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“Juan, renuncia”

(Por Edmundo Orellana) Esta expresión es del expresidente Porfirio Lobo. Que sea él quien pida la renuncia del gobernante, es motivo suficiente para asegurar que la crisis interna del PN es más grave de lo que suponíamos, por ser su mentor político y el que más humillaciones ha recibido de su pupilo, quien, con ello, demuestra que ser agradecido no es una de sus cualidades.

No es la primera vez que se la piden. Desde la oposición se escuchan voces unánimes exigiendo que el gobernante renuncie a su investidura, pero la exigencia planteada con más energía y decisión es la que espontáneamente surge del pueblo hondureño, que no desaprovecha evento multitudinario para reiterarla, cada vez con más convicción.

Estas demandas, sin embargo, se estrellan contra el muro gigantesco que se eleva entre el pueblo y la oposición, por un lado, y, por otro, la institucionalidad. Desde el Congreso se legisla, entre otras cosas, para: conferirle más poder al gobernante, concediéndole, en flagrante violación a la Constitución de la República, potestades legislativas, por las que puede reorganizar a su capricho la Administración Pública central y descentralizada, creando, modificando o suprimiendo entidades; y, crearle una estructura organizativa en cuyo vértice se encuentra el Consejo de Defensa y Seguridad, CNDS, presidido por el gobernante y, como si fueran sus subordinados jerárquicos, también están los titulares de los demás poderes del Estado, el Fiscal General y otros. Del CNDS dependen dos organizaciones, la encargada de la investigación e inteligencia, responsable de pinchar teléfonos y de ejecutar las decisiones de cuáles instituciones y qué temas estarán bajo secreto de Estado, y la denominada Policía Militar del Orden Público, PMOP, de la que, a su vez, dependen jerárquicamente los jueces y fiscales asignados a ésta, que ejercen la jurisdicción nacional penal. Esta monstruosa institucionalidad, negación absoluta del Estado de Derecho, fue aprobada por los supuestos representantes del pueblo.

Desde el Ejecutivo, con el consenso del Consejo de Secretarios de Estado, se adoptan medidas neoliberales cuyo efecto ha sido convertirnos en el país más pobre de América, incluso que Haití; se debilitan los gremios, creando condiciones para despidos masivos en los sectores de salud y de educación; se asfixia a la empresa privada mediante tributos excesivos y de carácter confiscatorio; se dilapidan los recursos en campañas publicitarias por las que se pretende, sin resultados, generar la percepción de que vivimos en la sexta economía del mundo.

Desde el Poder Judicial, se emiten fallos favorables al gobierno, aunque en materia penal, justo es reconocer, que los tribunales anticorrupción son la excepción a la regla general, pero por poco tiempo, por la alta probabilidad de que la MACCIH, si no desaparece, sea despojada de las funciones que le permiten apoyar directamente a esos tribunales y al MP, por medio de UFECIC.

En el exterior, nos ha convertido en el referente de todo lo malo, por eso, recientemente, el Presidente gringo que más ha querido a los latinos en la historia, Mr. Trump, dijo que Baltimore era peor que Honduras.

Las caravanas, la indignación popular protestando en la calle, los gremios médico y docente desnudando la realidad de la prestación de los servicios de salud y de educación, los comunicados de la iglesia católica y la actitud, nada complaciente con el gobierno, del sector auténticamente cristiano de los protestantes, así como los comunicados de algunas organizaciones empresariales, demuestran que la compacta base sobre la que se asentaba el poder del gobernante se encuentra en un proceso de franco deterioro.

El “JUAN RENUNCIA” de PP es letal porque revela que desde el seno del PN se gesta una rebelión en contra de la tradición de someterse incondicionalmente a la jerarquía partidaria y de apoyar sin reservas el gobierno dirigido por el partido.

La estocada final viene de la denuncia de la fiscalía federal gringa sustentada en declaraciones de un capo narco del occidente de Honduras involucrando al gobernante en la narcoactividad, tornando insostenible el apoyo gringo a su gobierno.

Es evidente, pues, que el gobernante se está quedando solo, contando únicamente con la lealtad de los uniformados, que, sin embargo, cuando de fidelidad se trata lo son únicamente con su propio estamento, el militar.

El “JUAN, RENUNCIA” es una inequívoca señal de alarma para el gobernante, un síntoma grave del deterioro de su imagen dentro y fuera del país y un mensaje elocuente para la oposición, invitándola a olvidar sus intrascendentes riñas intra e inter partidarias para integrarse en una plataforma de unidad ante cualquier eventualidad futura inmediata.

Es el momento, sin duda, de hacer efectivo el ¡BASTA YA!

Y usted, distinguido lector, ¿está decidido a hacer efectivo el ¡BASTA YA!?

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