Se cumplen 18 años del consistorio que cambió la historia de la Iglesia

MADRID, ESPAÑA

(Por Julio Llorente para Infovaticana) Juzgar los acontecimientos presentes sin tener en consideración el pasado, los antecedentes, es un vicio especialmente característico del hombre contemporáneo, que tiende a valorar hechos concretos como si fuesen islotes emergidos milagrosamente donde antes sólo había agua.

Así, por ejemplo, muchos católicos culpan al Papa Francisco de cuantos males afligen a la Iglesia contemporánea, cuando un simple vistazo al pasado les demostraría que esto no es así, que muchos de los males que hoy son fácilmente observables vienen gestándose desde hace décadas, incluso siglos.

Del mismo modo que no podríamos comprender plenamente la crisis teológica de la Iglesia sin analizar antes el desarrollo del modernismo a lo largo del S.XX, no podemos juzgar debidamente sus problemas eclesiales sin detenernos antes en el Consistorio del 21 de febrero de 2001, cuando san Juan Pablo II creó cuarenta y cuatro cardenales.

Muchos de los cuarenta y cuatro cardenales creados entonces son de sobra conocidos hoy. Uno de ellos, de hecho, es el Sumo Pontífice. Mons. Jorge Mario Bergoglio, en aquel momento arzobispo de Buenos Aires, ya era famoso por su austeridad y sus desvelos por los desfavorecidos.

De hecho, vivía en un pequeño apartamento próximo a la catedral de Buenos Aires.

EL CONTUBERNIO DE ST. GALLEN. Algunos de los cardenales elegidos entonces han participado activamente del contubernio de St. Gallen, un grupo de presión constituido originariamente para modernizar la Iglesia (todos sabemos qué quiere decir eso) y para controlar la sucesión de Juan Pablo II.

Entre los primeros miembros, encontramos al cardenal belga Godfried Daneels, al británico Basil Hume o a los italianos Carlo Mario Martini y su compatriota Achille Silvestrini.

Tres de los cuarenta y cuatro cardenales creados aquel mes de febrero pasaron a formar parte de aquel grupo de presión: Walter Kasper – que hace unos días arremetía contra el manifiesto de fe (escrupulosamente ortodoxo) del cardenal Müller; Karl Lehmann, arzobispo de Maguncia, y Cormac Murphy-O’connor, arzobispo de Westminster.

La actividad del contubernio de St. Gallen no cesó tras la elección de Joseph Ratzinger (elección que sus integrantes no deseaban bajo ningún concepto); al contrario, se avivó.

Los cardenales que pertenecían a él emprendieron una feroz campaña contra Benedicto XVI, criticándolo en público y reclamando abierta una Iglesia más ‘abierta’ – esto es, más mundana – y menos ‘antipática’ – esto es, menos dogmática -.

En su libro The great reformer. Francis and the making of a radical Pope, el periodista inglés Austen Ivereigh, que fue director de relaciones públicas del cardenal Murphy-O’connor, desvela información verdaderamente trascendental sobre la actividad del contubernio en los días previos al cónclave de 2013.

Así, de acuerdo con él, O’connor, Kasper, Daneels y Lehmann ejercieron una notable presión para que Bergoglio fuese elegido como sucesor de Benedicto XVI.

MCCARRICK Y MARADIAGA. En aquel Consistorio, fueron creados cardenales también el entonces arzobispo de Washington, Theodore Edgar McCarrick, y el arzobispo de Tegucigalpa, Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga.

Ambos personajes son de sobra conocidos hoy, y no precisamente por causas distintas. Recordemos, antes de nada, que McCarrick fue reducido hace unos días al estado laical por la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¿El motivo? Haber violado el sexto mandamiento abusando sexualmente de menores y adultos, así como haber profanado el sacramento de la Confesión con el agravante de ‘abuso de poder’.

¿Y qué tiene esto que ver con el cardenal Maradiaga, hombre de confianza del Papa Francisco? En realidad, como nos revela el famoso informe Viganò, mucho. Según el exnuncio apostólico en Washington, el arzobispo de Tegucigalpa habría encubierto durante años al condenado McCarrick: ‘Los nombramientos de Blase Cupich en Chicago y de William Tobin en Newark fueron orquestados por McCarrick, Maradiaga y Wuerl, que están unidos por un pacto infame de abusos por parte del primero, y de encubrimiento de los abusos por parte de los otros dos. Sus nombres no figuraban entre los presentados por la Nunciatura para Chicago y Newark’.

Pero, claro, Maradiaga es uno de los más próximos asesores del Pontífice: ‘Maradiaga se siente tan seguro de la protección del Papa que puede tachar de “cotilleos” los llamamientos insistentes de decenas de seminaristas suyos, que han tenido la valentía de escribirle una carta después de que uno de ellos intentara suicidarse debido a los abusos homosexuales que se cometen en el seminario’.

Lista de cardenales creados
Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires.
Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa.
Claudio Hummnes, arzobispo de Sao Paulo.
Karl Lehmann, arzobispo de Maguncia y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana.
Walter Kasper, alemán, secretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.
Cormac Murphy-O’Connor, arzobispo de Westminster.
Theodore Edgar McCarrick, arzobispo de Washington.
Francisco Javier Errázuriz Ossa, arzobispo de Santiago de Chile.
Giovanni Battista Re, italiano, prefecto de la Congregación para los Obispos.
Edward Michael Egan, arzobispo de Nueva York.
Zenon Grocholewski, polaco, prefecto de la Congregación para la Educación Católica.
Audrys Jouzas Backis, arzobispo de Vilna.
Ivan Dias, arzobispo de Bombay.
Wilfrid Fox Napier, arzobispo de Durban, Sudáfrica.
Crescenzio Sepe, italiano, secretario general del comité del gran Jubileo del Año 2000.
Francisco Alvarez Martínez, arzobispo de Toledo.
Jorge María Mejía, argentino; archivero y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana.
José González Zumárraga, arzobispo de Quito.
Pedro Rubiano Sáenz, arzobispo de Bogotá.
Ignacio Antonio Velasco García, arzobispo de Caracas.
Juan Luis Cipriani Thorne, arzobispo de Lima.
Julio Terrazas Sandoval, arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.
Geraldo Majellas Agnello, arzobispo de San Salvador de Bahía, Brasil.
José da Cruz Policarpo, patriarca de Lisboa.
José Saraiva Martins, portugués, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.
Johannes Joachim Degenhart, arzobispo de Paderborn, Alemania.
Leo Scheffczyk, prelado de la archidiócesis de Múnich.
Agostino Cacciavillan, italiano, presidente del Patrimonio de la Sede Apostólica.
Severino Poletto, arzobispo de Turín.
Sergio Sebastiani, italiano, presidente de la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede.
Mario Francesco Pompedda, italiano, prefecto del Tribunal Supremo de la Sede Apostólica.
Roberto Tucci, italiano, sacerdote, presidente de Radio Vaticano.
Louis Marie Billé, arzobispo de Lyon.
Jean Honoré, arzobispo emérito de Tours.
Desmond Connell, arzobispo de Dublín.
Avery Dulles, jesuita, profesor emérito de la Universidad Fordham de Nueva York.
Lubomyr Husar, arzobispo mayor de Leópolis, Ucrania.
Marian Jaworski, arzobispo de Leópolis de los Latinos.
Janos Pujats, arzobispo de Riga.
Francois Xavier Nguyen van Thuan, vietnamita, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz.
Ignace Moussa Idaoud, sirio, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales.
Varkey Vithayathil, arzobispo mayor de los sirios-malabareses de la India.
Bernard Agré, arzobispo de Abidjan, Costa de Marfil.
Stephanos II Ghattas, patriarca de Alejandría de la Iglesia Cristiana de los Coptos.

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