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Pírrico, tardío y ofensivo aumento al salario mínimo

Por: Juan Alfaro Posadas

Un pírrico aumento al salario mínimo impuso la noche del martes anterior el régimen de Juan Orlando Hernández Alvarado (JOHA), luego que los empresarios y trabajadores organizados, no alcanzaran el consenso sobre el nuevo incremento salarial.
Hernández Alvarado viene a establecer el salario mínimo, correspondiente a este año, cuando la espiral inflacionaria se ha disparado, a raíz de las constantes alzas a los precios de los energéticos.

El burlesco incremento salarial que entrará en vigor a partir del 1 de julio próximo, oscila entre el 4 y 8 por ciento, pero no llena las expectativas de la masa laboral, porque no les alcanzará para cubrir los costos de la canasta básica familiar.

El secretario de Trabajo, Olvin Villalobos, declaró que el acuerdo al que se llegó es parcial, porque “existe consenso sobre las cifras en la tabla de negociaciones de salario mínimo”, no así con la vigencia, porque algunos estuvieron de acuerdo que fuese a partir de enero, y otros desde julio.

Villalobos sostuvo que el poder Ejecutivo tomó la decisión de omitir la retroactividad en la aplicación del salario mínimo, porque “no se alcanzó el consenso en relación con la temporalidad”.

En consecuencia, dijo que al “no darse un consenso entre las partes”, se le dio espacio al poder Ejecutivo para que “tomara la decisión”.

Como se ve, los trabajadores han sido nuevamente engañados y estafados, tanto por la empresa privada como por el régimen nacionalista de JOHA, porque no se les reconocerán, en concepto de incremento, los primeros seis meses transcurridos de este año.

Como era de esperarse, la patronal y la administración cachureca, que representan los mismos intereses, utilizaron como pretexto la pandemia del coronavirus y las tormentas tropicales “Eta” e “Iota”, que golpearon el país a finales de 2020, para aprobar un ridículo aumento salarial, y dejar sin efecto, los primeros seis meses de este año.

Hernández Alvarado y la cúpula empresarial, representada por Juan Carlos Sikaffy, deben reconocer que la pandemia no sólo afectó a los inversionistas, sino que también a quienes venden su fuerza de trabajo por un salario.

El régimen de JOHA y los capitalistas, a pesar de lo que se diga, siempre “ganaron” miles de millones de lempiras, en cambio los obreros urbanos y agrícolas, experimentaron problemas para lograr la subsistencia biológica, porque muchos perdieron su fuente de ingresos, y otros no lograron cubrir sus gastos, en virtud del atroz aumento de precio a los productos de primera necesidad.

Entonces, ese miserable, tardío y ofensivo aumento salarial hace tiempos que fue absorbido por la inflación.

En el fondo, los empresarios nunca dan nada, porque la espiral inflacionaria les sirve para especular con los precios de lo que elaboran o expenden. Por ejemplo, si un producto se incrementó en un 20 por ciento, sobre su precio anterior, los empresarios lo suben a más del cien por ciento, y de ahí obtienen el aumento salarial que pactan.

En cambio, los trabajadores como no explotan a nadie, y viven de un ingreso mensual, cada día que pasa ven disminuidos sus beneficios, y de pobres se convierten en miserables.

Lo más condenable del caso, es que JOHA se llene la boca diciendo que vivimos en un “Estado de derecho”, pero no cumplieron la Ley del Salario Mínimo, en vigor, que reza que el incremento debe hacerse efectivo, a partir del 1 de enero de cada año. La práctica demuestra que aquí no hay institucionalidad, porque la misma está secuestrada por JOHA.

Lo que tenemos en Honduras es una dictadura, que solamente el pueblo puede desmontar, ya sea por la vía electoral, o mediante la insurrección, contemplada en el artículo 3 de la Carta Magna.

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