Tuesday, Nov 12, 2019
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Nuestra democracia

(Por Edmundo Orellana) “Los hondureños somos diferentes”. Es una frase escuchada en todos los ambientes y con demasiada frecuencia cuando queremos justificar algún desaguisado, particularmente en materia política.

Frase perfecta para abordar el tema de nuestra democracia. Estamos convencidos de que vivimos en un régimen democrático porque vamos en manada a votar cada cuatro años por las autoridades supremas que nos gobiernan mientras dura el período presidencial.

Ese es el único momento que los ciudadanos creemos que ejercemos el poder. ¿Lo ejercemos realmente?

Evidentemente, no. La prueba es que no hay político que no cuestione el sistema electoral, acusándolo de fraudulento. Eso significa que se burlan de la voluntad popular porque los votos se cuentan como le convenga al que tiene el poder. Para evitarlo, se cambian, supuestamente, las reglas del juego electoral periódicamente.
El último gran cambio nos metió en un embrollo descomunal que solo los políticos de oficio entienden. Se crearon nuevos órganos electorales, pero aún no se emite la ley que regule su organización y competencias; sin embargo, ya se nombraron los titulares de esos nuevos órganos.

Mientras esto ocurre, la Ley Electoral que, supuestamente será derogada por la nueva ley, sigue vigente. En otras palabras, los órganos que deben desaparecer aún existen legalmente y funcionan. Los nuevos funcionarios electorales, entonces, fueron nombrados para dirigir organismos que aún no existen, pero, mientras los crean, dirigen los que serán sustituidos por estos. Para el común de la gente es un absurdo, pero no para los políticos, para quienes nada es imposible ni irracional, siempre que justifique sus fines. En todo caso, lo que sí está clarísimo es que esos nuevos funcionarios desempeñan la labor de quien ayuda a bien morir a un enfermo terminal.

Otro absurdo es que alegan que estas decisiones constituyen reforma electoral. Para ellos, entonces, nombrar autoridades para rectorar órganos electorales cuyas reglas aún no han sido establecidas, es reforma electoral. ¿Entiende este galimatías, distinguido lector?

Hasta ahora la única certeza que tenemos es que nada se sabe del nuevo sistema electoral. Proyectos hay varios, pero nada es definitivo. En materia electoral, en este momento, la certeza es la incertidumbre. No sabemos nada sobre la organización, funcionamiento y atribuciones de los nuevos órganos electorales, ni sabemos nada sobre las nuevas reglas del proceso electoral, aunque sí conocemos los nuevos titulares de los nuevos órganos que algún día serán creados, quienes, mientras tanto, se entretienen practicando la eutanasia con los moribundos órganos electorales.

Lo único nuevo y real es que a Libre se le permitió acceder a cargos dentro de esos órganos electorales, luego de una intensa negociación con el Partido Nacional. Para este partido eso es suficiente para garantizar que ya no serán víctimas de fraudes en las elecciones futuras. ¿Cree usted distinguido lector, que Libre evitará el fraude estando adentro? ¿Ingenuidad o pragmatismo?

En mi opinión, será difícil que lo logre mientras cuestiones fundamentales del sistema electoral estén pendientes. Por ejemplo, la segunda vuelta electoral. Si no se aprueba, muy probablemente, las próximas elecciones nos conducirán a un infierno que consumirá las pocas esperanzas que aún tenemos en nuestra deforme democracia.

Otra cuestión importante es el caso de los partidos de maletín, cuya existencia ha permitido que nuestra democracia esté al servicio del mejor postor. Esos partidos, ciertamente, propician el fraude, mediante la venta de credenciales para las mesas electorales, y debilitan la democracia cuando, con su concurso, se toman, en el Congreso Nacional, resoluciones políticas a cambio de privilegios o concesiones. La perversión de nuestro sistema electoral, en gran medida, se debe a esos partidos, en manos de verdaderos mercaderes de la política.

Esa es nuestra cultura democrática. Creamos incertidumbre política para vivir en el caos institucional. Por eso, los cambios que aprobamos nada cambian; pero algo positivo nos dejan, la sensación de que hemos cambiado. “Somos diferentes”.

En conclusión, si no se avanza en los temas mencionados y en otros igualmente importantes, nada se habrá logrado en materia electoral. Será una lástima, porque las recientes elecciones nos dejaron lecciones que, de no atenderlas, las próximas elecciones nos precipitarán hacia escenarios devastadores.

Es el momento de exigir que se abandone el viejo y fraudulento sistema electoral, diciendo con fuerza: ¡BASTA YA!

Y usted, distinguido lector, ¿ya se decidió por el ¡BASTA YA!?

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2 COMMENTS
  • Juan elvir / 10 noviembre, 2019

    Que cosas va

  • Juan elvir / 10 noviembre, 2019

    Raro pero bueno

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