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Sacerdote expulsado por el cardenal pide a Francisco que lo reintegre en su ministerio pastoral

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

El sacerdote Bernardo Font Ribot, separado arbitrariamente por el jefe de la iglesia católica hondureña Óscar Andrés Rodríguez pidió al Jorge Mario Bergoglio o papa Francisco que se lo reintegre porque considera que no cometió ningún delito en la compraventa de una vivienda y que por ese motivo se le retiró de ofrecer servicios religiosos.

En una carta revelada este viernes por Radio Globo, Font Ribot denunció la conducta abusiva del purpurado ya que, siguiendo «consejos» de sus asesores Juan José Pineda y Carlomagno Núñez, lo expulsó de la iglesia en 2015 y que lo llevó a una profunda depresión.

Cabe recordar que ConfidencialHN reveló en junio anterior las angustias vividas por el religioso que lo llevaron tener angustias, aflicción física y espiritual ya que Rodríguez, tras ser expulsado del clero luego que un abogado vividor lo acusara de haber estafado a una señora al permutarle una propiedad, sin que hasta la fecha haya efectuado las pesquisas de forma exhaustiva a fin de determinar cómo ocurrieron los hechos.

Una investigación respecto a este incidente, señala que hubo “un desajuste sicológico, que gracias al tratamiento especializado se mantiene vivo, pero está destruido sicológica y moralmente por el abuso cometido por el señor cardenal Óscar Andrés Rodríguez“.

LEA LA CARTA: 

Tegucigalpa, MDC, 5 de julio de 2018

Su santidad reverendísima
Papa Francisco
Ciudad del Vaticano
Su despacho

Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Mateo 16:18

Su bantidad Papa Francisco

Soy Bernardo Font Ribot, sacerdote católico apostólico y romano, ordenado el 24 de agosto de 1969 en la iglesia Mundo Mejor en Roma y dirigida por el padre Lombardi, soy de origen español y con residencia en Honduras, Centroamérica, y deseo en primer lugar rogar por su persona ante el Jesús crucificado, muerto y resucitado, para que su acción pastoral en la iglesia universal sea en pos de buscar el camino, la verdad y la vida que solo se puede encontrar en ese Cristo que se entregó por cada uno de nosotros.

También deseo informar a usted que conocí al cardenal Óscar Andrés Rodríguez Madariaga a través del padre Marco Renieri y el padre Juan Pablo Peluquín en la parroquia de la colonia Miraflores de Tegucigalpa, perteneciente a la arquidiócesis metropolitana de Tegucigalpa.

El padre Marco Renieri,consciente de que me encontraba dedicado al manejo y cuido de mi patrimonio personal heredado de mis padres y consistente en varias empresas de bienes raíces como acciones en compaías aéreas y otras tantas (tanto en Honduras como en Puerto Rico), no quiso perder la oportunidad y aprovechar mi humilde potencial para que les ayudase con los trabajos de la colonia Miraflores y por consiguiente en la arquidiócesis metropolitana de Tegucigalpa.

Al planteárseme dicha oportunidad dejé muy claro al responder que si se me permitía seguir llevando mis actividades empresariales, gustosamente podría ejercer el ministerio desde esa perspectiva, a lo que el Padre Renieri y el Padre Juan Pablo Peluquín me indicaron que todo estaría bien, siempre y cuando el Obispo de la arquidiócesis Monseñor Rodríguez Madariaga estuviera de acuerdo, adelantándome que el hoy cardenal Rodríguez Maradiaga era una persona muy amplia y que me iba a recibir en la arquidiócesis de Tegucigalpa, sin dejar mis negocios. Días después hablaron tanto el Padre Marco Renieri y el Padre Juan Pablo Peluquín, quien era el párroco, con el arzobispo Rodríguez Maradiaga.

Entonces, el arzobispo Rodríguez Maradiaga me invito a formar parte de la arquidiócesis, aclarándole yo, que si a él le parecía, podía pedir informes a Puerto Rico sobre mi conducta personal y mis bienes, a lo que él contestó «no abandone sus negocios, mejor ayúdenos» y al poco tiempo me nombró secretario ejecutivo de los medios de comunicación de la iglesia católica. Durante varios años estuve al servicio de la arquidiócesis de Tegucígalpa, Honduras, donde ayudé con el Ministerio, con los seminaristas del seminario mayor Nuestra Señora de Suyapa de la arquidiócesis y con toda la conformación de los diversos medios de comunicación católica en el país, hoy integrados en lo que se conoce como Suyapa TV. Continuaba con mis trabajos empresariales porque consideraba que de esa fuente podría ayudar más a la iglesia local.

Pero un día inesperadamente fui víctima de improntas calumnias del Abogado Jorge Alberto Maradiaga (abogado que se ha dedicado a este tipo de maniobras y las ha
hecho como un modus vivendi, sobre todo, aprovechándose de personas incautas), al quererme sorprender en la compraventa de un bien inmueble (un terreno) para sacar provecho personal de un sacerdote. El caso, por suerte, no pasó a más, quedando como un mal entendido y no hubo necesidad de demandas ni contrademandas ya que el mismo se solucionó de manera pacífica y a conformidad con las partes. Sin embargo, terminaba un mal entendido que se había solucionado sin la necesidad de llegar a los operadores de justicia civil, ignorando que comenzaba el peor de mis sueños al ser víctima de traición de mis propios compañeros de ministerio.

Días después, el cardenal Rodríguez Maradiaga, junto con sus dos asistentes en la arquidiócesis, el ahora (ex) obispo auxiliar Juan José Pineda Fasquelle y el padre Carlomagno Núñez, en una acción deliberada, el día 8 de febrero de 2005, me suspende del ministerio, sin la menor oportunidad de explicación y defensa a la que mínimamente podría aspirar. No se respetó el proceso canónico. «Señor Cardenal, no nos engañemos, en mi caso usted me castigó sin seguir un debido proceso, ya que jamás me llamó a ninguna audiencia, dejándose llevar por comentarios de subalternos o personas particulares, condenándome sin piedad, sin importarle el daño moral y social que me estaba haciendo para el resto de mi vida», dice la misiva que le envié al cardenal Rodríguez Maradiaga en 2015. Todavía hoy no tengo ni la menor idea del porqué se aprovechó un simple mal entendido que no tuvo ninguna repercusión legal ante las autoridades judiciales hondureñas para ser suspendido del ministerio dentro de la arquidiócesis de manera sorpresiva y sin misericordia.

Las preguntas obligatoriamente surgen en mi mente: ¿Económicante ya no era de provecho para el cardenal Rodríguez Maradiaga? ¿Fui víctima de envidias y calumnias provenientes de algunos hermanos religiosos que deseaban ascender a una posición de mayor poder en la arquidiócesis? ¿De manera equivocada se me involucró en la campaña de denuncias de la que era objeto el ahora obispo auxiliar Pineda Fasquelle, por su comportamiento homosexual, al cual terminé siendo desagradable para él y buscó venganza en la menor oportunidad? La verdad, sólo el cardenal y sus ayudantes incondicionales lo saben.

En el transcurso del tiempo he solicitado tres veces y por escrito al cardenal Rodríguez Maradiaga, me suspenda el castigo injusto pero nunca se dignó a contestarme, ignorándome con el mayor de los desprecios. lgualmente escribí a la Conferencia Episcopal de Honduras y tampoco obtuve respuesta. Esta situación me ha afectado mucho ya que me he visto traicionado, tirado de mi sagrada institución a la que he servido toda mi vida, marginado de mi feligresía, dañado en mi dignidad y probidad como sacerdote de la iglesia católica. Me he visto desde un principio obligado a tomar todos los tratamientos médicos prescritos contra la profunda depresión emocional en la que he caído.

Hoy espero que se haga justicia ya que mi situación sigue siendo cada vez peor, he quedado a merced de los pocos ingresos que me puedo agenciar para subsistir y pagar mis medicamentos. Tengo la esperanza de que un día seré reintegrado al servicio pastoral del que fui «usado y tirado», después de que di lo mejor de mi vida y mis recursos para apoyar las acciones de un arzobispo que hoy está henchido de poder y soberbia. Como humano que soy, debo confesarle Su Santidad, que he recurrido a las autoridades judiciales hondureñas, con el fin de resarcir el daño que el príncipe de la iglesia universal y máxima autoridad eclesial de Honduras, cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, me ha causado.

He procedido a entablar demanda por daños y perjuicios a mi persona y mis bienes, proceso que está activo en los tribunales de justicia de Honduras, cuyos resultados
aspiro sean a mi favor. De no ser así, procederé a las instancias internacionales de acuerdo a los tratados judiciales, comerciales, penales y de derechos humanos suscritos entre la República de Honduras y los demás países firmantes.

Estoy cansado, su santidad, de tanto atropello a mi persona y ver cómo se atropella a muchos sacerdotes de la iglesia católica en Honduras. Seguramente la Nunciatura
Apostólica hará de su conocimiento, la crisis dramática en temas tan delicados como la crisis de homosexualismo en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, y por cierto, está relacionada dicha crisis con el obispo auxiliar Juan José Pineda Fasquelle. Además, el descuido del clero hondureño: marginación y persecución de aquellos clérigos que no son afines al gobierno, pues penosamente la jerarquía, con pocas excepciónes, están en demasiada evidencia en complicidad con el sistema dictatorial y corrupto; silencio cómplice que la sociedad hondureña, lamenta de su cardenal y muchos miembros de la jerarquía.

Espero su santidad, usted pueda prestar interés a mi insignificante petición de búsqueda de una solución justa, ya que las instancias civiles no deberían superar a nuestra ley del amor predicado por nuestro Señor, mismo Evangelio en el que cree usted, yo y el señor cardenal. A mí avanzada edad sólo deseo dos cosas: la primera, que se me devuelva todo lo que he perdido desde mi expulsión hasta el día de hoy, tanto material como moralmente y la segunda, que se me reintegre a mi servicio pastoral que con amor al reino de Dios inicié hace más de 50 años y en cuyo oficio pastoral quiero dejar esta vida en la tierra.

Bernardo Font Ribot

Presbítero 

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