JOH siempre supo que Tony se involucró en el narcotráfico

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

El excongresista Juan Antonio Tony Hernández confesó a agentes de la DEA sobre cómo operaban los cárteles de la droga en Honduras, el aterrizaje de narcoavionetas, el trasiego de estupefacientes en recipientes inusuales a fin de ser ingresados a EE.UU. durante varios años hasta que algunos capos fueron arrestados y extraditados hacia ese país.

Radio Globo ConfidencialHN obtuvieron de manera íntegra el documento del interrogatorio al que fue sometido el hermano del jefe del Ejecutivo nacionalista Juan Orlando Hernández cuando fue arrestado en Miami en noviembre de 2018 por sus nexos con el narcotráfico; en la entrevista dijo que está dispuesto a colaborar con la agencia antidroga norteamericana para desarticular las organizaciones narcotraficantes que operan en Honduras.

En el extenso relato, el detenido asegura que recibió dos pistolas Glock, un reloj y una yegua de uno de los capos de la droga, quiénes estarían involucrados en el negocio del trasiego de estupefacientes hacia EE.UU., la participación de algunos alcaldes en la delincuencia organizada y sus intentos de esquivar los señalamientos hechos por la DEA, ante el tribunal federal de Nueva York al sostener que nunca tuvo relación a pesar de que sus entrevistadores lo desafiaron a que observara las evidencias que penden en su contra.

Afirmó conocer a los hermanos Valle Valle, Héctor Velásquez Torres Toño Frontera, a quien le imputan de conspirar para matar al exembajador James Nealon y que fue el intermediario para ofrecerle mucho dinero y un helicóptero a cambio de convertirlo en diputado por Lempira junto a su propietario Samuel Reyes.

De acuerdo al interrogatorio, Hernández aseguró que su hermano Juan Orlando «lo mandaría preso» si supiera que está comprometido con los cárteles y afirmó que los encuentros con los señalados ocurrieron en uno de los negocios de su familia y de los cuales era el administrador.

El acusado, quien acudió en octubre de 2016 a EE.UU. para, supuestamente entrevistarse con funcionarios de aquel país y desvirtuar las acusaciones en su contra, dijo que conoció personalmente a Vïctor Hugo Díaz Morales, el Rojo, y se «enteró» de cómo operaba el negocio de la droga y cómo algunos de sus compañeros de la infancia perdieron la vida al involucrarse en el tráfico de estupefacientes.

Aunque el defensor de Tony Michael Teinn alegó ante un juez federal que su cliente había sido interrogado sin la presencia de un abogado -Manuel Retureta- y que los agentes lo habrían «conminado» a proseguir con el diálogo, en la entrevista se detalla de que el imputado conoció a el Rojo a través de Carlos Mauricio Toledo, conocido por el mote de Manny, quien a su vez trabajó con Héctor Emilio Fernández Rosa, don H; ambos están privados de libertad en EE.UU.

Dijo que Manny vívió en su casa y que en más de una ocasión le dio dinero para que solventara problemas económicos y que solía ir a «trabajar» a San Pedro Sula y con el paso de los días solía traer güisqui, ropa y mucho dinero, cuando se «percató» de que era un colaborador del narcotráfico.

El capo Diaz Morales, señala el relato, llegó a Gracias a instalar un negocio y luego se fue de ese lugar porque le había ido mal. Con el tiempo, regresó a reclutar gente y «con él inclusive tuvimos una buena amistad», según dijo Tony. De hecho, al trasluz de la confesión, Hernández admitió de manera tácita que congenió con el Rojo porque «no le pedía dinero» y los encuentros se realizaban en una vivienda de San Pedro Sula.

Afirmó que el Rojo fue quien «pretendió» meterlo al narcotráfico y que «jamás le recibió dinero» porque sería volverse «recluta» de ellos y que lo conoció a través del congresista Juan Carlos Valenzuela y que ellos fueron compañeros de escuela y «hasta montaban toros». «El Rojo me ofreció trabajar con él…(la droga) la pasaban por Guatemala. Ellos, con sus tragos, se les salían las cosas».

Recordó que Mario José Cubeta Cálix Hernández también estaba involucrado con el crimen, por lo que era otro de los operadores del cártel que había operado en la zona occidental de Honduras;  le propuso «ser parte» de la estructura y que aprendiera a «pasar drogas en pajilla».

«Era una (buena) persona, pues que ayudaba a bastante gente pero también tenía un carácter bien fuerte. Y él me decía: ‘Me gusta de vos que no pedís’… cuando empezaban a hablar de ciertas cosas, ‘mientras menos sepa, más voy a vivir. Y la realidad es que no quiero interesarme en los temas que ustedes están hablando’, y seguimos la relación. Y después también estaba involucrado este muchacho, Mario José Cálix», rememoró.

Respecto a Cubeta –quien se entregó a la justicia de EE.UU.- confesó que estuvo involucrado en el robo de vehículos, tanto él como su padre y un hermano y que es uno de los pocos sobrevivientes del cártel de el Rojo ya que los otros fueron ultimados mientras traficaban drogas. Contó que Cálix mantuvo una buena relación con el Rojo,»cuando ellos se empezaron a pelear con don H. Hasta donde sé, también como que ellos participaron en varias limpiezas (asesinatos de contrarios) que hacían ellos».

Aunque uno de los interrogadores le advirtió que le presentaría pruebas sobre su participación en el trasiego de drogas, en su papel de conspirador, Tony negó formar parte de estructuras mafiosas y rechazó que los paquetes de cocaína con la leyenda TH (iniciales de su nombre y apellido) fueran de su propiedad. «¿Cómo voy a  poner las propias iniciales de uno en algo tan delicado? ¿Por qué pondría yo (el logotipo), si fuera poco inteligente de poner mis iniciales en algo así?», dijo Hernández y aseguró que los capos «no se vinieron alegres con el presidente».

Los miembros del clan presidencial, sostuvo, «pasan con miedo» porque «en cualquier momento alguien de la familia va a pagar por lo que hizo el gobernante al mandarlos acá (a EE.UU.)» y que su hermano había emprendido una cacería brutal contra las organizaciones delincuenciales  ya que en el país se había disparado la violencia producto del trasiego de drogas.

Contó que los narcos lo acusaban de tener unas caletas (compartimientos falsos) en unos camiones en Santa Bárbara e insistió que en ningún momento había colocado la marca TH en los cargamentos de droga que fueron confiscados por la DEA. «Ese señor (el Rojo) confundió la amistad, él estaba tomando porque ellos no son amigos de nadie. Carlitos (Toledo) me quedó viendo y me quiso decir ‘pensalo y hoy (das la respuesta)», expuso.

Aseguró que el flagelo «es un problema de los dos partidos (Liberal y Nacional)» y que durante el gobierno de Manuel Zelaya no pudo saber sobre el alcance que podría tener el narcotráfico en las altas esferas porque no tuvo acceso a los altos funcionarios de la época para conocer el tema y que él era un «simple mortal… Pasaba desapercibido, tranquilo. Sólo era el hermano de Juan Orlando, porque él era el diputado en ese momento».

A sabiendas de que podría recibir otra acusación penal por pretender despistar a sus entrevistadores, Tony siguió con un juego de palabras para ocultar cualquier sospecha,  entre ellas, decir que nunca tuvo ganancias en su presunta participación como conspirador y que los recursos que están consignados a su cuenta de ahorros proviene de la administración de los negocios familiares.

Uno de los agentes que lo entrevistó en la primera ocasión supo que el detenido le mintió al afirmar que jamás conoció a los Cachiros y que tampoco recibió dinero de los hermanos Devis Leonel y Javier Eriberto Rivera Maradiaga. No obstante, se comprometió con ellos a averiguar del porqué no se les pagaba un dinero producto de la construcción y, por casualidad, se «enteró» de que ambos eran transportistas de drogas.

Recordó que los dos cabecillas de la agrupación criminal eran perseguidos por EE.UU. y por el gobierno hondureño ya que «estaban en el ojo del huracán», porque su hermano «no les pagó» por los servicios que prestaron a través de empresas de construcciones civiles. «El presidente Hernández dijo que no les iba a pagar a esas empresas por estar en el ojo del huracán».

Acerca de su relación con Toño Frontera, dijo que le advirtió que «terminaría en problemas como los demás», aunque su interlocutor le decía que si quería dinero, le podía traer en grandes cantidades y llegaba a una suerte de finca que le heredó su padre para entablar pláticas a fin de acercarlo a otros señores de la droga (hermanos Valle Valle) y darle muchos recursos económicos.

Uno de esos días, según la confesión, llegó Velásquez Torres y tuvo un cruce de palabras; le aseguró que «alguien los está pajeando (engañando)… A los señores se los van a llevar. Si hay alguien de la Policía que les está dando mentiras díganles que es falso». «Nadie va a detener eso. A esos señores se los van a llevar. ‘Sí, pero el trato’, me dice, ‘es que no se los lleven’. ‘Bueno, yo no sé quién hizo el trato porque con Juan no se ha hecho y usted sabe cómo es Juan’. ‘Pero mire Tony, ayudémosles…’, ‘si hay alguien de la Policía que les está diciendo’ digo que ‘se los van a llevar’. Ellos sí me mandaron a ofrecer directamente dinero para y con (Julián) Pacheco nunca tuve acceso a poder preguntarle algo».

Uno de los métodos que usaban los cárteles para movilizar la droga, recordó Hernández, era a través de fuertes cargamentos de reses, cuyas heces suelen distraer a los perros antidroga y «se supone que la están pasando, han encontrado varias caletas de donde va el ganado» y uno de los supuestos transportistas fue identificado por el apellido Pinto.

Aseguró que jamás trabajó con los hermanos Valle Valle porque, «al único que mandaban era a Toño Frontera con pisto y un teléfono para hablar con ellos y hablé con él una vez y me dijo que me ofrecía helicópteros, que estaba apoyando a diputados del Partido Liberal y lo que quería era tener gente en el Congreso para poder manejar el tema de las extradiciones».

Hubo muchos ofrecimientos de dinero para alcaldes, incluyendo uno de Gracias, candidatos a diputados por los jefes de los cárteles, hasta le advirtieron que «no te estés llevando con determinada persona… se llama WM. El hermano de él estaba teniendo problemas».

«Mirá, me dice, ‘que esa gente se lleva con Moncho Matta (Waldurraga)’, me dice, ‘y te están teniendo una trampa, te están tendiendo una trampa, para que te metan a un lío’. ‘No, mire, le voy a decir: lo único que hace es ejecutarme el proyecto de carreteras. Que él ande en otras cosas o no… de W me han dicho muchas cosas’, le digo. ‘Pero él viaja a Estados Unidos a cada rato. Él trabaja con medio mundo, siempre y cuando yo no sepa cuáles son los negocios secundarios… a mí lo que me interesa es que desarrolle las carreteras. Si anda en licitación pues yo dejo los fondos en… en Finanzas y que me arreglen la carretera”. «(Con) Este señor (Fredy) Nájera, Moncho Matta me mandó a decir con un amigo que yo les había aceptado dinero a los Cachiros, perdón, a los Valle y que ya me tenían en la bolsa. Con el hermano de Marlon, que era mi compañero de bufete. ‘Tony, vení y decíme, ¿es cierto que vos ya le aceptaste dinero a esta gente?» (sic.).

«¿Quién dice? le digo. ‘No, a mí me dijeron donde Moncho Matta’. Porque Moncho Matta en Tegucigalpa andaba por donde fuera. Y él decía que no tenía ningún problema –hasta que los tuvo y se vino a presentar o no sé si lo capturaron. Y algunos bienes se le entregaron nuevamente que se le habían incautado allá en Honduras, pero el resto quedaron incautados. Y cuando él me mandó a decir eso… ese mismo día estábamos bebiendo y le dije: ‘Decíle que nos miremos en algún lado y que nos volemos la madre. Vos andás con cincuenta personas y yo con seis muchachos’ pero yo le digo: ‘¿Por qué anda diciendo eso de mí?'».

«A los dos días mi hermano me llamó y me dijo por qué tenía, que andar diciendo cosas a ese señor (Matta); que iba a terminar muerto o comprometiendo a la gente que andaba conmigo. Y total, gracias a Dios, nunca me pude encontrar con ese muchacho. Pero bueno, no le hubiera dicho nada, era porque estaba con mis tragos, pero sí, él…él siguió trabajando todo el tiempo después de muerto su papá y tenía una relación con W.», relató.

En el testimonio de 56 páginas que fue facilitado por el tribunal federal de Nueva York, Tony afirma de que uno de los miembros del cártel AA, Hugo Ardón, iba a comprar a EE.UU. maquinaria pesada a pesar de tener un sueldo de funcionario; admitió que los dos hermanos estaban involucrados en el narcotráfico.

A lo largo de la confesión, que busca desestimar el defensor Michael Teinn, Tony es consciente de que su futuro legal está comprometido, en otras palabras, su estancia en la cárcel será larga por las pruebas que pesan en su contra.

Al respecto, el defensor dijo en su escrito presentado ante la corte neoyorquina que se anule la entrevista porque no estuvo apegada a derecho. «El 23 de noviembre (de 2018), después de la detención de Hernández…el vídeo refleja que Tony de manera clara e inequívoca pidió hablar con su abogado Retureta. En este punto (si no es antes), los agentes debieron detener el interrogatorio. Pero avanzaron, diciéndole a Hernández. que no pudieron ponerse en contacto con Retureta y le aconsejaron que incluso si Retureta fuera suya abogado ‘hoy’, no era su defensor ‘ahora'».

«Ni siquiera pudieron pedirle a Hernández que renunciara a la presencia de Retureta, solo el abogado podría dimitir a ello. Y constitucionalmente, una vez que Hernández pidió a los agentes que llamaran…pudieron arrestarlo legalmente, pero persuadir para que prestará su cooperación, tuvo que esperar a un abogado. No hay una manera justa de ver este interrogatorio bajo custodia como algo que no sea de los agentes. participar en el interrogatorio sustantivo de una parte representada, que sabían que era representado, en el mismo asunto, y por lo tanto haciendo una carrera final alrededor de su abogado. La declaración posterior al arresto debe ser suprimida», solicitó.

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