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Si soy pecadora…a mucha honra

(Por Martha Alegría) Cuando se produce una situación controversial, ya sea política, religiosa o de cualquier tipo, es lógico que afloran toda clase de opiniones. Todo depende del tipo de gente: opiniones que dependen de su educación o actitud, personas impulsadas por intereses personales, personas obcecadas, fanáticas, que no ven sino solo lo que quieren ver, personas buenas, malas, etc. Desde el momento en que concedí mi primera entrevista sabía que esto es así.

La semana pasada recibí un mensaje de una supuesta «amiga», en la cual me dice que publicando mis experiencias y otros artículos, estoy pecando contra la iglesia que es una institución santa fundada por nuestro Senor Jesucristo y me ordena que debo estar en silencio.

Doy por un hecho que habrán otras personas que opinan igual que ella aunque no me lo digan y es por eso que deseo compartir mi respuesta para dejar las cosas claras: En ningún momento he hablado contra la iglesia como institución, sino contra quienes la corrompen y la desprestigian. Amo a mi iglesia y si la amo, la defiendo y lo hago atacando el mal que hay dentro de ella. Si usted cree que la iglesia se defiende ocultando el mal dejándolo proliferar más y más…respeto su opinión pero hay quienes queremos una iglesia limpia y transparente donde Dios sea respetado en todo sentido. Recuerden las palabras del papa Benedicto XVI: El mal que hay dentro de la iglesia no viene de afuera, nace con el pecado dentro de ella. Si un papa tiene el valor de denunciar esto, ¿por qué no lo voy a tener yo que sufro las consecuencias de esa maldad?

Para que el mal triunfe, basta que los hombres de bien no hagan nada, esa es una frase famosa de Edmund Burke. Creo que siendo como el avestruz que mete la cabeza bajo la tierra ante un peligro, no se arregla nada. A mí solo Dios me basta y por ese Dios sigo adelante. Tengo la bendición y apoyo de muchos amigos sacerdotes de varias nacionalidades, aún dentro del Vaticano y eso es lo importante.

Es imposible quedarme de brazos cruzados y con la boca amordazada, precisamente porque soy victima de esa podredumbre. No olviden que como todo ser humano… tengo dignidad y no existe humano que no se rebele ante su dignidad pisoteada, y lo que es peor, pisoteada por otro ser humano que lleva vestiduras sagradas y un crucifijo en su pecho. Nadie, absolutamente nadie sabe lo que significa ser víctima del Cardenal Rodrìguez, el sufrimiento que nos genera y los daños psicológicos que nos afectan.

Lo sabemos solamente las víctimas. El padre Bernardo Font estuvo mucho tiempo en tratamientos psicológicos por el mismo motivo. Son tres años los que permanecì en silencio hasta que decidí decir ¡basta! Reconozco que, posiblemente, estoy padeciendo de comportamiento obsesivo compulsivo, reacción natural de mi psiquis ante los vejamenes sufridos.

Mi amor por Cristo nadie lo puede rebatir. Quien haya leído mi libro Yo te encontré lo habrá podido comprobar. Mis relatos y poesías son irrefutables y es en ese libro donde está plasmado mi incondicional amor a Jesús. Con mi actitud estoy siendo coherente con las palabras que allí expreso. Sé que la iglesia es indestructible porque es divina, o sea que atravesar por momentos difíciles no la hace tambalear, lo que sí la puede hacer tambalear es dejar que la podredumbre que la infecta, crezca más y más a la vista, paciencia y tolerancia de todos sin que nadie haga nada. Hay que aparender amar a Dios más que al hombre. Es, sobre todo, la prensa católica internacional la que más está denunciando los casos de Honduras; también algunos periódicos digitales hondurenos y algunas de las víctimas. Sin denuncia y sin presión, es imposible que se resuelvan los casos.

Una de las cosas que me hizo decidir a emprender mi lucha, fue la respuesta de un sacerdote ante mis dudas: «cuando un cuerpo está afectado por un tumor canceroso, el tumor hay que extirparlo, aunque el cuerpo sangre, aunque duela, de lo contrario el cuerpo nunca sanará». Más adelante, cuando le expresé mi dolor por el sufrimiento de la iglesia a un santo monseñor del Vaticano que sabe todo esto y lo que me han hecho, me respondió: «pero yo no le puedo pedir a usted que no haga nada». Con esto, quiero decir que nadie, absolutamente nadie tiene al autoridad moral para llamarme pecadora ni mucho menos.

Para mí, amar a Cristo no se limita en no ofenderlo, sino en atacar el mal que lo ofende. Si para otras personas amar a Cristo significa encubrir a quien lo ofende, respeto su pensar. Pero eso sí, pido que el mío sea respetado.

La gente es así. Por eso mi preferencia por el reino vegetal. Soy inmensamente feliz, entre árboles, plantas y flores porque esa es la obra perfecta de Dios. El ser humano es imperfecto y alejarme de ese género, me hace mucho bien. Tengo claro quiénes son mis amigos y los tengo maravillosos… ellos me bastan; lo demás, sale sobrando. Eso sí, no puedo dejar de agradecer a tanta gente que aún sin conocerme, me manifiesta su solidaridad. Que Dios los bendiga.

No me cansaré de repetir que mi guía y mi bandera son las Sagradas Escrituras, por eso soy fuerte en el señor y en su gran poder. Me pongo toda la armadura de Dios para poder mantenerme firme contra todas las estrategias del diablo. No participo en las obras inútiles de la maldad y la oscuridad, al contrario, las saco a la luz. Esto es lo que hago porque es lo que Dios me indica que haga y si esto es causa para llamarme pecadora…pues soy pecadora… y a mucha honra.

Termino con esta poesía que escribí hace varios meses. Las poesías son la voz del alma y del corazón y el corazón no engaña. Dios conoce mi corazón y eso me basta…estoy en paz.

GUÍA MIS PASOS

Llévame donde me quieras llevar

porque quiero hacer lo que quieras que haga

guía mis pasos…guía mi andar

porque quiero llegar donde quieras que vaya.

Alumbra con antorchas mi largo camino

porque oscuro y tenebroso es el sendero

quiero ver la luz iluminando mi destino

para consguir la paz que quiero.

Estoy cargando tu pesada cruz

siguiendo el camino por donde vas

con este peso que a veces me agota

pero con la fuerza que me das.

Estás junto a mí, mi amado Señor

lo percibo, lo intuyo, lo siento

y claramente puedo escuchar

en suave secreto tu cálida voz.

Nunca me sueltes de tu mano

llévame donde me quieras llevar

haré lo que quieras porque te amo

iré donde me hagas llegar.

Martha Alegria.

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