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Las hamburguesas también se pueden comer con máscaras

(Por Martha Ynestroza) Estamos en Mayo, el quinto mes del 2020, en confinamiento desde hace tres meses, desde la ciudad de Oporto, en Portugal.

Ya se han retirado las alertas rojas y ha comenzado la circulación de personas, con restrictiva distancia, y con la mascarilla como saludo de un recordatorio, que hoy por hoy, los soldados de primer rango, y en primeras filas, hoy muchos de ellos como los que salieron y se expusieron al contagio, y los muchos otros más que se contagiaron, con un total de casos registrados de 1.369.964 contagiados y 82.387 muertes.

Hoy al escuchar testimonios, los dictámenes de la OMS, y de los sectores de salud, como siempre la vanguardia y la tecnología quieren hacer del presente infeccioso, un nuevo amanecer para olvidar de alguna forma el colapso que potencias como EE.UU. no imaginaron, y que de alguna forma, ya existen muchas dudas y elucubraciones.

Hoy todos sabemos que es un virus letal, y que de sus mutaciones congruentes, como muta la economía, la historia, las guerras, las familias y el amor… Es solo un nuevo estilo impuesto, por pequeñas moléculas que contienen rasgos de ADN muy potentes para hacer estragos en la sociedad, aunque de algún modo le ha hecho el lado fuerte y potencial a la naturaleza, y es que las contradicciones de lo que hacemos en el planeta y los agravios de ese ego prodigioso que es lapidante como la pandemia, porque no podemos asociar quiénes realmente tienen la razón, quién obra mal y quien no, no basta rezar, no basta hablar de Lenin o de Marx, no basta ser de derecha extrema ni del partido popular de España, o de la logia masónica, no basta ser un hipócrita religioso, o un vegano que compra rutinariamente avena en plástico cada tres días , y que por ende “cuida del planeta” o cuida el cambio que sufren las tierras por comer carne de animales en mano factura.

Nápoles, Italia. En medio de las tragedias, un pueblo cantando y siendo forte, stronger, fort, stark, voimakas, fuerte.

Para no olvidar que en medio de las guerras o pandemias, la fuerza y el coraje son esenciales; la sobrevivencia y la fortaleza mental.

Una pandemia puede descalabrar el argumento científico, de muchos sociólogos y politólogos que hoy harán estrategias socioeconómicas y de acusaciones de quien tiene la verdad y no, no basta ser feminista en la pandemia, y no se vale la demagogia ridícula y contraproducente que ya muchos payasos de diferentes países, quieren sacar ventaja de esta situación, fuera del paréntesis normal de su vocación como ladrones figurados para ayudar la “patria”.

Pero en medio de todo, se agradece en sobremanera los reales episodios de solidaridad, todo es un estira y se encoge, aquí por ejemplo hablaron de no pagar las rentas y la luz y el agua, entonces al final, son absurdas noticias propagandistas y grupos populistas que manifiestan estar en favor de la tragedia, de este virus, pero al final, China, trae las máscaras , el gel antibacterial y los guantes de látex, por tanto, estamos observando de manera irreal y real, que por ejemplo ahora los psicólogos tendrán más trabajo y lo harán real, mucha gente que ya estaba afectada por la cotidianidad y la monotonía del capital o de la miseria que puede ser la vida para muchos, la naturaleza no nos agradece…

Deberíamos agradecer que la naturaleza hoy, para que no muramos de go que es en una hipótesis sencilla, y de cordón conectivo más cercano ante la historia del Covid19, que si es una parábola relacionada con zoonosis, estamos entonces tras la fiebre del humano, de querer poseer siempre todo, riquezas, armas, personas –en el sentido de usar a las personas como su mejor fuente para desarrollar la riqueza y bacterias.

En fin este mercado en Wuhan que venden, animales vivos, sin tener bioseguridad, del producto que se vende, donde está la China protectora de animales y del medio ambiente ante esta venta inverosímil, de que ya en el pasado hay estadísticas, pruebas absolutas de una epidemia que se originó, en el mismo mercado, pero como existen tantas dudas y trabajo que hacer, ante esta nueva amenaza mundial, y que hoy por hoy se desatan otras teorías , de complot; pero desde lo más razonable y lo más ecuánime ante lo sucedido desde el año pasado, nos queda vigente que las formas del humano ante la sociedad y sus demandas “legales” alimentarias y de índole sanitario aun hoy en el siglo XXI, estamos aprendiendo, y viendo que la tecnología de China y todas las normativas verdes y de salubridad están en pañales…

Que aun hoy pueden estallar nuevas mutaciones, incluyendo de personajes en la historia que hicieron estragos, es que todo muta, incluso el amor en tiempos de pandemia tiene sabor a algodón empaquetado, porque no hay que tener contacto físico… Pero con certeza habrán mas bebés naciendo en diciembre y enero próximo, porque aun así el confinamiento, sus reglas y los 7 pecados capitales van de la mano, y es muy probable que aun hoy con las muertes en y por dentro de la tierra que vamos a pisar día con día, estar confinados , no ha sido motivo de reflexión para muchos y muchas, solo un tiempo para ganar peso, para tener la líbido a tope por las redes, y para engrandecer un poco el nombre, y lo “mucho que sabemos” y lo bastante que debemos aprender; a muchos les parece salvar el mundo, escribiendo en periódicos, en redes , y es que es importante la difusión, responsable de un encuentro con nosotros mismos, como individuos en la sociedad, para mejorar o tratar de cambiar hábitos sucios y egoístas, pero ¿realmente el confinamiento nos dejó esto? Porque miro las playas y las calles, y la gente se toma el momento como ¡llegó el verano, me mojo y me emborracho! olvidamos muy pronto lo que acontece, ya no tenemos una referencia profunda, para preguntarnos que estamos haciendo mal…

Pero las incongruencias, se atrapan en lo cotidiano, ponerle gas al automóvil, hablar la misma perorata del día, trabajar, claro esto es normal, llegar a la normalidad; pero cuál es esa normalidad, que nos lleva a tener este tipo de tragedias sin explicación y sin la lección.

Paris, confinamiento, marzo de 2020.

Es que hay que decirlo, casi nadie lo esperaba… Pero nos vamos acomodar fácilmente a tomar la cena, el café de las 3:00, las cervezas que comienzan el fin de semana, y preparar nuestra economía para singulares cosas del comercio común, y entonces ¿cuál es la lección? Fantasear con un concierto, para apoyar algunas personas, y escribir una canción del coronavirus, o se hace un ciclo de conferencias, para darnos las palmaditas de siempre en la espalda, diciendo, que fenomenal reflexión, que cerebro más maravilloso, y luego nos fumamos tres cajas de cigarro hablando de lo mucho que aprendimos de confinamiento…

Me preocupan todas las personas vulnerables a los gobiernos, que les abandonan y que el hambre mata y la desigualdad también.

Por eso, usemos máscaras, pero sobre todo usemos la conciencia la memoria de lo doloroso que es perder amigos o seres queridos y, de cuidar la naturaleza y de cuidar de no ser tan egoístas esto mata y mucho.

Portugal, abril de 2020.

*Hondureña residente en Oporto, Portugal. 

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