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miércoles, julio 6, 2022
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Coyolito: Los controvertidos «vecinos» del presidente Hernández

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TEGUCIGALPA, HONDURAS

En el famoso «club de Coyolito¨ ubicado en las sureñas costas del Golfo de Fonseca, mar Pacífico hondureño, emergen de forma imponente lujosas residencias de veraneo de reconocidos empresarios y politicos criollos de la oligarquía nacional y tiene como uno de sus nuevos inquilinos al presidente Juan Orlando Hernández.

El actual jefe de Estado un político llegado a la capital desde el empobrecido departamento occidental de Lempira; se acostumbró rápidamente a los lujos que ofrece el oropel del poder.

El sur encantado como, le dicen algunos poderosos, lo atrapó con el anzuelo de la codicia de formar parte de este selecto grupo de ricos, formado también por expresidentes y uno que otro extranjero que se deleitan con los bellos atardeceres del lugar, el canto de las aves marinas y atravesar el golfo de Fonseca en lancha o en motos acuáticas.

El gobernante considerado como el más ostentoso que ha llegado a la silla presidencial. Sin pensarlo tanto, le compro la mansión de playa al expresidente Rafael Leonardo Callejas (extraditado a EE.UU. por corrupción), para tal fin usó como testaferro a Jonathan Shasher, un joven cuadro de confianza, al que ha beneficiado con varios negocios en el Estado, entre ellos, la renta de edificios y hasta la posible elaboración de las nuevas tarjetas de identidad que ya caducaron.

Callejas, quien asegura que la propiedad la obtuvo mediante una donación que le hizo un empresario a su esposa (Norma Regina Gaborit). En ese entonces primera dama de Honduras, registró la venta de su lujosa mansión en Choluteca y no en el departamento de Valle, donde está ubicada la playa de Coyolito paradisíaco lugar ubicado en la isla de Zacate Grande, a unos 138 kilómetros de la capital.

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Shasher realizó la compra para evitar que la población criticara estas suntuosas compras del actual mandatario que ahora no oculta sus excesos y abusos para adquirir un lujoso avión y helicópteros para uso personal y viajes de placer ,así como la compra de mansiones en en lujoso complejo residencial de Monterra, en Miami, para él y su esposa.

«Están vendiendo la isla…y se rumorea que muchas ‘poporoilas’ (personalidades) están comprando terrenos porque saben que en varios años esto valdrá mucho», sostuvo la comerciante de la zona Claudia Alemán.

Otro pescador que pidió el anonimato, dijo «aquí nadie da información sobre los compradores de terrenos,dicen que es por seguridad».

En el «Club de Coyolito» hay enormes fortalezas en cuyo interior se organizan bodas, fiestas, agasajos, se reciben comitivas extranjeras y hasta se conspira políticamente y la seguridad con la llegada de Juan Orlando, se ha incrementado.

Es frecuente escuchar el ruido de los tres helicópteros que lo llevan hasta este encantador paraje natural a departir con sus familiares y cercanas amistades.

Otro paraíso natural que sedujo al gobernante -autodenominado «indómito»- es la isla «La guayaba dorada» que posee amplias playas, una cálida arena, fauna marina y penetrantes rayos solares que dibujan lindos atardeceres, es una joya en el golfo.

Revelan algunas fuentes que esa extensión fue adquirida por el mandatario que la obtuvo de manos del empresario Marco Tulio Gutiérrez y se desconoce el monto o transacción.

IMG-20160707-WA0014-221x300Gutiérrez, padre de la vicepresidenta del Legislativo Lena Gutiérrez, ambos implicados en el escándalo del saqueo del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) manejaron por muchos años esta isla e incluso era frecuentada por turistas que descansan durante Semana Santa, los que tenían que pagar por ingresar al sitio.

Con este tren de vida, se revela cómo vive el mandatario en una de las naciones más pobres y violentas del mundo. A JOH le gusta el buen vestir, llevar una vida decorosa y de placer, llena su experiencia de gobernante con muchos viajes y con una visión muy clara que «La guayaba» (como le dicen a las prebendas reservadas exclusivamente para altos funcionarios) es para disfrutarlo.

Al margen que la reelección presidencial se dé o no, el presidente ya tiene su cupo en el encriptado «Club de Coyolito», donde se determinan las medidas económicas, el futuro político y social de Honduras y también se conspira para botar presidentes que promuevan reformas.

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