La lógica de la oposición

(Por Edmundo Orellana) Distinguido lector: ¿Entiende usted la lógica de la oposición? Formulo la pregunta porque a mí se me hace difícil entenderla.

No entiendo, por ejemplo, que un sector de la oposición dialogue con el gobierno para llegar a acuerdos y, paralelamente, pida la renuncia del gobernante. Si este ha causado tanto daño al país, qué no hay otra opción que su renuncia, lo lógico es sostener una oposición sistemática, no buscar acuerdos políticos con él, que suponen su permanencia en el cargo.

Tampoco entiendo la estrategia del otro sector de la oposición que consiste en crear comandos insurreccionales para hacer efectivo su derecho constitucional a la insurrección, alegando la usurpación del poder por parte del gobernante, cuando, simultáneamente, se reconoce públicamente que se están negociando reformas electorales en el Congreso Nacional, entre las que se destaca la integración de representantes de esas fuerzas políticas en el Tribunal Supremo Electoral, estrategia que se inició con la integración de sus representantes en el Tribunal Superior de Cuentas, la Unidad de Política Limpia y últimamente en el Registro Nacional de las Personas, en el que, curiosamente, se han aliado con el partido gobernante en contra del PL.

En lo único que coinciden las fuerzas políticas de la oposición es en exigir la renuncia del gobernante. La exigen, pero cada uno desde su trinchera; al mismo tiempo, se acusan y descalifican entre sí.

Lo curioso es que el lenguaje que usan en contra del gobernante no tiene la carga de odio ni de agresividad que sí tiene el usado en sus mutuas acusaciones y descalificaciones, que en las redes sociales alcanzan su máximo grado de intensidad con los rabiosos comentarios políticos que postean los iracundos opositores cibernautas en sus cuentas, algunos de ellos, importantes figuras de esos partidos políticos, revelando la deplorable situación de la oposición y la insalvable brecha que se abre -y cada día crece en profundidad y anchura- entre ellos.

Mientras esto ocurre, el gobierno, angustiado por las acusaciones del iracundo presidente de los Estados Unidos, busca el apoyo de Israel, trasladando su embajada a Jerusalén, para apaciguar la ira de aquel orate, esperando que este movimiento diplomático, si bien no le permitirá acceder a los recursos de la Cuenta del Milenio ni de la Alianza para la Prosperidad, pueda servirle para continuar su condición de beneficiario de la cooperación gringa, directa o indirecta; sin embargo, con esta decisión, el gobierno se involucra en un conflicto histórico, religioso y político entre judíos y palestinos que podría colocar el país entre los objetivos del terrorismo internacional.

Israel (que por cierto su primer ministro, Netanyahu, se encuentra lidiando con acusaciones de corrupción que podrían materializarse antes de las elecciones; cuestión esta que podría poner en precario estos acuerdos) es un socio estratégico para el gobernante en su situación actual. Porque le permitirá pertrechar aún más los cuerpos armados, para enfrentar la indignación popular. Seguramente, vendrá más equipo para esos cuerpos, más armas, más tecnología para vigilar a la oposición, más entrenamiento para el uso de la fuerza. Con esta alianza estratégica, pretende calmar a Trump y también fortalecer la parte institucional que todavía le es incondicional.

Se mueve en el campo internacional con la seguridad de que su principal problema es mejorar la imagen de su gobierno en el exterior. La oposición no le preocupa, por eso la ningunea mientras busca en el exterior aliados para bajar la tensión creada por el éxodo de hondureños que huyen de este infierno creado por el gobierno.

Sabe que mientras sigan dispersas las fuerzas de la oposición, acusándose y descalificándose mutuamente, puede aprovecharse de esta circunstancia, permitiéndoles cogobernar mediante la integración de sus representantes en organismos del gobierno y alejar la posibilidad de que se construya una plataforma opositora común, desde la que se fragüen las acciones en contra del gobierno, garantizando su estabilidad por todo el período presidencial.

Pero por si acaso, se prepara con esa alianza estratégica con Israel.

Lleva más de ocho años ejecutando una estrategia que se ha cumplido pese a las circunstancias sobrevinientes, que no han sido pocas ni de poca monta, gracias a que la oposición organizada no ha logrado unirse para enfrentarla.

Y seguramente seguirá ejecutándola por el período en curso y, si la oposición sigue como hasta hoy, la seguirá ejecutando en los períodos presidenciales sucesivos.

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