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Trump y el pecado original de EE.UU.

(Por: Filiberto Guevara Juárez) El título del presente artículo puede resultar un poco raro. Pero antes de entrar en materia sobre el asunto, es bueno saber que la nación estadounidense es producto de inmigrantes anglosajones y de otros países del globo terráqueo; los cuales le imprimieron su propia particularidad como nación. Su liberalismo en lo político y en lo económico, es naturalmente de origen anglosajón. Al grado tal, que Thomas Jefferson, uno de sus padres fundadores y presidente de esa gran nación del norte, sentenció: “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

Pero EE.UU. tiene un pecado original como nación: el racismo, que por culpa de Trump y una minoría de ese país, ha crecido como mal hasta convertirse en xenofobia. Es por eso, que la culta clase política republicana y demócrata estadounidense, ante las recientes declaraciones cargadas de odio y racismo del Sr. Trump, después de quedar estupefactos ante tales insultos irracionales contra los inmigrantes salvadoreños, haitianos y africanos, así como implícitamente contra los inmigrantes de muchos otros países; dicha clase política culta, después de quedar estupefacta; han reaccionado inmediatamente ante la vergüenza que le produjeron las palabras soeces del Sr. Trump, porque quizás en el fondo, les reaviva el pecado original que tienen como nación, al recordarles que en el periodo de la conquista por parte de los primeros extranjeros que llegaron a su territorio, cometieron el pecado de eliminar físicamente a una gran parte de los aborígenes de dicho territorio, y a la otra parte la confinaron a reservas especiales.

Después, contradiciéndose políticamente, sometieron a la esclavitud a seres humanos de raza negra, de lo cual aún hoy, se avergüenzan. Eso prácticamente no sucedió en el resto de los países de América Latina, lo cual es motivo de orgullo para nuestras naciones. Es más, en la Constitución Federal de Centroamérica, de 1824, mucho antes que los EE.UU., nuestros padres fundadores abolieron la esclavitud.

Los latinoamericanos en particular no somos países de m…. A pesar de la pobreza relativa en que vivimos por culpa de quienes al gobernarnos han cometido muchos errores, tales como ser lacayos de algunos de los gobernantes imperiales de los EE.UU.; nosotros somos un pueblo valiente y luchador y tampoco somos racistas y mucho menos xenofóbicos. Los soldados latinoamericanos que han formado parte de las fuerzas armadas del ejército de EE.UU., han peleado con bravura para defender los intereses de esa gran nación del norte, y en el frente de batalla han caído valientemente como muchos hijos de anglosajones.

Los latinoamericanos por derecho de nacimiento somos más americanos que los hijos de anglosajones. Es duro recordarlo, pero cuando los EE.UU. eran un naciente imperio le arrebataron por la fuerza casi la mitad de su territorio a nuestros hermanos mexicanos. Así pues, ellos no atraviesan sus fronteras cuando se saltan el muro que tanto promueve el Sr. Trump. El cual no tiene ningún sentido contra los americanos del sur.

Además, los inmigrantes latinoamericanos trabajan duro de sol a sol y bajo el inclemente frio en los campos y las ciudades de los EE.UU., contribuyendo con sangre sudor y lágrimas a su desarrollo. Los panes y las frutas que día a día llegan a la mesa del noble pueblo estadounidense, son producto del esfuerzo hasta el agotamiento físico de muchos inmigrantes latinoamericanos.

Se debe saber también, que quienes realmente generan empleo en los EE.UU., no son principalmente los ricos como el Sr. Trump; sino quienes consumen los productos a lo interno de EE.UU. y en resto de los demás países. Se debe tener presente también que la balanza comercial de EE.UU., con el global del resto de los países de América Latina, es favorable para los EE.UU.

Por todo lo anteriormente expuesto, los latinoamericanos en particular, nos sentimos indignados y ofendidos hasta el extremo por el maleducado Sr. Trump. El cual se ha constituido en una vergüenza para el noble pueblo estadounidense. Aun con todo y su pecado original como nación, el noble pueblo estadounidense se merece un mejor presidente.

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