Estás aquí
Inicio > Editorial > Opinion > JOHA con sus actos llena de vergüenza a los hondureños honestos

JOHA con sus actos llena de vergüenza a los hondureños honestos

Por: Juan Alfaro Posadas 

Juan Orlando Hernández Alvarado (JOHA) con sus actos de corrupción y vínculos con el narcotráfico internacional llena de vergüenza a los hondureños honestos que deseamos construir una patria justa, democrática, incluyente, libre, independiente y soberana.
Demostrando poderío, impunidad y desafiando a la oposición, le confesó al ex alcalde de Choloma, Cortés, Leopoldo Crivelli, con toda frialdad que “los hondureños son pendejos; con una cerveza y una carnita te dan su voto”.
Asimismo, en una reunión con el empresario arrocero, Fuad Jarufe, al recordar el saqueo al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), dijo: “Estamos robando mejor que en los tiempos de Callejas”, aludiendo al corrupto expresidente cachureco, Rafael Leonardo Callejas Romero, que gobernó el país en el período 1990-1994.
Esas declaraciones de JOHA se derivan de un reporte del periodista de Univisión, Jeff Ernst, que cubre en la Corte Sur de Nueva York las confesiones de los testigos en el caso del supuesto narco, Geovanny Fuentes Ramírez, y donde se menciona con insistencia a Hernández Alvarado.
También se afirmó que Fuentes Ramírez tiene videos y fotos de cómo Juan Orlando recibe cargamentos de cocaína procedentes de Colombia en aeropuertos de San Pedro Sula y Tegucigalpa, frente a miembros de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), sin que éstos se den cuenta, y él se burla de esa institución.
Como podemos ver, estamos frente a una mafia internacional que ha hecho de Honduras un narco Estado, y que los hondureños honrados y patriotas debemos luchar por desmontar toda esa estructura nefasta y criminal, sin precedentes en nuestra historia.
Tenemos que hacer uso del derecho a la insurrección que nos da la Constitución de la República, en su artículo tres. Todas las instituciones están cooptadas, y por eso JOHA y compañía se mueven en la impunidad.
En la práctica, no existe la Fiscalía General del Estado, el Tribunal Superior de Cuentas (TSC) ni el Poder Judicial – y no digamos la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas -, porque en manos de estas últimas están los radares de los aeropuertos y “no se dan cuenta” que JOHA recibe cargamentos de droga a través de las terminales aéreas.
Esos mismos militares y policías, con el escudo aéreo, marítimo y terrestre, “nunca se dieron cuenta” que Juan Antonio “Tony” Hernández Alvarado fue narcotraficante a gran escala en Centroamérica, a lo largo de catorce años, como lo certificó la DEA.
Con su vergonzoso y nefasto papel, no se justifica la existencia de la Policía ni de las mal llamadas gloriosas Fuerzas Armadas.
Con ello, se comprueba una vez más que “Honduras NO ES un Estado de derecho”, aunque la Constitución de la República lo exprese en su artículo uno. Este es un narco Estado, como muy bien lo afirmaron el año pasado fiscales estadounidenses, pero que ese engendro es culpa del mismo imperio “gringo”.
Aquí no hay justicia, no hay seguridad jurídica, se violentan las garantías ciudadanas como el derecho de locomoción, derecho a la vida, libertad de expresión, reunión, de protesta, acceso a la salud, educación y trabajo, entre otras.
En conclusión, no existe institucionalidad, y por eso impera la ley del más fuerte o poderoso, en detrimento de las grandes mayorías empobrecidas.
Ya vimos – el domingo anterior con la celebración de los comicios primarios de tres partidos -, que este negro panorama no lo podemos cambiar por la vía electoral, porque siempre se impone la voluntad de los corruptos y narcotraficantes, a los intereses y anhelos de la población honesta que demanda cambios urgentes y sustanciales.
La salida, indudablemente, debe ser un proceso revolucionario que le dé vuelta a la tortilla y sepulte para siempre la vieja sociedad putrefacta, y engendre otra nueva, donde impere la justicia, democracia participativa, igualdad de oportunidades y se haga sentir la soberanía de las mayorías explotadas y vilipendiadas.
Las condiciones objetivas están dadas; sólo falta hacer conciencia en el pueblo, para que se den las subjetivas, y proceder a la acción.

Top