¿Un tercer período?

(Por Edmundo Orellana) El rumor es fuerte y viene del mismo partido de gobierno. “El hombre” está evaluando seriamente asegurarse un tercer período.

Repetirá su discurso de que no permitirá distracción alguna en sus altas responsabilidades, a las que dedica 24 horas diarias, pero si el pueblo, que -según él- delira por verlo de nuevo en un tercer período, consciente de que solo él puede garantizar que siga lo bueno, se lo ordena, él humildemente, obedecerá, fiel a su conducta de leal servidor de los mandatos del pueblo y de su partido. Sin embargo, por el bien de la patria, pedirá que no lo importunen con las molestas y enfadosas minucias de la campaña, a la que habrán de dedicarse sus leales seguidores, con las consecuencias que de ello se deriven.

Esas candidaturas en ciernes de correligionarios suyos que ya se atisban, incluso las amenazas de unirse en torno a uno que no sea él, está seguro de impedirlas recurriendo al expediente de siempre, el presupuesto, a su total disposición, y concediendo cuotas de poder. Confía que al conjuro del dinero y del poder todos terminarán a su lado.

La oposición política no será un problema; es más, nunca lo ha sido. De eso, hoy está más seguro que nunca “el hombre”, porque, luego de encontrarse en una situación de extrema debilidad, al inicio de este período, pasó, gracias a las torpezas en que incurrió la oposición política, a una posición tan consolidada que resistió, sin sufrir mengua alguna, los ataques virulentos del energúmeno Trump, con sus acusaciones de que el gobierno se roba la cooperación gringa, y el acecho a su entorno político y familiar, de la justicia, con acusaciones de corrupción por la fiscalía hondureña y de narcotráfico por las cortes federales estadounidenses, de las que, sorprendentemente, salió fortalecido, según se deduce de la recepción que tuvo recientemente en Washington, puesto que el gobierno y la misma DEA lo reconocieron como si fuera el nuevo “zar antidrogas” en Centroamérica, y, por los vientos que soplan desde el norte, la lucha anticorrupción, muy pronto, no será más que un grato recuerdo para el pueblo hondureño. ¡Que se bajen de esa nube aquellos que sueñan que los gringos harán nuestro trabajo!

En estas circunstancias, la oposición opta por integrarse al sistema. Ahora son tres, en lugar de dos, como ha sido lo tradicional, los partidos que participan en el cogobierno. En esta partición, el mayor perdedor es el PL -que, por cierto, un amplio sector se resiste a ese cogobierno-, cuyos espacios fueron ocupados por Libre, que aprovechó la crisis interna de los liberales para colocarse como el interlocutor más importante de la oposición ante el gobierno, pasando de ser el que más virulencia destilaba desde la oposición, a ser el más ferviente partidario del cogobierno. El futuro, siempre incierto, determinará la ubicación final de esas piezas del ajedrez político aldeano.

Esto explica por qué esas opciones partidarias no despiertan interés en esa gran masa de ciudadanos que históricamente se abstienen de votar en las elecciones, entre estos los jóvenes a quienes esos partidos han sido incapaces de garantizarles un futuro digno.

Los líderes que apenas ayer convocaban multitudes en las calles, apoderándose de estas y provocando pánico entre las élites políticas tradicionales, pasaron a ser un recuerdo. Nasralla, por ejemplo, quedó solo, sin partido y con escasos partidarios. Ya no es aquel fenómeno que entusiasmaba a las masas hasta el paroxismo y que empujaban con fuerza hacia la presidencia. Desilusionado por las traiciones, cotidiana práctica en política, y atrapado en los encantos de su condición de novel papá, con embelesos de abuelo, ha bajado su perfil político, al grado de que ya no aparece como una opción real de triunfo.

El indiscutible líder de Libre, convencido de que ya no es el dueño de la calle, declara que no será candidato. Decisión que provocará luchas internas de alta intensidad, porque ese es un partido de una sola persona. No hay nadie que ocupe su lugar.

Lo siguen a él, no a una ideología ni a una idea o posición política, porque es la víctima del golpe de Estado que devino en líder único de su propio partido y ya es reputado caudillo. Los partidarios de Libre, no gritan ¡viva Libre!, sino ¡viva Mel! En público dicen únicamente lo que el caudillo dice en privado y en público. En esas circunstancias, Libre no tiene opciones sin Mel, salvo con Iris Xiomara, a quien ven como una extensión suya, aunque tenga méritos personales sobrados para brillar con luz propia.

Si este es el real escenario político, le es muy favorable a la candidatura inconstitucional del gobernante, porque tiene a su favor un as más bajo la manga: concentra en sus manos férreamente el poder para hacer realidad sus caprichos continuistas. En política, empero, nada está escrito en piedra. Lo que hoy es, mañana puede no serlo; además, la historia es una buena maestra en estos temas. Pero la palabra final siempre la tiene el pueblo.

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