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México desmiente a “mitómano” Juan Orlando Hernández Alvarado

Por: Juan Alfaro Posadas

El gobierno de México a través del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, desmintió ayer a Juan Orlando Hernández Alvarado (JOHA), luego que éste afirmase que se recibieron 100 mil vacunas de la nación azteca, en calidad de donación.

“México no ha realizado ninguna donación de vacunas contra la Covid-19 a Honduras”, precisó López-Gatell.

El funcionario admitió que Honduras al igual que otros países que tienen dificultades para acceder al antídoto, solicitaron donaciones a la nación del norte por la vía diplomática, pero que a ninguno se le ha respondido positivamente.

Como se ve, Hernández Alvarado es un “mitómano”, irresponsable, imprudente e irrespetuoso que pone en una posición vergonzosa al país y al pueblo hondureño ante la comunidad internacional.

Este señor – que padece una inclinación patológica a fabular-, constantemente falta a la verdad, porque está consciente que una mentira pronunciada públicamente miles de veces, muchas personas la terminan creyendo, sobre todo, las analfabetas.

Sin embargo, con las nuevas tecnologías, internet y las redes sociales, rápidamente desenmascaramos a quien o quienes tratan de engañar a la población, como es el caso del señor Hernández Alvarado.

JOHA debe saber que ya no estamos en la época del telégrafo, que las personas se enteraban de los hechos hasta que llegaba el telegrama con el mensaje sintetizado en cinco palabras. Hoy en día, nos damos cuenta de los acontecimientos en el mismo momento en que éstos se producen, independientemente del sitio en que nos encontremos.

La pandemia que golpea al país desde marzo de 2020 desenmascaró al señor Hernández Alvarado y a sus más cercanos colaboradores, en el sentido que no les importa en absoluto la vida de los hondureños.

La planificación previo a la pandemia, no fue para preservar las vidas, atacando la Covid-19, sino para robar, robar y robar a más no poder. El claro ejemplo está en la “compra de los hospitales móviles” (basura), donde se embolsaron 48 millones de dólares, con la complicidad del delincuente Axel Gamaliel López Guzmán, de quien ahora se solicita su extradición.

Aparte de los hospitales móviles (chatarra), también se defraudó al fisco en la compra de ventiladores mecánicos, mascarillas, gel de manos a base de alcohol al 70 por ciento, percoladoras y otros insumos.

Por la comisión de esos delitos, solamente guardan prisión Marco Antonio Bográn Corrales (sobrino de Arturo Corrales Alvarez) y Alex Alberto Moraes Girón, considerados como sardinas en esos actos de corrupción, en comparación con los peces gordos que se cubren con el manto de la impunidad.

Estamos seguros que en un país serio, con institucionalidad, y donde se cumplan las leyes, a estas alturas de la pandemia Hernández Alvarado ya no estuviera en el cargo que usurpa, sino en la cárcel, condenado por delitos de lesa humanidad, traición a la patria, corrupción y vínculos con el narcotráfico.

También, ya se le hubiesen congelado sus cuentas bancarias dentro y fuera del país, y asegurado sus bienes, pero lamentablemente eso no ocurre, porque el Ministerio Público no cumple con sus funciones en defensa de los intereses generales de la sociedad. Tampoco contamos con un poder Judicial independiente, donde jueces y magistrados probos impartan justicia gratuitamente, de manera imparcial, haciéndole honor a la diosa Temis.
Como a Juan Orlando Hernández Alvarado nunca le ha interesado la salud y bienestar del pueblo, por eso mismo no compra vacunas anti Covid-19. Ese presupuesto prefiere desviarlo hacia cuentas particulares o para la campaña política de su partido, con vistas a las elecciones generales de noviembre de este año.

Para él es normal extender las manos, como mendigo, ante la comunidad internacional para que nos obsequien vacunas, exponiéndonos como pueblo indigno, pordiosero y país miserable.

Los falsos pretextos que viene esgrimiendo junto a su círculo de colaboradores, es que los países grandes, por el poder político y económico, acapararon las vacunas, dejando a los subdesarrollados y dependientes como el nuestro, sin ese fármaco.

Sin ir muy largo, aquí en Centroamérica, le ponemos de ejemplo a El Salvador que supo planificar la adquisición del antídoto, y a estas alturas ya vacunó a más de dos millones de sus habitantes, equivalentes a un 37 por ciento de la población, en cambio en Honduras no hemos inmunizado ni al 2 por ciento de los compatriotas, con la primera dosis.

Y lo admirable del Presidente de El Salvador, Nayib Bukele, es que nos ha donado 78 mil vacunas, beneficiando a trece municipios, que así se lo solicitaron a través de sus alcaldes.

En conclusión, JOHA es una vergüenza en todo sentido. Lo ideal sería que este señor abandone la Casa de Gobierno, en el menor tiempo posible, para salud de Honduras y de su empobrecido, angustiado y vilipendiado pueblo.

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