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Paja en ojo ajeno: Moreno echa de FFAA a soldado por usar Tik Tok y calla ante hermano bailarín

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

La historia deja constancias sobre los discursos de Jesús a sus seguidores en los que hacía énfasis en el correcto proceder de las personas, las mismas que pasa por alto el actual jefe militar Tito Livio Moreno, quien dio el visto bueno para que dieran la baja deshonrosa al subalterno Esdras Samuel Berríos, cuyo pecado fue bailar en la red social Tik Tok con el uniforme mientras hacía turno en la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena).

“¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”, dijo Jesús; quizá Moreno pase por alto esta prédica cuando su hermano Trinidad Moreno Coello, usó la misma aplicación que el soldado para demostrar sus dotes de bailarín.

En un vídeo grabado en una fecha no determinada, en la referida red se aprecia al caballero, junto a una joven disfrutando de la canción I will survive (sobreviviré) de la compositora Gloria Gaynor, escrita en 1978,  mientras el país sufre los embates de la pandemia del coronavirus que mantiene bajo tensión hasta los mismos militares, quienes han tenido que redoblar esfuerzos para cumplir con las dispociones emanadas del Ejecutivo nacionalista de Juan Orlando Hernández para hacer frente a la pandemia.

En cambio, el joven de 20 años, quien estaba al límite del estrés, aprovechó el tedioso y aburrido turno en las instalaciones de Sedena para descargar la popular aplicación, buscar la canción tra, tra de Don Chezina y descargar el estrés de estar resguardando el edificio ubicado en una exclusiva zona capitalina, donde no hay incidencia criminal y, por tanto, era necesario salir de la rutina aunque fuera por un rato.

Ese instante le trajo fama y también desgracia, le mandaron a decir que ya no lo necesitaban más porque las FFAA «no son academia de baile», mucho menos un lugar donde el entretenimiento tenga cabida.

Debe primar la seriedad, la lealtad, honor y sacrificio para «quedar bien con la patria» y con el mismo Hernández, un sujeto que no es tan dado a la broma o contar chistes como lo hicieron en su momento los expresidentes Manuel Zelaya y Porfirio Lobo.

Nadie tiene derecho en las FFAA a reir, llorar, decir lo que piensa o siente. Todo debe ser ¡señor, sí señor!, obedecer a ciegas sin importar cuan equivocados estén sus jefes (que le digan que es rojo cuando es azul) y reprimir al enemigo (pueblo) que le da de comer, calzado, vestimenta, un lujoso hospital y beneficios a sus altos oficiales que suelen tener nexos con el crimen. Algún chancero dirá «el corcho se hunde y el plomo flota».

«No imaginé que tomaran esas represalias, grabé el video bailando porque me sentía estresado por el encierro, pero siempre he servido a la institución con lealtad y honor», sostuvo el acongojado muchacho tras ser notificado de su separación deshonrosa.

Y no deja de tener razón, estar confinado 15 días sin ver a su familia, recibiendo reprimendas, haciéndole saber que el pueblo es el enemigo, por lo que vio la oportunidad de bailar el tra, tra como una salida sana al estrés, como lo hacen los policías cuyas ocurrencias terminan siendo colocadas en las redes sociales de la fuerza pública, con la finalidad de hacerle saber a la gente que ellos, más que servidores públicos, son humanos y tienen sentimientos y necesidades que satisfacer.

Y qué decir de los soldados del Ejército de EE.UU., uno de los mejores equipados y poderosos del mundo (que aplastarían a la desgarbada fuerza armada hondureña en lo que canta un gallo), cuya soldadesca hace ocurrencias en Tik Tok y son compartidas sin miedo a ser reprendidos.

Ni Donald Trump ni su secretario de Defensa Mark Esper están como el gran hermano viendo si la tropa está fascinada con la app para castigarlos como ocurrió con Berríos; él creyó que sería visto con gracia o ser sujeto de burlas por su acción que le terminó costando caro.

En cualquier punto de la ciudad, Trinidad Moreno Coello quizá sea indiferente al destino del soldado; disfruta el pesado confinamiento con tranquilidad porque no será sancionado por su hermano, mucho menos le escribirá por WhatsApp para reprenderlo por semejante papelón al ponerse a bailar con la muchacha, quien no tiene la mínima relación en esta historia, mucho menos se le puede reprochar. Está en su derecho a disfrutar sin que sea reprendida.

Esta historia no tiene la finalidad de buscar y juzgar culpables -aunque está claro que al jovencito se le transgredió su derecho y eso no se rebate-, sino de poner en relieve la amoralidad en la que suelen incurrir los altos funcionarios de la actual administración cuando se abordan estos temas. En pocas palabras, la hipocresía es la norma y la sinceridad es vista como un delito de traición a la patria. Berríos lo sabe de primera mano.

Esa hipocresía se acrecenta cuando se encubren violaciones a DDHH cometidas por las FFAA -que dirige casualmente Moreno-, las relaciones entre jefes militares con la delincuencia organizada y narcotráfico (EE.UU. sabe de eso), pero todos se desgarran las vestiduras cuando un soldado pone rienda suelta a su alegría, transformada en una revolución emocional, aunque no calce a la perfección, se asemeja a la máxima proferida por el expresidente socialista chileno Salvador Allende: «Ser joven y no revolucionario es una contradicción hasta biológica».

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