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Multipartidismo, ¿para qué?

(Por Víctor Meza) Son diez partidos, así como lo lee y lo oye, diez partidos, los que van a participar con derechos iguales y presencia equitativa en las elecciones generales del mes de noviembre del próximo año 2017. Lo ha declarado oficialmente el mal llamado Tribunal Supremo Electoral, esa extraña fórmula de triunvirato espurio, integrado por los “representantes” de tres partidos políticos, dos reales y uno ficticio: el partido Nacional, el Liberal y, claro, esa especie de sociedad anónima que se autodenomina Democracia Cristiana. Un trío, tristemente avalado por el partido de Unificación Democrática, una antigua organización dizque revolucionaria, devenida hoy en un grotesco y disminuido simulacro de agrupación izquierdista.

De esos diez partidos, apenas la mitad tienen presencia real en el escenario político local. Los nacionalistas, en su condición de partido gobernante y autoritario; los liberales, en su triste función de adláteres y cómplices del partido de gobierno; los de LIBRE, una masa plural de descontento y rechazo al golpe de Estado; los del partido Anticorrupción, un conglomerado de buenas intenciones, y el partido de Innovación Y Unidad, buenos hombres y mujeres de clase media que no han logrado trascender con su discurso político ante un electorado nacional, que sigue siendo primitivo y primario. Estos son los verdaderos partidos, las reales agrupaciones políticas que participarán en el torneo electoral.

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Pero hay otros, la mitad restante, en donde se agrupan, en tumulto sospechoso, pequeños grupos de políticos mínimos que se autodenominan “líderes máximos”. Son los llamados “partidos de maletín”, es decir las agrupaciones que no trascienden el límite reservado de la tertulia, el núcleo favorecido de amigos y cómplices, con los cuales, en animadas charlas sabatinas, se hacen los planes y se diseñan las tácticas –que no las estrategias– para aprovecharse del erario y, en nombre de la “participación ciudadana” y de la “pluralidad política”, recibir los beneficios derivados del clientelismo y la política generosamente distributiva del gobierno de turno.

Algunos creen que la participación de diez partidos en las elecciones de 2017 es una buena señal, que apunta hacia el pluralismo y la superación definitiva del sistema bipartidista. Lamentablemente, no es así. No todo pluralismo político es inevitablemente favorable a la democracia, ni todo bipartidismo es forzosamente negativo. Hay matices y, por supuesto, hay que tomarlos en cuenta. Un multipartidismo caótico, regido por las normas del clientelismo y la manipulación política, es, sin duda, negativo para la cultura política de la sociedad y la construcción democrática del Estado. Destruye el sistema de partidos y desarticula el tejido político d la sociedad. Por el contrario, un bipartidismo regido por las normas de la democracia y el libre juego de las ideas, puede y debe ser funcional a los fines últimos del conglomerado social. Los ejemplos, a favor y en contra, abundan.

En Honduras, actualmente, vivimos un proceso de normal y necesario deterioro y – yo diría – agonía del bipartidismo. En buena hora. Qué bien que así sea. Pero eso no significa que apoyemos y promovamos un multipartidismo desmesurado e incontrolable. La proliferación de “partidos” de maletín, que no son más que la expresión interesada del partido de gobierno o el capricho malicioso de unos cuantos vividores de la política criolla, es un reflejo de nuestras debilidades institucionales y de la incapacidad del Estado para impedir que unos cuantos trujamanes de feria  se aprovechen de los resquicios del sistema electoral para hacer su propia fiesta, el negocio de sus vidas, vendiendo las credenciales que los habilitan como “representantes” en las mesas electorales. Vieja práctica de truhanes, de sinvergüenzas disfrazados de “representantes” de los partidos políticos ante las urnas.

Es hora de ponerle una barrera definitiva a este proceder. Es hora de denunciar a estos canallas, instrumentos de la deformación del voto, agentes del fraude, “activistas” pagados de la política tradicional y desvergonzada que tanto daño le ha hecho y le sigue haciendo a nuestro país. ¡Basta ya!

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"JOH y Marlene Alvar
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