Wednesday, Jul 24, 2019
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¿Por qué Chinchilla no persigue penalmente a JOH? Esposa del fiscal será directora en el BCIE

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

El fiscal general de Honduras, Óscar Chinchilla, mantiene un cómodo pacto de impunidad con el jefe del régimen nacionalista, Juan Orlando Hernández, por lo que «por ética» no puede perseguirlo penalmente ya que su esposa Catherine Chang Carías ha tenido fabulosos cargos en la actual administración y se apresta para dar un salto cuantitativo a una entidad supranacional: ser directora en el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

Y es que la cónyuge del titular del Ministerio Público fue hasta el 4 de abril integrante de la junta de directores del Banco Central de Honduras (BCH) y a pesar de ser abogada, violentó la ley del organismo ya que no cumplió con los requisitos exigidos (ser economista).

El hecho de ser hija del exsecretario de Gobernación y activista del Partido Nacional, Rigoberto Chang Castillo, le permitió allanar el camino para tener un sueldo superior a los 200 mil lempiras mensuales y vivir una vida repleta de lujos a costa del dinero público.

Resulta que la alta dirección del BCH, dirigido por el tecnócrata Wilfredo Cerrato Rodríguez, le realizó una fiesta de despedida de la entrañable compañera, quien pasará al directorio del BCIE en representación del Estado de Honduras, donde tendrá un jugoso sueldo y muchas prebendas que son conferidas a los funcionarios del banco supranacional cuya sede se encuentra en Tegucigalpa.

La tarjeta de invitación, girada a un selecto grupo de bantralinos (empleados o funcionarios del BCH) dice que «esto no es un adiós, esto es un gracias», una leyenda que indica que echarán de menos a Chang Carías, cuya función no se conoció dentro del directorio de la autoridad monetaria, cambiaria y crediticia, salvo por el jugoso sueldo que ganó y sus conexiones políticas con prominentes figuras del nacionalismo.

Para que la refinada dama pudiera alcanzar un cargo -al que aspiran muchos economistas con amplias carreras en el ámbito bancario- tiene que ser autorizado por el titular del Ejecutivo, o sea, Juan Orlando Hernández, quien se ha convertido en una suerte de padrino mágico ya que la ha colocado en la alcurnia gubernamental que vive del presupuesto general financiado por los contribuyentes y donaciones internacionales.

Este íntimo y trenzado nexo hace que tanto el cuestionado gobernante y el opaco fiscal general mantengan una relación que va mucho más allá de ser amigos, correligionarios y compañeros de oficio; por tanto, moral y éticamente, no pueden atacarse. Hernández ha llegado a la oficina de Chinchilla a tener amenas conversaciones y dejarse tomar instantáneas mientras hacen parafernalia sobre el combate a la corrupción e impunidad que prima en Honduras.

Mientras eso ocurre, la refinada  Catherine Chang Carías engrosa su faltriquera con mucho dinero sin apenas sudar la camisa. Sólo debe tolerar tediosas reuniones donde se hablan sobre indicadores macroeconómicos, índices de precios al consumidor, la balanza de pagos y las cuentas nacionales que le resultan ser un poco complicadas en virtud de su formación académica…siempre hará lo mismo, ahora que a escala regional, donde tendrá que ver decenas y decenas de documentos con números que al final se traducirán en generosos sueldos que le permitirán tener un estatus y caché. 

Este compromiso adquirido por el matrimonio Chinchilla Chang con Hernández les impide hablar mal de él. El fiscal general no puede siquiera abrirle una investigación por denuncias de corrupción, delincuencia organizada y vínculos con el narcotráfico, pues sabe perfectamente que el gobernante los ayudó a volverse acaudalados. Ay de él si se atreve a contrariarlo, las consecuencias pueden ser hasta inimaginables.

Por tanto, las denuncias interpuestas por actores sociales y organizaciones civiles que se oponen a los designios dictatoriales del jefe del Ejecutivo ante el Ministerio Público a través de sus respectivas fiscalías, terminan siendo desestimadas o engavetadas en los oxidados estantes mientras arrecia la impunidad en Honduras.

A la fecha, son incontables las denuncias contra Hernández por corrupción y otros ilícitos, sin embargo, las investigaciones y requerimientos terminan siendo desviados hacia funcionarios de tercera categoría quienes pagan las consecuencias del actual régimen. Por tanto, el presidente insiste que «nadie está por encima de la ley», salvo él.

Esta trama evidencia cómo se ha ido construyendo la arquitectura de la impunidad en el país, pues hay nexos maritales entre jueces y altos oficiales de Policía, fiscales y militares y se constituye como un mecanismo de blindaje para evitar cualquier tipo de persecución penal.

Por tanto, no resulta extraño el hecho de que oficiales de las fuerzas de seguridad y defensa salgan librados de procesos judiciales, ya que los casos son deformados adrede a fin de permitir que los operadores de justicia desestimen las causas y a los señalados se les «restituya» el honor.

Esto mismo pasa entre Juan Orlando y Óscar Chinchilla, tales nexos les da oxígeno para seguir atentando contra el Estado de derecho y el imperio de la ley.

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