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Mientras JOH construye cárceles a granel, reos son atendidos en misérrimas clínicas

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

Mientras el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, se jacta de modernizar el sistema penitenciario con la edificación de las cárceles el Pozo la Tolva los privados de libertad son atendidos en clínicas que van más allá de cualquier ficción o son similares a los hospitales de guerra del medio oriente donde escasean los insumos y medicinas y las condiciones son misérrimas.

Esta realidad la vivió en primera persona el vicepresidente del Legislativo, Denis Castro Bobadilla, al constatar la forma en la que son atendidos los privados de libertad en las clínicas que operan al interior de las cárceles, en particular, la ubicada en la Penitenciaría Nacional de Támara, donde no hay colchonetas, las camillas están inservibles porque dieron su vida útil, el piso se resquebraja por falta de mantenimiento y los sanitarios pueden ser comparados a los existentes en el Estadio Nacional.

Tampoco hay medicinas y las pocas deben ser usadas «con creatividad» por el personal médico y auxiliar para tratar las dolencias de los privados de libertad, desde el que se robó una gallina para dar de comer a su hambrienta familia hasta el más cruento jefe pandillero o narcotraficante.

El alto funcionario plasmó esta cruenta realidad en su cuenta de Facebook, en la que comenta que visitó el 18 de marzo la penitenciaría ubicada a unos 18 kilómetros al norte de la capital y verificó «uno de los peores escenarios que he visto en materia de salud, es una verdadera pena ver las condiciones en las que estas personas son atendidas y me hace pensar en algo: ¿Qué hicieron los diputados del anterior periodo?».

«Es por este tipo de atrocidades que decidí integrar la comisión de Justicia y Derechos Humanos para poder cambiar esta cruda realidad de nuestros hermanos compatriotas que no hay que olvidar que también son seres humanos», escribió Castro Bobadilla en su cuenta personal.

En consecuencia, el hallazgo del reconocido galeno ya fue notificada a la comisión parlamentaria de Salud a fin de que se puedan tomar medidas para esclarecer qué ha ocurrido con los fondos que se transfieren anualmente al Instituto Nacional Penitenciario (INP) para la atención de reos con enfermedades comunes y crónicas en todas las clínicas que se encuentran en los más de 20 presidios distribuidos por todo el país.

Resulta hasta inaudito que la clínica ubicada en el complejo carcelario pase desapercibida por los cuestionados directores del sistema penitenciario Rosa Gudiel y German McNeil, quienes llegan todos los días al recinto para «vigilar» qué hacen sus empleados. No obstante, pasan por alto las penurias, enfermedades y dolencias que padecen los condenados por varios delitos y otros que están en etapa judicial a la espera de ser sentenciados.

Además, se desconoce el paradero de unos 337 millones de lempiras que fueron asignados al INP para la mejora de la red carcelaria; el subdirector McNeil comentó que en este año tendrán un presupuesto de mil 241 millones de lempiras, el INP tiene muchas necesidades una de ellas es la infraestructura en la cual estaremos invirtiendo”.

“Nuestra infraestructura es precaria, ya no obedece a la población penitenciaria, contamos con la academia penitenciaria de profesionalización en el cual las personas se van a formar en el ámbito educativo para que puedan hacer frente a la realidad de los privados de libertad”, dijo.

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