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Nasralla gana en ronda a JOH, pero abstencionismo triunfa en encuesta

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

A menos de 60 días de las elecciones generales en Honduras, la población tiene una baja o nula estimulación para acudir a las urnas a fin de votar un nuevo gobernante o, en su defecto, reelegir al actual titular del Ejecutivo nacionalista, Juan Orlando Hernández.

En esta primera ronda de sondeos de opinión que realiza Radio Globo y ConfidencialHN, demuestra la baja emotividad de los electores, aunque la preferencia la tiene de manera preliminar el candidato presidencial de la Alianza, Salvador Nasralla, y lo persigue con una leve diferencia el oficialista Hernández, pero en los resultados que se presentan a continuación, queda en evidencia que la población está inconforme con la clase política.

El ejercicio se realizó en Tegucigalpa y en zonas de mayor aglomeración de personas como mercados populares, centros comerciales, calles y avenidas de alto tránsito de peatones, barrios y colonias, con la finalidad que el sondeo fuera heterogéneo para determinar altos índices de confiabilidad.

La encuesta fue elaborada en directo, a fin quitar suspicacias como suele ocurrir con encuestas que producen varias firmas ya que, hacer un análisis de los resultados, se busca dar una clara tendencia al candidato el oficialismo.

Este trabajo también revela que, si bien son pocas las personas dispuestas a ejercer el sufragio, muestra una polarización de las tendencias entre los electores por dos fuerzas políticas: la Alianza Opositora -compuesta por los partidos Libre y Pinu, y el Partido Nacional.

Tras un exhaustivo recuento de marcas, del total de las 229 personas, en la categoría de intención de voto general, Salvador Nasralla obtuvo 47 marcas (21 por ciento) y el nacionalista Juan Orlando se quedó con 40 votos (18 por ciento) en el cómputo que realizó este periódico.

Créditos: Alberto Destephen.

Por su parte, el liberal Luis Zelaya obtuvo cinco marcas, que lo deja en un dos por ciento y el representante del Faper, Isaías Fonseca se queda en el cuarto lugar con el 0.43 por ciento. En cambio, ninguno de los candidatos de los demás partidos legalmente inscritos resultaron beneficiados de la preferencia del público, a pesar que la muestra fue aleatoria y se aplicó en zonas donde hay una mezcla heterogénea de personas que puedan tener simpatías por quienes acudirán a la contienda.

Cabe mencionar que el liberal Luis Zelaya aparece en un alejado tercer lugar y, hasta el momento, reafirma que no ha podido convencer al elector para que lo lleve a la silla presidencial el 27 de enero de 2018; por su parte, los candidatos de los partidos minoritarios o bonsáis se quedan con nada, al efectuar una comparación global de marcas.

Sobre la preferencia de los aspirantes, Nasralla se agencia el 30 por ciento, seguido del actual candidato nacionalista Hernández con un 26 por ciento. Zelaya obtiene un tres por ciento y la categoría otros apenas alcanza el uno por ciento. El 40 por ciento dijo que no saben por quién votarán y este pedazo del pastel se lo pelearían tanto el presidenciable azul y el abanderado de la coalición de partidos opositores.

El abstencionismo, será alto, ya que el 32 por ciento de las personas que fueron abordadas por reporteros de calle de Radio Globo no ejercerán el sufragio y los indecisos se coloca en un 27 por ciento. Al sumar estos dos elementos, hace una alarmante cifra del 59 por ciento supera la intención de voto tanto de Nasralla como de Hernández, ya que ambos apenas llegan al 39 por ciento.

Créditos: Alberto Destephen.

El Partido Liberal, al trasluz del análisis, sigue siendo una tercera fuerza política ya que arroja pocas simpatías por Zelaya, ganador de las elecciones primarias de marzo anterior ya que aún no logra levantar el caudal que históricamente ha tenido la organización rojiblanca. Tampoco ha impactado en la conciencia del elector el hecho de que exmiembros de Libre hayan regresado a respaldar al candidato opositor.

Por ahora, Nasralla, se posiciona en el electorado aunque la tendencia podría variar en la medida que se acerquen las elecciones del 26 de noviembre y lo podrían beneficiar o, en el peor de los casos, resultaría con una aplastante victoria del orlandismo, quien está movilizando su megaestructura para agenciarse del voto, aunque tiene en sus filas alrededor de un millón de personas que son su base dura.

Si las elecciones hubieran sido el día que se elaboró esta encuesta, el popular presentador de televisión se hubiera alzado con la victoria, por un estrecho resultado frente a su competidor directo. Si bien la tendencia es de un tres por ciento y si se mantuviera por el resto de la campaña, el candidato opositor, según esta interpretación, podría ganar por un corto margen frente a Hernández.

Asimismo, manda un claro mensaje a los dos bandos de que deben redoblar esfuerzos si buscan ganar el proceso comicial y deja claro a los demás aspirantes que deberán conformarse con ver los resultados, aunque sus partidos son, técnicamente, apéndices del oficialismo.

En la planilla de los diputados, se reporta el mayor repudio hacia este segmento: el 34 por ciento. Los encuestados afirmaron que no piensan votar por los candidatos a un curul en el Congreso Nacional. En esta franja creció el rechazo o desinterés hacia los legisladores por las medidas que tomaron en los últimos años dentro de ese poder público.

Créditos: Alberto Destephen.

En cuanto a la preferencia del elector a cruzar, marcar con una línea o aplicar el voto en plancha, se impuso el razonamiento de las personas a escoger sus mejores candidatos.

El 63 por ciento de los consultados (80 personas) afirmaron que tienen intención de cruzar su voto en la planilla de los diputados, mientras que el 30 por ciento (38 encuestados) dijo que lo harán en plancha o colocar 23 marcas a sus diputados por Francisco Morazán (zona donde se efectuó la medición) y el restante siete por ciento o nueve personas señalaron que lo harán en línea.

En este aspecto, se puede deducir con certeza que las campañas hechas por los tres partidos mayoritarios (Libre, Liberal) para que sus electores voten en plancha ha fracasado; en tanto, la campaña del Partido Nacional por sembrar en el subconsciente de sus correligionarios que deben votar en línea por los candidatos no ha dado, hasta ahora, los resultados que esperaban.

O sea, que las masiva propaganda hecha desde el orlandismo no ha podido ganarse al electorado, ya que la encuesta deja firme que los ciudadanos están desencantados con sus representantes en el Legislativo y, en consecuencia, prefieren diferir sus simpatías.

Créditos: Alberto Destephen.

El papel más duro lo tienen por delante tanto el candidato de la Alianza y el oficialismo para convencer a quienes no votarán y no saben por quién elegir, ya que son el 60 por ciento de la población que, de acuerdo a consultas con expertos en política, podrían superar antes del 26 de noviembre la barrera del 65 por ciento de abstención y sería involucionar hasta 2009 (año del golpe de Estado), cuando los hondureños declinaron de ir a las urnas y permitieron que los nacionalistas se aferraran de forma brutal del gobierno que hasta ahora no han querido soltar.

Claro está que por delante, en el caso de la oposición, deberán enfrentarse a una aceitada maquinaria que hará sentir el fraude en los próximos comicios, una institucionalidad alineada a los intereses personales de Hernández y sus adláteres que lo respaldan en su proyecto continuista, una población indiferente a la crisis creada desde el mismo gobierno y que no ve en los partidos contrarios al nacionalismo una oportunidad de dar golpe de timón al orden establecido.

Otra de las conclusiones que se pueden obtener de este ejercicio es que, por esta vez, el bipartidismo no «resucitará» ya que el Partido Liberal seguirá siendo una marginal tercer fuerza política y su líder Luis Zelaya no ha podido reflejar un carisma que pudiera restar adeptos a las dos figuras que se verán las caras en la contienda venidera.

La única forma que Luis pudiera tener cierto protagonismo es que Hernández desistiera de seguir adelante con su empecinada idea de perpetuarse en el gobierno; para que ocurra este extremo, debería ocurrir un inesperado milagro que no se ve en el cortísimo plazo.

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