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La lista Falciani

(Por Víctor Meza) Todo empezó a mediados de la década anterior, más concretamente entre los años 2006 y 2008, cuando Hervé Falciani, un técnico informático en la sucursal de Ginebra (Suiza) del banco  HSBC, comenzó a recopilar información minuciosa sobre las numerosas cuentas secretas que miles de clientes ricos de todo el mundo mantienen a buen recaudo en las bóvedas de ese banco. El secreto que rodea esas cuentas y transacciones bancarias protege a sus propietarios y les permite evadir los controles fiscales de sus propios países, así como esconder fortunas mal adquiridas o realizar silenciosas y millonarias operaciones mercantiles de dudosa legalidad.

Falciani, harto seguramente de tanta impunidad o simplemente molesto por alguna razón con sus empleadores, comenzó a recopilar nombres, datos de origen, profesiones, nacionalidad y todo aquello que permitiera identificar plenamente a los dueños de las cuentas secretas, reales o potenciales evasores fiscales tanto de países ricos como de países pobres y miserables. Inicialmente trató de entregar esa información a las autoridades suizas pero no fue posible. Acosado judicialmente, huyó hacia Francia en donde corrió igual suerte. Posteriormente buscó refugio en España, en donde logró colaborar con funcionarios del gobierno para identificar a unos cuantos evasores del fisco ibérico.

Una organización no gubernamental (ONG) de periodistas independientes, junto al prestigiado diario francés Le Monde, divulgaron finalmente la lista completa en el mes de febrero del año pasado e hicieron públicos los nombres de miles de cuentahabientes. La conmoción en el mundo de las finanzas internacionales fue de primer orden. Se abrieron investigaciones en varios países europeos, muchas de las cuales concluyeron en sonados procesos judiciales contra los infractores de las normas fiscales. El escándalo fue mayor.

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Y, ahora, como es lógico, surge de manera casi inevitable la siguiente pregunta: ¿estarían nuestras autoridades interesadas en escudriñar más en detalle los pormenores de la Lista Falciani y, previa solicitud de la asistencia legal internacional necesaria, abrir procesos de investigación sobre los compatriotas que, por la razón que sea, han optado por ocultar sus fortunas en las bóvedas de ciertos bancos, tan fríos, cerrados y opacos como lejanos y casi inalcanzables? 

Entre las más de treinta mil cuentas bancarias reveladas, las que juntas reúnen un capital de unos 102 mil millones de dólares y cubren a 203 países, nos interesaron especialmente aquellas cuentas que muchos millonarios de Centroamérica mantienen en secreto. En total, en la Lista Falciani –así se le conoce en el mundo financiero y mediático–  se encontraron 1,366 cuentas por un valor de 2,943 millones de dólares, que pertenecen a los ricos de la región centroamericana.

Y entre todos ellos – ¡Vaya sorpresa! – los afortunados de nuestro país nos colocan en el primer lugar, seguidos de cerca por Nicaragua, o sea que los dos países más pobres de Centroamérica son los que tienen el mayor número de ciudadanos que esconden sus cuentas bancarias en la hermética Suiza. Veamos cómo se distribuyen los lugares de Centroamérica en la lista de los 203 países: Guatemala ocupa la posición 96, El Salvador la 102, Costa Rica la 119, mientras Nicaragua la número 174, sólo superada por Honduras que ostenta el primer lugar con la posición 175.

Los datos contenidos en la Lista elaborada por Hervé Falciani han sido bautizados por la prensa internacional con el nombre de SwissLeaks, en alusión directa a los famosos WikiLeaks que puso en circulación Julián Assange hace algunos años. La información contenida, una vez que ha sido debidamente comprobada su veracidad, ha servido ya en muchos casos para iniciar profundas investigaciones sobre el origen de esos capitales millonarios que buscan el amparo del secreto bancario para evadir el control de los gobiernos y países en donde se han acumulado. Muchos de estos procesos han tenido éxito, logrando el castigo debido contra los evasores fiscales o lavadores internacionales de activos dudosos.

Y, ahora, como es lógico, surge de manera casi inevitable la siguiente pregunta: ¿estarían nuestras autoridades interesadas en escudriñar más en detalle los pormenores de la Lista Falciani y, previa solicitud de la asistencia legal internacional necesaria, abrir procesos de investigación sobre los compatriotas que, por la razón que sea, han optado por ocultar sus fortunas en las bóvedas de ciertos bancos, tan fríos, cerrados y opacos como lejanos y casi inalcanzables?  ¿Podemos los ciudadanos esperar alguna acción de tal naturaleza, en aras de la proclamada transparencia y rendición de cuentas que tanto se mencionan?  ¿Acaso es mucho pedir?

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