Padrinos de la corrupción: ASJ jugó a dos aguas para ser la consentida del poder

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

(Segunda parte) La Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) tomó la decisión de jugar a dos aguas para quedar bien con Dios y el diablo. Mediante este método -ocultando información si obtiene canonjías y soltándola como mecanismo de chantaje y control- ha podido alcanzar privilegios que a fin de cuentas sale del dinero público.

En la primera entrega de esta serie de investigación se dejó claro que el informe, considerado como la “panacea” para resolver cualquier problema futuro no se cumplió al ciento por ciento, ya que las irregularidades en la adquisición de fármacos para el sistema sanitario han seguido siendo una norma a pesar de que la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios a Proyectos (UNOPS, en inglés) y otros entes estarían encargados de la supervisión.

Ante la excesiva desconfianza hacia la Secretaría de Salud para que se licitaran lotes de medicinas e insumos quirúrgicos, se optó por el fideicomiso ya que a través de esta herramienta, “se beneficiaría” la transparencia y la descentralización de las compras a través de un fondo que es administrado por el Banco de Occidente, propiedad de Jorge Bueso Arias, y que fue ampliado en enero anterior a un costo de tres mil 500 millones de lempiras, el cual fue “observado” por la sociedad civil a través de ASJ.

Se deja claro que el ente, presidido por Carlos Hernández, ha sido un actor clave en las intervenciones que se ha efectuado durante esta década, con resultados que han sido nefastos y que se han traducido el multimillonarias pérdidas a la economía nacional, por lo que cada participación en los procesos de veeduría e intervención han sido un rotundo fracaso; para no ser sujetos a las críticas, han hecho maridaje con los gobiernos de turno a cambio de favores y un respaldo moral a la gestión aunque la corruptela sea evidente.

El documento que debió ser una regla en el sistema sanitario -y que el presidente Juan Orlando Hernández- lo vio como la solución, fue construido a partir de las entrevistas de campo que se realizaron con funcionarios de la Secretaría de Salud, el banco administrador del fondo, el Colegio Químico Farmacéutico ya que estaban buscando la fórmula mágica orientada a erradicar el chantaje, pago de sobornos y todos aquellos que pudieran comprometer el prestigio de la oenegé.

Este informe jamás fue presentado al público por conveniencia de los directivos de ASJ, presidido por Carlos Hernández, por lo que optaron por mantenerlo oculto. En el documento admiten que “siempre habrá corrupción” en los procesos de adquisición de fármacos.

Resulta hasta insólito que ASJ, en este informe “confidencial” admite que la “implementación del actual mecanismo, no representa una solución inmediata ni global al marco general de las compras en materia de Salud, sino más bien paliativa”.

“Es oportuno precisar que este nuevo mecanismo no innova en cuanto a considerar la contribución de los entes veedores en los procesos, ya que para bien o mal, esta gestión ya se había provocado en el pasado por otros gobiernos, como por ejemplo la participación de sociedad civil en la Comisión Interinstitucional de Medicamentos (CIM), representada por la Iglesia Católica, la Confraternidad Cristiana, el Consejo Nacional Anticorrupción, el Foro Nacional de Convergencia (Fonac), el Colegio Médico de Honduras (CMH), entre otros. En donde participaban directamente en la toma de decisiones directas para las compras”, admite el organismo no gubernamental.

Sin embargo, en una de las conclusiones de la ASJ, si bien considera que la centralización de las compras provocará ineficiencia, pero la descentralización es la alternativa “más viable”, aunque la “corrupción esté de por medio”.

“Actualmente, existen dos grandes dilemas en torno a qué resulta más conveniente en las compras en el sector salud: centralizar o descentralizar las compras de medicamentos e insumos médicos, ya que al centralizar las compras se ejerce un mayor control del proceso, pero es más ineficiente en términos del tiempo de respuesta a la demanda en la red de salud pública, en cambio al descentralizar las compras, cada uno de los centros hospitalarios se encargan directamente de gestionar sus compras, lo que provoca que existan menos controles y por ende, el proceso está más propenso a la corrupción, sin embargo, es más eficiente porque responde a la demanda en forma inmediata”.

En otras palabras, dan vía libre para que la corrupción desde los tomadores de decisiones porque muchas manos manipulan fuertes sumas de dinero y pueden hacer lo que quieran, como saltarse la Ley de contratación del Estado, ya que ante la ausencia de métodos efectivos de control, pueden fraccionar las compras para no ser sujetos de las engorrosas licitaciones públicas nacionales e internacionales, dando espacio al robo de recursos.

La ASJ – y el Estado hondureño en consecuencia- desperdició incuantificables sumas de dinero ya que el informe final revela que se sostuvo varios encuentro con actores clave en la cadena de comercialización, almacenamiento y distribución de medicamentos, como el Banco de Occidente, Colegio Químico Farmacéutico y distribuidoras. Recopiló información y documentación para crear un mecanismo que fuera sostenible con el paso del tiempo y permitiera la compra de insumos a bajos precios.

El informe presentado al titular del Ejecutivo Juan Orlando Hernández debió ser una hoja de ruta para solventar la crisis en el sistema hospitalario, hecho que jamás ocurrió. La problemática continúa y, con ella, la profunda corrupción ya que varios actores se benefician con fuertes sumas de dinero.

Como era de esperarse, ASJ se volvió una parte activa de este proceso y usó cada informe, entrevista, documento, análisis y conclusiones para presionar al Ejecutivo y sus resultados fueron espectaculares: Sus miembros son llamados a foros de televisión, se los nombra interventores en entes de seguridad y su opiniones terminan siendo hasta la “última palabra” para los intereses gubernamentales a cambio de canonjías y legitimidad. Aunque esta oenegé es una de las “más influyentes” en la sociedad, sus resultados en las intervenciones han sido nefastas, a juzgar por las obras hechas.

La historia de la subsidiaria Transformemos Honduras en las incursiones en el sistema sanitario no es reciente. Data de varias administraciones y no han aportado soluciones integrales a problemas complejos que ha padecido la Secretaría de Salud. De hecho, en la gestión de la exsecretaria Roxana Araujo, aprobaron la instalación de un sistema informático, conocido como Farmatools (de origen español) y fue vendido como la “solución definitiva” a las compras de medicina, incluso, fue instalado en el Hospital Escuela Universitario (HEU), pero resultó ser obsoleto e ineficiente para los fines que fue adquirido.

En principio, se prensó que Farmatools sería el sistema neurálgico que emanaría disposiciones en torno a las existencias o carencias de medicinas en los almacenes centrales, emitiría alertas en caso de necesidades de equipos e insumos y ayudaría a planificar las compras para tener un mejor control en el gasto. No obstante, a la fecha, Salud no cuenta con un registro histórico fehaciente que describa las necesidades satisfechas en años anteriores, ni las presentes, mucho menos las proyecciones futuras. No hubo claridad si la compra del software fue una emergencia y si fue colocada en las principales ciudades para motivos de controles efectivos.

Espere la tercera parte…

El proceso de consultas que emprendió la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) concluyó en un fracaso para los intereses de la sociedad ya que sus directivos optaron por ocultar información a cambio de canonjías.

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