Omar Rivera o la cara del servilismo: Desmontando las mentiras del depurador

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

El depurador policial, dirigente de sociedad civil, oenegeísta y analista Omar Rivera, pasó de ser un férreo crítico de la corrupción e impunidad en Honduras pasó a protegerla, al olvidarse de forma deliberada los señalamientos contra quienes aprovecharon su cargo para enriquecerse de forma ilícita.

En la actualidad, se ha ocupado en alabar hasta el servilismo al fiscal general Óscar Chinchilla y ha bajado el tono bélico contra el exfiscal adjunto, Rigoberto Cuéllar, señalado de recibir sobornos para obstaculizar las investigaciones en torno al megafraude contra el instituto hondureño de Seguridad Social (IHSS).

Estas acciones, desde luego, están orientadas para ser sujeto de reconocimiento por EE.UU., por tanto, es otro operador de los intereses norteamericanos en un país, cuya política internacional está sujeta a los designios de la Casa Blanca. Por tanto, no resulta extraño que permanezca en Washington exigiendo intervención en asuntos internos hondureños.

A pesar que la investigación finalizó hace varios años y que concluyó que Cuéllar recibió fuertes sumas de dinero para impedir que se acusaran a varios implicados de sustraer millones de lempiras del organismo, dio un giro torpe y sostuvo a este periódico que “no puedo asegurar que es un delincuente y un corrupto según las investigaciones que está haciendo el Ministerio Público determinarán si incurrió en responsabilidad”.

“Alaban” actual Ministerio Público pero reconocen señalamientos contra fiscal adjunto

El mediático dirigente civil Omar Rivera alabó la gestión del Ministerio Público en los últimos cinco años, contradictoriamente reconoció la ausencia e invisibilidad del señalado fiscal adjunto Rigoberto Cuellar

Posted by ConfidencialHN on Tuesday, April 10, 2018

En este caso, Omar miente: Cuéllar rindió declaración en 2015 y el órgano acusador determinó que, en efecto, Cuéllar recibió más de 280 mil dólares para encubrir la corrupción en el IHSS, cuyo intermediario fue el ex subsecretario de Recursos Naturales y amigo personal Roberto Darío Cardona Valle.

En declaraciones que dio el 5 de junio de 2015 un periódico capitalino, el actual depurador afirmó que “hay una línea de investigación directa que involucra al exsubsecretario de la Serna (Cardona Valle) que ya fue requerido y sobre el cual tengo entendido hay orden de captura…Seguramente, el fiscal adjunto tendrá que informar qué tipo de participación tuvo él y qué tipo de involucramiento en este caso lamentable de aparente soborno donde están involucrados estos exfuncionarios del Gobierno”.

Y es que el giro que dio Rivera en los últimos tres años obedece a su afincada amistad con Chinchilla, la exrectora Julieta Castellanos, Carlos Hernández y otros quienes convirtieron al Ministerio Público en un aparato de persecución selectiva y encubrimiento sistemático hacia quienes tienen responsabilidades penales, en concreto, el caso de corrupción que salpica directamente a Cuéllar.

De hecho, desde este ente ha emprendido una tenaz e implacable persecución contra quienes han sido del desagrado del actual depurador -y predilecto del presidente Juan Orlando Hernández-, entre ellos, oficiales de Policía, quienes han perdido hasta la vivienda donde residían. Jorge Alberto Barralaga y Juan Francisco Sosa, son los casos más “emblemáticos” en este aspecto.

Sosa, quien permanece confinado en una unidad militar, llamó “jetón” a Rivera luego que se montara un operativo para quitarle la casa donde vive ya que fue acusado de haber lavado dinero y pertenecer al crimen organizado; Barralaga y su familia perdieron el patrimonio de muchas décadas porque se lo vinculó directamente con el extraditado capo Wilter Blanco.

Las mentiras en las que ha incurrido Rivera, se pretende “beneficiar” al fiscal Chinchilla ya que, según él, ha contribuido a desarticular las estructuras del narcotráfico cuando los capos, en un afán por salvar su vida y el trabajo de exjefes policiales como Ramón Sabillón hizo que las estructuras criminales fueran desarticuladas.

Minutos después de haber acudido a la imposición del titular del Ministerio Público, salió a decir que “lo que ha hecho este fiscal general no se compara con lo que hicieron los anteriores”. “¿Había visto alguna vez un requerimiento fiscal contra una ex primera dama y el descabezamiento de los cárteles del narcotráfico?”, dijo evidentemente exaltado. En esto también mintió.

En el proceso de neutralizar a los jefes de las estructuras criminales los Cachiros y los hermanos Valle Valle no participó el Ministerio Público; los hermanos Devis Leonel y Javier Rivera Maradiaga decidieron entregarse por su cuenta ya que se les informó que la inteligencia del Estado hondureño los mataría para evitar cualquier delación que involucrara a altos funcionarios que estuvieran coludidos con el narcotráfico.

El Ministerio Público tampoco tuvo protagonismo en la localización, captura y extradición del operador narco hondureño Juving Alexander Peralta, Chancleta, supuesto colaborador del capo Carlos Arnoldo el Negro Lobo.

Cabe mencionar que Rivera, en cada entrevista concedida a este periódico, se dedicó a repetir hasta la saciedad que Chinchilla fue pieza clave para desarticular los cárteles. El depurador tuvo que aplicar un principio del nefasto ministro de propaganda del nazismo
Joseph Goebbels​​ para convencer al colectivo de que su amigo es eficente en el combate al crimen: “Una mentira repetida 100 veces se convierte en verdad”.

Al respecto, el arresto de los hermanos Luis Alonso y Miguel Arnulfo Valle -acaecido en 2014- fue preparado, coordinado y ejecutado por el exdirector policial Ramón Sabillón, con el apoyo directo de la embajada de EE.UU. en Honduras y esto provocó un silencioso malestar en el gobierno y que conllevó a una conspiración para tumbar a Sabillón en noviembre de 2014 para colocar a un débil Félix Villanueva.

La osada acción del exfuncionario -quien granjeó un profundo liderazgo y lealtad en la tropa de la fuerza pública- le provocó caer en desgracia con los altos mandos estatales, al extremo que su vida corría peligro y para retenerlo a fin de que pagara cada “pecado” que cometió al entregar a los Valle Valle a la justicia de EE.UU.

“Los Valle, se dieron cuenta de mi inflexibilidad, y durante la entrevista me confesaron que ellos habían buscado gente para matarme, pero que no encontraron hombres con los huevos bien puestos para hacerlo y yo les dije que Dios es el que opera”, recordó en una entrevista con Globo Tv.

“Les insistí por qué dicen que su captura es política y me respondieron: ah, mi general es que nosotros somos liberales… Y me dijeron que apoyan en el financiamiento de las campañas políticas con transporte, afiches, camisetas y entre otros”, recordó.

¿Por qué Omar Rivera (señalado por corrupción durante su paso por la alcaldía de La Lima) se dedica a defender con vehemencia a los nuevos titulares del Ministerio Público? He aquí la respuesta:  Un informe del Tribunal Superior de Cuentas (TSC) con fecha 28 de febrero de 2006 con oficio No. 175/2006-DPC, donde se realizó una investigación, afirma que Omar Rivera tuvo responsabilidad civil en un reparo cuando fue gerente administrativo de La Lima al contratar a la Empresa Semáforos y Señales Viales de Honduras para la instalación y reparación de semáforos en algunos sectores de esa municipalidad, quien procedió a contratar una empresa teniendo dos cotizaciones no válidas de empresas que no existían.

El monto del reparo en su contra es por cincuenta y siete mil lempiras. El informe indica que no se procedió con lo estipulado en los artículos 148 (inciso e) y 171 del reglamento de la Ley de contratación del Estado, esto ocasionó que se haya elegido una compañía que no reúne los méritos ni los requisitos formales para realizar este tipo de trabajo, provocando un perjuicio económico al Estado de Honduras.

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