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Réquiem para la oposición política catracha

(Por Óscar Marroquín) Apegados al libreto como fieles recaderos del sistema, así aparecen cada cuatro años los políticos de siempre, con sus invariables promesas; infestados por el neoliberalismo, buscan contra viento y marea convertirse en personajes importantes para luego gozar de las mieles del poder.

Mientras tanto, en algún lugar de la realidad llamada Honduras, las cosas son cada vez más deprimentes. La desilusión abraza casi por completo a todo un pueblo, que cansado ya de tanta mentira y falsas promesas huye despavorido en búsqueda de nuevos derroteros, aunque también fuera de su patria sean perseguidos y menospreciados.

Huyen de la corrupción, huyen de la impunidad, huyen de las masacres y, también de un presidente que ha logrado desquebrajar por completo toda la institucionalidad del Estado; ministros, magistrados, diputados y cualquier otro funcionario hacen de lado todo principio moral y ético a cambio de migajas, quizá un canino callejero tendría un poco de más vergüenza y dignidad.

Aunque a diario los corruptos clavan sus afilados y asquerosos colmillos sobre el erario nacional, esto ya no despierta pasión alguna en los que se hacen llamar políticos de oposición; a cambio prefieren continuar con el rancio protocolo de la democracia representativa, sabedores que una vez llegados al poder podrán vender sus servicios al mejor postor.

Tampoco ha despertado en la oposición un rechazo total ante la inconstitucional candidatura de Juan Orlando Hernández, candidatura que por demás está decirlo, es un acto que vulnera por completo los preceptos establecidos en la Constitución hondureña y, que golpea a muerte lo poco que quedaba de institucionalidad.

Acompañar este proceso electoral en estas condiciones es legitimar un posible fraude electoral.

La ingenuidad no debe tener cabida en estos momentos, es decir, la oposición política debe tener claro que Juan Orlando y el Partido Nacional no han golpeado a muerte toda la institucionalidad para luego llegar a unas elecciones presidenciales con intenciones transparentes.

De haber existido un rechazo total a la candidatura de Hernández, la oposición política tendría en estos momentos en sus manos, la valiosa oportunidad de llegar al poder y restablecer la institucionalidad que tanto le hace falta a este país, para combatir de una buena vez la corrupción e impunidad que ahora campea a lo largo y ancho de toda Honduras.

Sin embargo, no se ha visto un accionar beligerante en contra de la reelección, como ya lo he dicho antes, la oposición no pasó de hacer unas cuantas declaraciones y comentarios sobre este atropello a la Constitución, la euforia les ha hecho creer que es posible mediante las elecciones arrebatarle el poder a Juan Orlando, me parece que esto es una apreciación incorrecta. Desde mi particular punto de vista, una oposición política más coherente y seria jamás debió haber permitido la reelección de un presidente que ha colocado sus intereses personales por encima de todo un pueblo.

Para quienes aún tienen duda de lo que afirmo en este artículo, basta con que se informen sobre la última (9/19/17) plenaria en el Congreso Nacional, con la ausencia de muchos diputados de la oposición, el Partido Nacional decretó criminalizar la protesta social.

Un réquiem para la oposición política catracha y, un padre nuestro para lo que está por venir.

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