Obispo Juan José Pineda dilapidó dinero en amantes, autos, motos y propiedades

(Por David Ellner Romero) En Villa Iris, ubicada en la zona nororiente de la capital y lugar de residencia de su eminencia, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez y varios  miembros de la cúpula de la iglesia católica, se desarrollan cabildeos, pláticas, conversaciones y conspiraciones que se ocultan en los pasillos y paredes, así como los espejos que adornan sus habitaciones, guardan secretos hasta hoy no revelados, y que posesiona a la iglesia que dio origen al cristianismo, como una verdadera logia que se capaz de matar antes de redimirse frente a sus propios pecados.

ConfidencialHN, ha tenido acceso a documentos, testimonios y declaraciones de personas que les ha tocado vivir el calvario medieval que se practica en la iglesia católica en su elevada manifestación, desde la chismografía de patio, orgías, prácticas homosexuales, conspiraciones, desplazamientos de liderazgos y amenazas de muerte.

Son muchos los intentos que se han hecho por poner al descubierto los “pecados de la iglesia” pero el atrevimiento a una acción de esta naturaleza es poner en riesgo, no solo la continuidad del ejercicio eclesiástico, sino que hasta sus vidas. Ejemplarizantes son las acciones que en contra de varios sacerdotes tomó la cúpula de la iglesia por haberse atrevido a denunciar internamente actos que incomodan a la feligresía.

Sin embargo como dice el dicho, entre mar y cielo no hay nada oculto los 30 millones de lempiras que se le entregó al arzobispado de Tegucigalpa y manejados exclusivamente por el obispo Juan José Pineda, fue algo así como el detonante para que muchos de los secretos hasta hoy guardados en Villa Iris comiencen a revelarse.

Este periódico accedió a un testimonio que tuvo conocimiento de cómo se manejó el dinero del tasón entregados al obispo Pineda. Este relato, obra en el extenso informe que elaboró el Vaticano y que trata sobre el comportamiento “pecaminoso” del líder católico y que en parte le costó su suspensión de la conducción de la diócesis de Tegucigalpa.

Los sacerdotes Carlo Magno Nuñez (izq.), Tony Salinas, (der.) y el cardenal Óscar Rodríguez (centro) habrían tenido problemas con Pineda, según relatos del confidente; tanto Núñez como Salinas están marcados en un espejo que tiene el exobispo en Villa Iris.

LA TRAMA. “Me di cuenta de los 30 millones de lempiras hasta después de que los dieron en el banco”, reza una parte del testigo del Vaticano que fue interrogado el año anterior para conocer sobre el comportamiento del obispo auxiliar de Tegucigalpa, Juan Jose Pineda, para poder justificar la petición al Estado de la cantidad multimillonaria de dinero, el líder religioso dedicó tiempo de andar en varias iglesias rurales solicitando a los párrocos que le entregaran supuestos proyectos a ejecutar, los cuales que nunca se llevaron a  cabo.

Muchos sacerdotes humildes cayeron, otros no, pero la mayoría entregó presupuesto “para proyectos que nunca se ejecutaron”, señala el testigo protegido. “Mire -dice- presencié varios documentos, uno de ellos de Cáritas en donde supuestamente se le soltó dinero de los 30 millones pero nada de eso fue cierto, todos los papeles eran falsos”.

Soledad de Ramírez, es una señora de la tercera edad, en su momento lideresa del Partido Nacional de Honduras, impuesta bajo maniobras por el gobierno de Porfirio Lobo en la conducción del Foro de Convergencia nacional (Fonac), una instancia paragubernamental que ha servido para blanquear acciones de los gobiernos de turno.

La dama utilizó el Fonac, como instrumento mediador para solicitar al Consejo Nacional de Defensa Seguridad más de 60 millones de lempiras que serían utilizados por la iglesia católica en obras de beneficencia, cuyos alcances, según el contrato, sería a mas de siete de los nueve millones de hondureños.

Del monto total, el Estado sólo desembolso 30.8 millones de lempiras, “ella se encargaba de que todos los documentos estuvieran listos, si faltaba uno ella lo conseguía”, señala el testigo.

OTRO PERSONAJE. Ademas de Soledad de Ramírez, aparece en el escenario otro personaje muy conocido en los pasillos de la iglesia católica, Erick Cravioto Fajardo, un laico de origen mexicano que lo trajo a Honduras el propio Juan José Pineda y que lo hizo pasar como cura, pero la realidad es que detrás de la sotana que portaba se escondía un hombre, que según los testimonios de varios cercanos a la curia, era el marido del obispo Fasquelle, quien por cierto le compró un vehículo de agencia de la conocida marca Toyota Yaris.

Según el testimonio, fue Cravioto quien elaboró el documento “bien redactado”, tan bien escrito estaba que envolvieron al propio cardenal Rodríguez que estampó su firma desconociendo los verdaderos propósitos de su ayudante de la diócesis y de la organización criminal creada para saquear estos fondos del Estado.

De acuerdo a la versión, la iglesia nunca practicó una auditoria de estos fondos. El dinero y los testimomios lo manejó personalmente el obispo Pineda; el cardenal no tuvo nada que ver mas que en la firma del documento. “A él (cardenal) le jugaron chueco, lo embaucaron y firmó”, dice el testigo, quien agregó que se puede practicar auditorías a todas las parroquias donde supuestamente se hicieron proyectos y no hay nada hasta el momento, tampoco en Cáritas ni en las hermanas scalibrinianas. “Este dinero, afirma, no fue para proyectos de ninguna comunidad y por eso no se pueden auditar”, dijo.

DÓNDE ESTÁ EL DINERO. Lejos están las autoridades del Tribunal Superior de Cuentas o del Consejo Nacional de Seguridad de dar con el paradero de los más de 30 millones de lempiras y los intereses que estos generaron en el fideicomiso de BAC, tales fondos, procedentes del público, fue utilizado por el obispo Pineda Fasquelle, para pagar favores sexuales, mantener una red de amantes, a quienes les compró varios bienes raíces, carros, motos viajes al extranjero con amante pagado, entre otros.

Por ejemplo, a un policía de la fuerza antidisturbios Cobras, de nombre Ronny Cáceres, le compró una motocicleta valorada en varios miles de lempiras. Le construyo una casa en Santa Elena, El Paraíso. Una propiedad para una finca en Las Crucitas, Jamastran, siempre en el Paraíso; a su asistente, de nombre Óscar, pero el obispo solo le decía Oscarito, le compró un Toyota Yaris de agencia, una moto y una casa en Valle de Ángeles e igual sucedió con un miembro de seguridad de civil contratado por el propio obispo, de nombre Luis Fernando Rodríguez -responsable de la parroquia de la colonia Satélite, en Tegucigalpa- a quien también le compró casa y moto en Valle de Ángeles. Lo mismo hizo con algunos de los familiares  de sus protegidos.

PRÁCTICAS HOMOSEXUALES. Al entrar a los entretelones de Villa Iris, la sede del cardenal Rodríguez, uno se va enterando de la existencia mutual y de conveniencia de algunas relaciones que nada tienen que ver con las prédicas y condenas pecaminosas que en cada homilía hacen los prelados en las iglesias, pues allí, la intriga le da pasión a los hombres de sotanas que rodeados de algunos misterios y secretos logran acostarse en una misma cama o un sofá y saciar su instinto carnal que en la mayoría de sus predicas condenan.

De acuerdo al testimonio ofrecido a la comisión del Vaticano por el testigo protegido, tanto el obispo auxiliar Pineda, Erick Cravioto y otros, practicaban relaciones homosexuales en forma encubierta pero que siempre dejaron ventanas abiertas a la curiosidad y la sospecha.

Para el caso, relata el testigo, Pineda acostumbraba hacer giras por distintos municipios del área de influencia de la diócesis de Tegucigalpa, áreas como Guaimaca, Vallecillos, Cantarranas, Talanga, Valle de Ángeles y otros. En cada una de las giras solicitaba dos habitaciones, aunque la misión la componían tres personas, el siempre se queda en un solo cuarto con su ayudante, o sea Oscarito.

En cierta oportunidad, comenta, “fuimos a Guaimaca, y solicitó dos cuartos pero el cura de la parroquia le dio tres generando mucho malestar en Pineda Fasquelle que al siguiente día optó por abandonar la comunidad alegando que no pudo conciliar el sueño por el escándalo de unos perros”. “Nos fuimos a Valle de Ángeles, al Tabor, una casita de la Universidad Católica que la usan los curas para reposos, allí se quedó con Oscarito”,  dijo.

Al profundizar sobre el tema, el informante señala que en ese lugar del Tabor,en Valle de Ángeles, el obispo Pineda acostumbraba llevar muchachos llamados acólitos, que ayudan a oficiar la misa desde el altar, “en la casa sólo hay un cuarto con una cama y un sofá, y él (Pineda) se quedaba con dos cipotes y lo extraño que al siguiente día que íbamos a desayunar el sofá estaba arreglado, lo que se supone que el dormía con los dos en la cama”, comenta.

ERICK. Este es un personaje misterioso importado por Pineda desde México, lo hizo pasar por cura, pero en verdad es un laico amante del obispo, se hizo famoso cuando el padre Alberto lo denuncia en su libro Dilema de ser un protegido de Pineda, el padre “J” como lo denomina y que pone al descubierto la relación de pareja entre estos dos hombres de la iglesia, hay que recordar que al “padre” Erick, Pineda Fasquelle le regaló un carro Yaris.

Pero como en toda relación amorosa hay decepciones y reemplazos, según el testigo, la primera decepción de Erick Cravioto,  fue cuando Oscarito, el hoy mano derecha de Pineda, lo desplazo viéndose obligado a buscar una nueva relación, en su aventura amorosa, el padre Erick como se le conoce, conoció a un joven de nombre Denis, se fueron a vivir a unos apartamentos que quedan en la colonia América, “cerca de la casa de Matta”, puntualiza el informante, quien continúa con su relato diciendo que a Denis, se le consiguió una beca a tiempo completo en la universidad católica.

La relación con Denis fracasó por una fuerte discusión que llegaron a las trompadas teniendo que mediar el obispo Pineda pero jamás hubo reconciliación, el padre Erick no se quedo picadó y para apagar su decepción amorosa se busco otro hombre de nombre Darwin con quien hacen vida marital, viven en unos apartamentos en la comunidad de El Rincón, a este también se le beco a tiempo completo en la Universidad Católica.

Erick Cravioto Fajardo (foto inserta) es un personaje misterioso importado por el obispo Juan José Pineda desde México; lo hizo pasar por cura, pero en verdad es un laico amante del obispo, se hizo famoso cuando el padre Alberto lo denuncia en su libro Dilema de ser un protegido del otrora obispo auxiliar capitalino.

LAS AMENAZAS. Dicen los mitos y leyendas que los espejos guardan fantasmas que al pronunciar muchas veces su nombre salen con intenciones maléficas, todo ligado a lo esotérico y lo oculto, pero que al final dice el mito, todo no es mas que el reflejo de la propia alma.

Pineda, agobiado por todas las denuncias en su contra, especialmente la de los abusos sexuales en el seminario mayor de Nuestra Señora de Suyapa, buscó culpables de su desgracia y entre ellos encontró a varios colegas de la iglesia y laicos amigos que supuestamente conspiraron para ponerle en mal con el cardenal y el papa Francisco al  denunciarlo  por todas sus maldades que por años oculto bajo la sotana y el juramento de la cruz.

Para dejar afianzada su decisión de vengarse de quienes supuestamente lo traicionaron, Pineda buscó entre  los grandes pasillos de Villa Iris un espejo para escribir en el mismo los nombres en rojo de los curas y laicos pagarán caro su traición. “Todas eran palabras amenazantes”, sostiene nuestro informante que concluyó que el obispo Pineda con esa acción denotó su estado de locura a que ha llegado.

En esos espejos era claro leer los nombres de Orlin (laico), el de los sacerdotes Juan Ángel Lopez, Carlo Magno Nuñez (párroco de la iglesia de Suyapa), Tony Salinas (asignado a una capilla en Ojojona) y otros que el confidente no puede recordar pero que cuya lista sobrepasa la media docena, confirma.

Hoy por hoy, en Villa Iris, en sus pasillos y cuartos, así como en sus espejos, el reflejo del recuerdo atrapado de la ambición, la codicia y la hipocresía que lo llevó solo queda el alma atrapada en los espejos de un clérigo que vive de los recuerdos y sus amores que juraron hacer prevalecer el bien sobre el mal, de defender la institución del matrimonio entre un hombre y una mujer…les pudo el amor carnal.

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