Mal presagio

(Por Edmundo Orellana) La renuncia del doctor Luiz Guimarães Marrey es un acontecimiento importante por la proximidad del vencimiento del convenio de la MACCIH.

Atacada por todos, incluso hasta por aquellos que dicen luchar en contra de la corrupción, con la excusa de que no ha hecho lo suficiente, y por muy pocos defendida, la encuentra el proceso de negociaciones para la renovación de su convenio constitutivo o su cancelación.

Vino porque el pueblo exigió, en las calles, su presencia. Sin embargo, no vino a combatir la corrupción ni la impunidad, sino a contribuir con el MP y el Poder Judicial para dotarlos de capacidades para enfrentar esa lucha, lo que no ha quedado muy claro entre la población que está convencida que a la MACCIH compete investigar delitos de corrupción y presentar acusaciones.

Es tanta la impunidad y tan colosal el saqueo de los recursos públicos que nada de lo que se haga será suficiente para el pueblo hondureño, consciente de que su precaria situación se debe al sistemático latrocinio al que ha sido sometido el Estado, favorecido por la cultura de impunidad, forjada desde el poder político que logró retorcer el sistema de justicia, que, de productor de seguridad jurídica, pasó a ser surtidor de impunidad.

En estas condiciones, es muy difícil que se valoren positivamente los avances en esta materia, que no son pocos.

Pero, justamente por ello, lo hecho es extraordinario. Lograr introducir en este sistema, sin que fuera percibido por esas élites corruptas, los gérmenes de su destrucción, es un logro asombroso de la MACCIH. Porque eso han sido la UFECIC y los tribunales anticorrupción, que, con sus ejecutorias, tienen en pánico a esas élites corruptas.

Puso al descubierto las redes de corrupción que tienen atrapado al Estado. Son redes integradas por políticos, empresarios, líderes gremiales, organizaciones de la sociedad civil y hasta iglesias. Entre todos se reparten el presupuesto: algunos con la cuchara grande y otros se conforman con migajas, pero todos se aprovechan, mientras los servicios de salud, educación, seguridad y demás, a duras penas se prestan.

Descubrió también que las campañas electorales no se financian con la deuda política, sino con el presupuesto de las instituciones estatales. El IHSS, Pandora y muchos casos más, son pruebas terribles. Si roban para llegar al cargo, en el cargo robarán también.

Nadie escapa de las investigaciones de la UFECIC. Altos funcionarios del Estado y sus parientes son investigados y procesados. Hasta el diputado presidente, según ha trascendido, es objeto de investigación.

La MACCIH logró dotar de independencia a una parte del sistema de justicia. No hay duda de que UFECIC y los juzgados anticorrupción han demostrado su independencia del poder político y de la jerarquía institucional. En el caso de los tribunales anticorrupción lo prueba el hecho de que su comportamiento ha puesto en evidencia la dudosa conducta que, en la mayoría de los casos, exhiben los tribunales de excepción que integra la Corte Suprema de Justicia para conocer los delitos cometidos por los altos funcionarios del Estado. Lo dijo El Libertador: “La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos”.

Sin duda, constituye un peligro real para la estabilidad y permanencia de las redes de corrupción, interesadas en hacer cuanto sea necesario para eliminar ese binomio.

En estas condiciones se va el doctor Luiz Guimarães Marrey. Cualesquiera que sean sus razones y por justificadas que sean, la MACCIH resentirá los efectos de su renuncia, que enfrentará, por ello, debilitadas las negociaciones de la renovación del convenio.

El comunicado de la embajada estadounidense, carente de la contundencia del emitido a favor de la CREE, evidencia que las élites corruptas, si bien no tienen fuerza suficiente para evitar la renovación del convenio, sí la tienen para disminuir las facultades de la MACCIH. Lo que ocurre en la región y en Venezuela, ofrece esa posibilidad, puesto que el gobierno es, en este contexto, una pieza imprescindible del ajedrez político trumpiano.

Resulta, sin embargo, que la estabilidad del gobierno está más amenazada por las investigaciones del binomio MACCIH- UFECIC, que por las acciones de la oposición. De ahí, que a los gringos no les interese defenderlo con entusiasmo. Tampoco hay indicios de que interese a la OEA. Es, pues, obligación nuestra “hacer lo que tengamos que hacer” para evitar que las élites corruptas, aprovechándose de la complacencia gringa con el gobierno, conviertan a la MACCIH en una pieza decorativa del sistema de justicia y a la UFECIC y a los tribunales anticorrupción, en inocuos mecanismos de este sistema.

Y usted, distinguido lector, ¿qué opina?

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