Metamorfosis

(Por Lenin Túpac Alfaro)  “Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados”, afirma Mark Twain.

A propósito he querido empezar este artículo, con un pensamiento bastante oportuno, del escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910) para intentar poner en perspectiva el ciclo de la política y sus complejidades en Honduras.

No intento de ninguna manera escribir un ensayo histórico antropológico de la sociedad hondureña, procuraré señalar algunas situaciones que desde mi punto de vista y particular entender nos mantienen como colectivo, inmersos en un círculo vicioso de mediocridad, degeneración, atraso, canibalismo y zombificación social.

Seguramente, usted, que está leyendo esta columna ya tiene una respuesta determinista a estos largos prolegómenos y concluyó: Que sucesos del pasado (explotación y saqueo) determinaron el presente (pobreza y subdesarrollo).

Sin embargo, en una especie de orfandad del inconsciente colectivo; no hemos sido capaces de traspasar naturalmente y por propio pie, el umbral de la decadencia y la miseria, secuaces del establishment (conjunto de dirigentes o personas que tienen el poder) y sus crímenes. Enajenados y en absoluta irresponsabilidad, dejamos hacer y dejamos pasar.

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Dócilmente asumimos el rol de ‘borregomatrix’ (por antonomasia, un seguidor a ciegas de líderes y un siervo fiel y obediente del sistema).-Cínicamente nos rebajamos y de hinojos cobardemente buscamos predicamento en la sacrosanta troika: Clientelismo-caudillismo-populismo.

Los líderes populistas han encontrado en nuestro pobre y escaso pensamiento crítico el caldo de cultivo perfecto para reproducirse y autoproclamarse redentores de los humildes y desamparados. Por “comodidad” rechazamos la doctrina, las ideas, las enseñanzas teóricas.

Con dedo acusador a la ideología hemos vilipendiado, alejados de la razón y el método científico, buscamos consuelo en los representantes de la partidocracia (aleluyas, barbie dolls, sportsmen, modelos fitness, mimos y payasos, faranduleros y otras yerbas) que sin contenido ni principios, son ofertados a granel por el marketing político.

Colaboradores obtusos de nuestros propios verdugos, hemos renunciado a la estrategia y priorizando la táctica; en desigual combate nos sometemos a la metodología de la borregocracia, representada, promovida, controlada y repartida por los capataces de los intereses del capital y su mercado de cosas.

Paradójicamente y cual acto de magia digno del mejor prestidigitador, pasamos de engañados a engañadores, de víctimas a cómplices y en un amanecer cualquiera, como en versión The walking dead del Gregorio Samsa de Kafka, nos convertiremos en un bicho grotesco y seremos capaces de comernos a nosotros mismos y acto seguido comenzar de nuevo; de engañados a engañadores… y así hasta el tiempo del no tiempo.

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