Amante del lujo, la parafernalia material, ambicioso hasta la médula y dispuesto a vender a su madre por lograr sus objetivos; hoy, el Presidente más confrontado por algunos sectores de la sociedad civil, con la venia- por lo menos hasta ahora-, del tío del norte, parece encaminarse a una reelección con atisbos de convertirse en una fúnebre y lúgubre crónica de una muerte anunciada,-aunque según la encuesta de CID-GALLUP de Enero de este año, el 68% de la población al menos, está en contra de la reelección de Juan Orlando)-, que sería la profundización del estrangulamiento tributario a la clase media, la etapa de desarrollo de las ciudades modelo, la probable proliferación de más concesiones y el estancamiento en índices de  desarrollo humano y de erradicación de la pobreza, asignaturas pendientes para Honduras.

En definitiva, el reto fundamental del Juanorlandismo, es mantenerse en el poder-cueste lo que cueste-, surfeando entre los ensayos de escenarios de la embajada estadounidense, la aguda crisis económica,  el desempleo y violencia que azota al país y las posibilidades de que se consolide un frente amplio de oposición de manera tal que sea capaz de vencer a esta truculenta y aceitada  maquinaria política encabezada por el hombre fuerte del Partido Nacional.

En su libro “Secreto Militar”, el brillante poeta nacional Roberto Sosa, describía al otrora dictador Paraguayo Alfredo Stroessner, de la siguiente manera: “El policía más solitario de la tierra, está, pueden mirarlo, cruzado de brazos y comido por la pereza, examinando con método y sistema, su galaxia privada”. Hernández no llega claramente a las dimensiones de Stroessner, sin embargo sí piensa que Honduras es su galaxia privada; al final, los caprichosos avatares del tiempo dirán, si Juan Orlando Hernández logrará superar, el precario esbozo de un dictador.

* Escritor, ensayista, poeta y pensador político hondureño residente en Ciudad de México, México. 

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1 COMMENT
  • Jose Humberto Núñez / 29 septiembre, 2016

    Se le olvidó comentar sobre la estancia en USA «estudiando» una maestría en USA con una beca : Administración de un Congreso. En dicho periodo fue adoctrinado por el gobierno de USA y encontraron en él un personaje, que era un mandadero de sus intereses. Por lo anteriormente citado, el gobierno de USA le permite hacer lo que esta haciendo, pues eso es su dictado.

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