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Las Fuerzas Armadas traidoras a la Patria deben desaparecer

Por: Juan Alfaro Posadas

El paladín de la unión centroamericana, general de generales José Francisco Morazán Quezada, constituyó el denominado Ejército Aliado Protector de la Ley, con ciudadanos humildes pero probos, oriundos de El Salvador y hondureños de Texiguat y Yauyupe.

Era un Ejército de voluntarios, dispuestos a perder su vida en la defensa de la Patria, y no como los militares conservadores de hoy en día que defienden intereses oscuros de grupos pudientes del país y extranjeros, y pisotean la dignidad del soberano.

Las milicias de Morazán Quezada tenían formación política e ideológica y mantenían un amor por la tierra que los vio nacer, en cambio en la actualidad son mercenarios, ligados al narcotráfico, violadores de la Constitución de la República y las leyes, irrespetuosos de los derechos humanos y corruptos.

Asimismo, se caracterizan por asesinar al pueblo – de cuyas raíces provienen – a cambio de proteger los intereses de los grupos fácticos y económicos que se roban las riquezas nacionales.

También los “chafarotes” actuales – como también se les conoce – se especializan en dar golpes de Estado, proteger narco dictaduras, y últimamente en avalar la segregación del territorio nacional, con la instalación de las mal llamadas Zonas Económicas de “Desarrollo” (ZEDE), que no son más que refugio de delincuentes lavadores de activos.

Estos “chafas” son traidores a la Patria porque permiten que se viole la Constitución de la República y la soberanía nacional, que reside en el pueblo.

Son dóciles a los caprichos egoístas e ilegales de las élites, y verdugos para los hondureños que luchan en las calles por sus derechos, enmarcados en la norma de normas.

No nos olvidamos del asesinato del adolescente Isis Oved Murillo, perpetrado por militares la tarde del 5 de julio de 2009, en las afueras del aeropuerto internacional de Toncontin, cuando decenas de miles de hondureños esperábamos el arribo del avión que transportaba al defenestrado Presidente, José Manuel “Mel” Zelaya Rosales.

El mandatario destituido, procedente de Sudamérica, era acompañado por la Presidente de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner; y del entonces secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, entre otros.

Además, recordamos la inmolación de más de 42 jóvenes, de parte de los mílites hondureños, cuando protestaban en diciembre de 2017 y principios de 2018, por el fraude electoral a favor de Juan Orlando Hernández Alvarado, que le permitió quedarse en el poder para un segundo mandato.

Hernández Alvarado se postuló como candidato presidencial por el Partido Nacional en los comicios del último domingo de noviembre de 2017, al margen de la Constitución, y los hombres de uniforme avalaron esa violación a la ley primaria.

Como se ve, los integrantes de las Fuerzas Armadas son parásitos, que lejos de beneficiar al país y al pueblo, representan un gasto y estorbo para el desarrollo, la paz y la tranquilidad social.

Lo más saludable es que desaparezcan, porque aquí no sucedería nada extraordinario sin la existencia de ellos. Aparte del peligro que representan para la sociedad, son un gasto innecesario.

Su abultado presupuesto podríamos invertirlo en salud, educación, agricultura y en cruzar el país de carreteras para mejorar las condiciones actuales.

Ahí cerca, en Centroamérica, tenemos el ejemplo vivo de Costa Rica y Panamá que extinguieron sus fuerzas armadas, y montaron una policía profesional, eficiente, comunitaria y respetuosa de los derechos humanos.

Además, en Honduras no estamos en guerra con ningún país vecino. La única guerra que tenemos que librar y ganar es la de la injusticia social, del analfabetismo, corrupción y narcotráfico, entre otros lastres que nos golpean desde tiempos inmemoriales.

El artículo 3 de la Constitución de la República nos da el derecho a la insurrección, cuando un gobierno pone en peligro la soberanía en integridad territorial, como en el momento actual que los narco cachurecos venden el país a pedazos, con el beneplácito de los militares.

Al respecto, el general de generales, José Francisco Morazán Quezada, escribió en 1830, cuando era Presidente de la Federación de Provincias de Centroamérica, con vigencia hoy en día, el siguiente texto, que debemos hacer valer:

“Si todas las autoridades faltan a su obligación, la libertad peligra y los que componen la sociedad se hallan en el caso de recobrar la facultad que delegaron en los que han abusado del poder”.

No nos queda otro camino, que inspirarnos en nuestro prócer, para hacer prevalecer esos principios. Él nos legó su valentía y la guía, para que accionemos defendiendo lo nuestro, que “no está en venta, ni en alquiler”.

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