La mara 128

(Por Lenin Alfaro) El Congreso Nacional de Honduras no ha sido nunca el representante legítimo de la sociedad hondureña, (ni tampoco las demás instituciones públicas) más bien se ha erigido como el leviatán (monstruo de la tradición hebrea) que asola y devora al pueblo (pobres y clase media) pero que enriquece y privilegia a un pequeño grupo de personas (nacionales y extranjeros).

Desde que se instaló la Asamblea Nacional Constituyente en julio de 1980 hasta la presente fecha, no hemos visto cambios significativos en la forma de hacer política (suena a frase trillada) pero es la realidad.

Por cierto los 71 constituyentes de 1980 pertenecían al Partido Liberal (la mayoría) al Partido Nacional y al Partido Innovación y Unidad, que representaban la partidocracia de ese entonces y la de ahora con nuevas incorporaciones y si usted es supersticioso pues le recuerdo que esa Asamblea Nacional se instaló en el mismo edificio que actualmente ocupa el Congreso Nacional, probablemente exista una maldición dentro de esas paredes, quien para saberlo ¿no cree?

Casi cuarenta años han transcurrido desde esa Constituyente, diseñada, planificada e instalada por la voluntad del gobierno gringo desde Washington y felizmente aceptada por el clientelismo político de aquella época y a regañadientes por la todopoderosa institución castrense (Policarpo Paz García ocupaba la presidencia).

Cada acto y su consecuente producto legislativo aprobado por los parlamentarios hondureños, representa un duro y artero golpe a la dignidad y a los intereses colectivos, recordar es vivir reza un anuncio de algún producto transnacional, pero para nosotros como país, recordar es volver a sufrir.

Hagamos un poco de ejercicio mental de algunas fechorías parlamentarias: Aprobación de instalación de bases militares extranjeras y de ejércitos irregulares en territorio nacional; compra de innecesarios aviones supersónicos de guerra F-5; aprobación de dispensas del pago de impuestos a la importación de vehículos para los mismos diputados; destrucción de la reforma agraria, con la Ley de modernización agrícola; condonación de deudas a políticos, amigos y parientes; reparto entre correligionarios y patrocinadores del: oro, la plata, bosques, carbón, telefonía, electricidad, aeropuertos, loterías, playas, puertos, carreteras y un largo etcétera; transformación del estado unitario en ciudades modelo; aprobación de todo tipo de contratos leoninos a los intereses nacionales; borrón y cuenta nueva para los ricos y mañosos morosos de la ENEE; destrucción de los avances en derechos laborales, con la Ley del empleo por hora; privatización de la educación y de la salud pública.

«Las revoluciones se producen, generalmente, en los callejones sin salida»: Bertolt Brecht.

La lista podría seguir y seguir, pero mi intención solo es hacer algo de memoria y reflexionar sobre lo peligrosa que es la clase política organizada en nuestro país y en particular lo infame del Poder Legislativo, hace algunos años desde un espacio televisivo, del cual tuve la suerte de ser copresentador y cuyo objetivo era la construcción del pensamiento crítico y la reflexión sobre asuntos de interés nacional, se me ocurrió a manera de broma, nombrar al Parlamento hondureño “la mara 128 “ creo que es innecesaria una explicación del porqué de tal ocurrencia.

Y lo último que se les acaba de ocurrir a los “padres de la patria» y eso que estamos en los tiempos de la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH) pues nada menos y nada más que: los delitos contra los bienes y recursos del Estado (robo, hurto, abuso de poder, defraudación, malversación, estafa) cometidos por funcionarios (politiqueros, activistas, testaferros) tendrán penas mínimas de prisión que podrán ser conmutables por el pago de una caución o sea que esos delitos serán a partir de ahora, FIABLES.

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