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Las redes de poder e impunidad

(Por Joaquín Mejia) Los graves casos de corrupción destapados por el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), la Unidad Fiscal Especial contra la Corrupción y la Impunidad (UFECIC) del Ministerio Público y la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), apenas son una muestra de la pudrición de nuestro sistema político y de la inoperancia del sistema de rendición de cuentas y de justicia para acabar con el cáncer de la corrupción.

Las denuncias presentadas por el CNA, la UFECIC y la MACCIH hablan de millones y millones de lempiras que fueron a parar a las cuentas bancarias personales de una clase política cuya forma de vida ha sido la corrupción, las coimas, el hurto, la apropiación de lo público y el manejo antojadizo del Estado y sus instituciones como su finca particular.

Como lo señala Marvin Barahona, investigador principal del estudio del ERIC-SJ, “Elites, redes de poder y régimen político en Honduras”, las consecuencias de ello “han sido graves para el Estado y la población, en una proporción que los estudios actuales no han podido cuantificar en su totalidad, reduciéndose a la calificación de Honduras como ‘Estado fallido’, ‘Narco-Estado’ o ‘Estado corrupto’”.

Todo ello ha generado, por un lado, una “elevada concentración de recursos económicos y financieros en un reducido número de familias y grupos”; y, por otro, se ha producido “una población que se encuentra mayoritariamente bajo la línea de la pobreza, sometida a un control social y político casi absoluto”, y prácticamente abandonada por el Estado en lo que respecta al desarrollo social.

Debemos reconocer que si no fuera por el CNA, la UFECIC y la MACCIH, los corruptos continuarían viviendo en un paraíso de total impunidad y no conoceríamos cómo algunos robos millonarios como el del Instituto Hondureño de Seguridad Social representan la enorme olla de corrupción con la que se alimentan los cerdos que son presentados por los grandes medios de comunicación como personas honorables.

Gracias a las investigaciones de estos tres organismos el régimen que representa Juan Orlando Hernández se encuentra vulnerable y débil; sin embargo, su fortaleza radica en la debilidad de la oposición política y ciudadana que aún no logra articular un movimiento social que tome las calles democráticamente y exija una limpieza radical de las instituciones y una profunda reforma del Estado.

Es ahora o nunca, o dejamos que la clase política corrupta se fortalezca y salga bien librada de esta crisis, o demostramos el amor a Honduras a través del apoyo ciudadano masivo al CNA, la UFECIC y la MACCIH, que lideran una batalla desigual contra el monstruo de dos cabezas de la corrupción y la impunidad.

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