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La extorsión y los homicidios están a la orden del día en Honduras

Por : Juan Alfaro Posadas

La extorsión sigue predominando en todo el país, al tiempo en que se incrementan los homicidios múltiples, pero Juan Orlando Hernández Alvarado (JOHA) asegura que “se les acabó la fiesta a los delincuentes” y que “Honduras está cambiando”.

Particularmente, los transportistas de pasajeros del corredor Tegucigalpa-zona oriental y viceversa, han paralizado sus unidades porque, según afirman, “ya no aguantan tanta extorsión” de la delincuencia común.

Los choferes son amenazados a muerte si no cumplen con la tarifa impuesta por los malvivientes, y ante esa disyuntiva advierten que el paro continuará mientras las fuerzas policiales y militares del Estado no les garanticen seguridad.

Esa realidad se vive en otros corredores del transporte inter departamental y en ciudades como Tegucigalpa, San Pedro Sula, Choloma, Puerto Cortés, Juticalpa, La Ceiba y Tocoa, donde muy a menudo se registran asesinatos de taxistas y de conductores de autobuses.

Lo peor del caso, es que el gobierno de JOHA cuenta con un multimillonario “tasón” de seguridad – del cual no le rinde cuentas a nadie -, y que fue creado para enfrentar la delincuencia, mediante la contratación de elementos policiales, la dotación de patrullas y equipos de radio comunicación.

La mayor parte de integrantes de esos cuerpos represivos del Estado no están al servicio de la población, sino de las cúpulas policiales y militares, de magnates de la empresa privada, diputados, jueces, magistrados, altos funcionarios públicos y del jefe de la narco dictadura.
La ciudadanía está desprotegida tanto en sus casas como en la vía pública, quedando a merced de la delincuencia común y del crimen organizado, que opera libremente en los 112 mil 492 kilómetros cuadrados de la geografía nacional.

A diario, pierden la vida por causa de la violencia en el país, un promedio de doce personas – en su mayoría jóvenes de ambos sexos -, además de las matanzas, que en lo que va del año suman 43, según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (OV-UNAH).

Como vemos, el régimen del señor Hernández Alvarado ha fracasado en todos los indicadores, a excepción de la corrupción y el narcotráfico.

Según estudios de organismos internacionales, la nación hondureña se ubica –desgraciadamente -, en los porcentajes más altos de corrupción y violencia, a nivel mundial.

En corrupción, ocupamos el primer lugar en la subregión, el tercero a nivel del continente americano y uno de los primeros lugares en el orbe.

Solamente en los meses de pandemia de la Covid-19 en 2020, los corruptos del gobierno “cachureco” de JOHA se alzaron con el botín de 3 mil millones de dólares, según lo denunció el hombre fuerte del presidente estadounidense, Joe Biden, el hondureño Ricardo Zúñiga.

La administración demócrata de Biden asegura que combate la corrupción, pero sigue apoyando al régimen de Hernández Alvarado.

Nos imaginamos que ese respaldo obedece a que JOHA es un mandadero leal a los intereses del imperio del norte, aunque sea un enemigo de Honduras y de su empobrecido pueblo.
Honduras, ya no solamente es un puente o corredor del narcotráfico internacional, sino que cultiva la cocaína y la procesa en los laboratorios montados en distintos puntos del territorio.

En otras palabras, somos un narco Estado, donde se procesa la droga, se exporta en cantidades astronómicas al principal mercado mundial –Estados Unidos -, y además se ha extraditado desde 2014 a la fecha, a unos 25 compatriotas, por narcotráfico.

A esa cantidad de connacionales extraditados al coloso del norte, también habría que agregar a los que se han entregado a las autoridades de la Agencia Anti Drogas (DEA) y los capturados al intentar ingresar a ese país, como es el caso de Juan Antonio “Tony” Hernández Alvarado, hermano de quien usurpa el poder en la nación.

Todo este sombrío panorama podría cambiar, a partir del 28 de noviembre de 2021, si los ciudadanos votan en masa, de manera inteligente y con mentalidad histórica, en contra de los nacionalistas que a lo largo de los últimos doce años han degradado al país y a sus habitantes.

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