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Siguen las intervenciones legislativas

(Por Edmundo Orellana) Una nueva intervención acometerá el Congreso Nacional. Ahora es en el Registro Nacional de las Personas (RNP).

Después de la frustrada intervención del legislativo en el MP, quedó claro que los diputados, cuando deciden estas intervenciones, no tienen el mínimo interés de resolver problemas. En esa oportunidad, los interventores presentaron un informe advirtiendo sobre los problemas encontrados, por cierto, numerosos y significativos. Sin embargo, ninguna medida encaminada a resolverlos fue adoptada. No era ese el interés, por supuesto.

Muchos de los problemas descubiertos en el MP encontraban su origen en el manoseo político de la institución. Lo mismo sucede con el RNP. Con la diferencia de que en este, todos los problemas son consecuencia del descarado manoseo político de los partidos.

Que la condición de nacional o de ciudadano pueda ser obtenida fácilmente por cualquier persona extranjera, debía ser motivo de preocupación. Pero que esté al alcance de nacionales de países vinculados con el terrorismo internacional, es una tragedia para los hondureños. En todo caso, el hecho de que el documento más importante de un país pueda ser obtenido con facilidad por cualquier extranjero, es una clara demostración de que la institución responsable de expedirlo no es, como está obligada, garante de la nacionalidad y de la ciudadanía de los hondureños.

Pero no es culpa del RNP. La responsabilidad del desastre de esta institución es de los políticos. Desde que decidieron vender la nacionalidad, obligando a esta entidad a expedir documentos a favor de quienes la compraban, pervirtieron la función del registro civil, y, por otro lado, propiciaron uno de los casos de corrupción de mayor envergadura de la historia del país, en el que participaron políticos, empresarios, extranjeros y hasta altos funcionarios de la Embajada de Estados Unidos con los aproximadamente doscientos mil pasaportes que se expidieron sin registro oficial en el Banco Central, cuyo valor en el mercado negro alcanzó cifras millonarias, considerando que ocurrió en fechas próximas a que Hong Kong pasará a la República Popular China.

En los departamentos fronterizos, los caudillos políticos acostumbran a cedular a los centroamericanos de los municipios vecinos, con la condición de que voten por su partido en las elecciones. Esta práctica que conspira contra la seguridad del sistema político, la democracia y la nacionalidad hondureña, provocó la animadversión de los partidos políticos hacia el recién creado MP, cuyos jovencísimos fiscales exigían el apego estricto a la ley en los procedimientos de reposición de partidas de nacimiento en la jurisdicción voluntaria, lo que dio lugar frente a la resistencia del MP de ceder a las exigencias de los partidos políticos, a trasladar esta función al RNP, reformando la ley respectiva, con lo que se eludía la participación del fiscal y se abrían las puertas de la nacionalidad a todo extranjero.

¿Cuántos extranjeros portan nuestra nacionalidad ilegalmente? ¿Cuántos terroristas? ¿Cuántos narcotraficantes extranjeros? Nadie está en capacidad de decirlo. Pero cada viajero que porta pasaporte hondureño es observado con sospecha por las autoridades de migración en todo el mundo.

De este desastre en la seguridad nacional y en la condición legal del hondureño, responsables son los partidos políticos por su manoseo de la institución. Ellos son los culpables de que no se profesionalice ni se modernice y, además, de que no se depure el Censo Electoral, que manipulan a su conveniencia. Que no nos extrañe, entonces, que voten extranjeros y hasta muertos; que nos trasladen de domicilio, arbitrariamente el día de las elecciones; o, simplemente, que manoseen la entrega de identidades.

Ahora pretenden hacernos creer que son los salvadores del registro del estado civil. Que resultado de esa intervención que están por acometer, será la seguridad de que solo los ciudadanos hondureños, por nacimiento o naturalización, portaremos tarjeta de identidad, que el Censo Electoral será depurado y que nadie podrá ser arbitrariamente distanciado de su centro de votación. Aunque muy poco se dice de ese apetitoso motivo que ha irrumpido en el ambiente político, la licitación de una nueva tarjeta de identidad.

Yo no sé usted, estimado lector, pero yo no les creo.

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