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La injusticia en Honduras

Por: Juan Alfaro Posadas

La injusticia en Honduras data desde tiempos inmemoriales, pero en los últimos doce años de los gobiernos “cachurecos” de José Porfirio “Pepe” Lobo Sosa y Juan Orlando Hernández Alvarado, la misma se ha vuelto un mal endémico, porque ya nos acostumbramos a convivir con ella.

Todas las instituciones del narco Estado hondureño han sido corroídas por esa carcoma histórica, que nos legaron los españoles desde el descubrimiento de América en 1492, y enseguida con su conquista.

La injusticia, que es hermana de la corrupción, no corresponde a nuestros aborígenes, sino a los conquistadores del viejo continente europeo, que eran delincuentes ambiciosos, contratados por la corona española.

Tradicionalmente, el hondureño ha sido de escasos recursos económicos, pero el país muy rico en recursos naturales, como bosques, minerales, agua, fauna y oxígeno.

El común denominador del “catracho”, se describe como honesto, digno, patriota, pacífico y trabajador, pero los grupos de poder, contagiados con la corrupción inyectada por los conquistadores, palestinos, israelíes, árabes y de otras nacionalidades, enfermaron a casi toda la población.

Hoy en día, la injusticia que va íntimamente ligada a la corrupción, está muy arraigada o generalizada entre la población del país.

En Honduras, ya es común que la inmensa mayoría de politiqueros lleguen a ocupar un cargo público, cubriéndose sus vergüenzas con ambas manos, y cuando salen del poder, son altos potentados o magnates, que se desplazan en carros de lujo, con amantes, cuentas millonarias en dólares y euros, hacendados y con mansiones por doquier.

Un caso evidente, es la familia de Juan Orlando Hernández Alvarado — que no era miserable antes de llegar al poder –, pero tampoco constituían la élite económica y política del país. Sin embargo, en la actualidad el señor Hernández Alvarado está considerado como el hombre más rico de Centroamérica.

Eso, obviamente, es una ofensa a la dignidad del pueblo hondureño, que carece de oportunidades, y que en estos doce últimos años ha sido empobrecido y muchos de los estamentos sociales pasaron a formar parte de la miseria, sin acceso a la salud, a la educación, vivienda y alimentación.

Lo lamentable, es que difícilmente podemos contrarrestar toda esa injusticia, por no contar con una oposición muy bien consolidada, porque a nivel de los llamados líderes de la oposición, han prevalecido los intereses personales y de grupo, por encima de los del pueblo y el país.

A todas luces, continuará la impunidad, gracias a que el proyecto de reelección se está imponiendo.

Todo indica que veremos al señor Hernández Alvarado y su pandilla, lucirse venciendo a Iris Xiomara Castro Sarmiento de Libertad y Refundación (LIBRE), luego que su esposo, el Presidente José Manuel Zelaya Rosales, soñara en convertirse en la única solución para enfrentar y vencer al narco Estado, junto a sus estructuras.

Asimismo, es lamentable que continúe en el poder el tripartidismo (Nacional, Liberal y LIBRE), haciendo maridaje en el Tribunal Superior de Cuentas (TSC), Registro Nacional de las Personas (RNP), Consejo Nacional Electoral (CNE), Tribunal de Justicia Electoral (TJE), Comisión de Política Limpia y Sucia y el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP).
También, habría que sumarle el maridaje en la repartición de chambas en la Corte “Suprema” de “Justicia” y otras estructuras gubernamentales.

Así lo quieren y ya lo tienen previsto los dueños del circo electoral, que nos ofrecen cada cuatro años, con vistas al mantenimiento del statu quo.

Sólo podemos realizar esfuerzos para articularnos o juntarnos, personas y organizaciones conscientes, en torno a las luchas de los sectores populares.

La lucha contra las inconstitucionales Zonas Especiales de “Empleo” y “Desarrollo” Económico (ZEDE) – proyecto perverso de cercenamiento del territorio nacional—, es una excelente oportunidad para forjar la unidad patriótica del pueblo, y dar lo mejor de cada uno de nosotros.

Debemos descubrir y destacar quiénes son los enemigos del pueblo, para atacarlos de frente, procurando la destrucción, su aplastamiento, y que paralelamente, surja una fuerza social patriótica y revolucionaria, que libere definitivamente al país.

Tenemos la fe y firme convicción que todos los politiqueros que cometen injusticias en contra de la nación, más temprano que tarde pagarán con creces todas sus fechorías, porque nadie se va de este mundo, sin pagar la factura pendiente.

Los cambios son permanentes, y éstos se van a dar con nosotros, sin nosotros o contra nosotros, y en ese sentido, veremos desfilar a las multitudes por las grandes alamedas, en señal de liberación, mientras que en una plaza pública serán ajusticiados todos los que, de una u otra forma, le han provocado daños irreversibles a la nación y a sus mejores hijos.

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