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Los actores del proceso electoral

(Por Edmundo Orellana) El presidente-candidato es un actor forzado en esta puesta de escena electoral. No está incluido en el guión original; es más, está prohibida su participación. Sin embargo, se coló. Para lograrlo, atropelló brutalmente la Constitución y el Estado de Derecho. Destituyó a los magistrados de la Sala de lo Constitucional y los sustituyó con gente de su confianza, quienes, obedeciendo dócilmente sus órdenes, declararon inconstitucional la prohibición de la reelección; en otras palabras, declararon inconstitucional la Constitución (?). Y el TSE, con argumentos de juzgado de paz, autorizó la candidatura.

Ambas decisiones constituyen delito de Traición a la Patria. Porque no violan la Constitución, simplemente. Atentan contra la patria. Ese sentimiento de arraigo a una comunidad, cuyos valores y principios compartidos se desarrollan en reglas a las que todos acuerdan someterse, reconociendo las instituciones responsables de hacerlas cumplir. El Principio de Alternabilidad en el ejercicio de la presidencia es, en nuestra historia constitucional, el más importante de todos los que informa nuestro sistema político-jurídico, por lo que nuestros constituyentes decidieron tipificar su violación como delito de Traición a la Patria.

El presidente, por su parte, violó el juramento que prestó al tomar posesión del cargo, porque aceptó ser candidato a la presidencia, transgrediendo alegremente el Principio de la Alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia, del que se deriva la prohibición de la reelección, contenidos, ambos, en “artículos pétreos”, expresión con la que se quiere indicar que no pueden ser reformados “en ningún caso”.

El presidente, además, fue irrespetuoso con el pueblo, porque, en lugar de consultarlo sobre la reelección, siendo que en este reside la soberanía, decidió, en clara demostración de su desprecio a la democracia, acudir a la Sala de lo Constitucional, a sabiendas de que carece de potestad para reformar la Constitución y de que los “artículos pétreos” solo vía consulta popular pueden reformarse.

Este es el momento de plantearse: ¿Es confiable quien viola un juramento? ¿Quién nos garantiza que no volverá a violarlo? ¿Merece el voto del pueblo quien se niega a consultarlo? ¿Y si decide quedarse para siempre en el poder?

El candidato de la Alianza se ha forjado en la exposición mediática, luego de 4 décadas de ser el rostro más visible de la TV. Es, pues, un actor profesional, acostumbrado al plató, pero inexperto en política, lo que aprovechó el gobierno para despojarlo ilegalmente de su partido, sin que haya opuesto suficiente resistencia por la oferta de LIBRE, de cederle la candidatura. Decisión que desestabilizó totalmente a sus compañeros de partido, quienes vagan por las planillas de la Alianza, no sin provocar conflictos con los de LIBRE. La Alianza no es, pues, de partidos. Se trata de un “tótum revolútum” -en el que ni siquiera Mel ha logrado poner orden- a cuya cabeza se encuentra un “cajón de sastre”, en el que se mezclan ideas de todo tipo, las que se eyectan sin control hacia todas las direcciones, hasta contra la Alianza, entre cuyos candidatos hay quienes lo adversan.

El Partido Liberal emerge de lo más profundo de la devastación que produjo el golpe de Estado del 2009 y del que muchos apostaban no saldría jamás. Hoy, las encuestas no comerciales nos indican que su candidato, Luis Zelaya ha superado a los demás candidatos en la intención de voto del hondureño, con el menor porcentaje de opinión desfavorable, pese a ser el único actor nuevo en la contienda electoral y el, hasta hace poco, desconocido totalmente en el ambiente político.

El éxito de su candidatura se debe, exclusivamente, a su perseverancia, firmeza, coherencia, honestidad y enfoque. Ha sabido interpretar los anhelos del hondureño y ha avanzado en propuestas congruentes con sus reclamos. Aborda los problemas con la autoridad que da el conocimiento científico y técnico y ofrece soluciones pragmáticas, extraídas de la experiencia, nacional e internacional. Está concentrado en su objetivo, sin permitirse distracciones. Además, viene acompañado del prestigio de la academia, del éxito profesional y de una transparente e impecable vida personal y familiar. Y siendo el que tiene menos opinión desfavorable de todos los candidatos, es el más atractivo para el votante indeciso o independiente.

La gravedad de nuestros problemas nos exige asistir masivamente a las urnas. No a votar, simplemente. Sino a escoger responsablemente entre todas las opciones. Se trata, pues, de elegir, a quien nos garantice reconstruir el Estado de Derecho y la seguridad jurídica, atender nuestras necesidades, superar nuestras carencias y elevarnos a planos de dignidad nacional. Perfil al que responde, inequívocamente, el candidato Luis Zelaya.

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