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Poder Constituyente y Democracia

(Por Filiberto Guevara Juárez) Estimado(a) lector(a): comprender lo relativo al Poder Constituyente es de vital importancia para aspirar a vivir en una auténtica democracia, que dicho sea de paso, significa etimológicamente, poder del pueblo. Pero, para entender lo que significa el Poder Constituyente, es necesario abrevar en las fuentes de su fundamento filosófico, estructurado teóricamente, por el abate y filósofo francés Emmanuel Sieyés, durante la época de la revolución francesa, alrededor de 1789.

Sieyés a su vez, se fundamentó en la teoría del contrato social del gran teórico y revolucionario francés, Juan Jacobo Rousseau; quien realmente logró despertar el interés de varios intelectuales de su época, sobre la necesidad de que al pueblo se le reconocieran sus derechos en un texto constitucional. Al respecto Sieyés, afirmó categóricamente que: “La nación existe ante todo, es el origen de todo… antes que ella y por encima de ella solo existe el Derecho Natural “. Así, pues, en materia política, el poder constituyente lo puede todo, porque “la comunidad no se despoja nunca del derecho de querer. Es su propiedad inalienable. No puede sino encargar su ejercicio…”.

Para tal efecto, el Poder Constituyente que reside en el único soberano que es y debe ser el pueblo; elige mediante el sufragio directo a diputados que conformarán una Asamblea Nacional Constituyente Originaria, que no es mas, que un congreso extraordinario creado para un solo fin: elaborar un texto constitucional, que contenga un pacto social que satisfaga a la pluralidad de los miembros de una nación. Es decir, a pobres y ricos, letrados y no letrados…etc.

En memoria del insigne periodista recientemente fallecido, Don Manuel Gamero Durón, eterno Director de Diario Tiempo de Honduras, el cual creía en la doctrina del Poder Constituyente.

Tal Asamblea Nacional Constituyente no lo puede todo en materia política a pesar de ser originaria mucho menos una Asamblea Nacional Constituyente Derivada, como producto de un Congreso Ordinario que se transforme en un Congreso Extraordinario. Así pues, quien si lo puede todo, es el Poder Constituyente que reside en la nación entera o pueblo. Es por eso, que una vez que la Asamblea Nacional Constituyente haya elaborado un texto constitucional, deberá someterlo a la consideración de la nación entera, mediante la figura constitucional del referéndum y, por lo tanto, podrá ser aprobado o no, por el pueblo.

Si dicho texto constitucional no satisface los deseos e intereses de la mayoría del pueblo, deberá ser revisado nuevamente por los diputados miembros de la Asamblea Nacional Constituyente, para recoger y plasmar en el texto constitucional, los deseos del único soberano político que es la nación entera o pueblo. Entonces, queda bien claro, que la Asamblea Nacional Constituyente Originaria por definición, es la expresión institucional transitoria del poder constituyente que reside en el único soberano político que es el pueblo. Es un Congreso Extraordinario. Es un poder delegado que no puede cambiar en nada las condicionantes de la delegación de poder.

Generalmente se elige para un solo fin: elaborar un texto constitucional que contenga un auténtico pacto social. De la definición anterior se infiere claramente que es un poder delegado que no tiene la facultad de cambiar en nada las condicionantes de la delegación de poder. Por lo tanto, no debe abrigarse ningún temor al respecto. Además, por ser un Congreso Extraordinario es limitado en su tiempo, y una vez cumplida su misión de elaborar un nuevo texto constitucional, deberá disolverse, tal como sucedió en la época de la revolución francesa. No podrá por lo tanto, convertirse en un Poder Constituido, como lo es un Congreso Nacional de la República que por ser un congreso ordinario, es aun más limitado en su poder.

Porque ningún poder constituido, llámese: Poder Legislativo, Poder Ejecutivo o Poder Judicial, puede estar sobre el Poder Constituyente del pueblo o nación. Tampoco es correcto que en la situación de crisis que vivimos actualmente, el Congreso Nacional, se transforme en Asamblea Nacional Constituyente Derivada, porque esto se prestaría para propósitos oscuros o aviesos de quien detenta el poder del Estado en un momento dado.

Si la democracia es poder del pueblo, eso solo es posible en consonancia con el Poder Constituyente. De lo contrario, todo quedaría reducido a la más vil y burda mentira. Es por eso, que si los hondureños queremos transitar por el camino de la democracia, deberá respetarse plenamente, la voluntad popular expresada en las urnas, el 26 de noviembre de 2017. De lo contrario no podremos superar la actual crisis sociopolítica que vivimos.
Si la política es la ciencia y el arte de organizar y dirigir los asuntos de Estado, para encontrarle solución a los múltiples problemas de un país, y principalmente a los de tipo socioeconómico.

Entonces, independientemente de quien haya ganado, las elecciones generales del 26 de noviembre de 2017; lo mejor sería que para superar la actual crisis política que vivimos, las partes en conflicto se pongan de acuerdo en iniciar lo más pronto posible, antes del 27 de enero del presente año; un acuerdo concreto, para iniciar un proceso constituyente conducente a la elección de diputados a una Asamblea Nacional Constituyente Originaria, para que elabore un nuevo texto constitucional que contenga un auténtico pacto social, con el propósito de unificar a la familia hondureña, actualmente confrontada ante la duda razonable de quien ganó las elecciones del 26 de noviembre de 2017.

Tal como lo da a conocer el informe final de la Misión de Observadores de la OEA (MOE). Lo único es que para que el actual gobernante Don Juan Orlando Hernández Alvarado, se sienta comprometido a cumplir con lo pactado. Dicho acuerdo que resulte producto de un diálogo, deberá ser facilitado y refrendado con carácter vinculante, por un facilitador de alta investidura política, ética y moral, designado para tal efecto por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). De lo contrario, debido a la falta de credibilidad del Sr. Juan Orlando Hernández, dichos acuerdos al igual que los acuerdos de Cartagena resultantes de la crisis política del 2009, simplemente no se cumplirían
Nuestra actual Constitución Política con sus “benditos artículos pétreos”, es una constitución excesivamente cerrada, e impuesta por la generación de diputados constituyentes de finales del siglo XX.

Las constituciones modernas son abiertas y flexibles a la voluntad generacional del Poder Constituyente. De esa manera se adecuan a las necesidades propias de cada país, y a los vientos de cambio inexorable que llegan con el tiempo en el mundo, impulsados por el avance de la ciencia, la tecnología, y la conciencia del ser humano por un mundo mejor.

No se debe satanizar a la Asamblea Nacional Constituyente, bajo el argumento malicioso y demencial que solo servirá para la reelección indefinida de un Presidente de la República; cuando perfectamente se puede establecer en ella la reelección alterna. También deberá considerarse el cambio de período presidencial de cuatro a seis años, como era antes del Golpe de Estado de 1963, en nuestro país. De esa manera se evitaría tanto derroche de recurso económico en un país tan pobre como el nuestro, que tanta falta nos hace para salud y educación.

Para concluir debemos estar claros que, la Asamblea Nacional Constituyente surgida del Poder Constituyente, es la más alta expresión del liberalismo político, republicano y democrático. Esto quedó bien demostrado, con el surgimiento de la República francesa a partir de su revolución en 1789.

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