Viceversa

(Por Lenin Alfaro) Prácticamente estamos llegando a la recta final, las elecciones generales están a escasos días y los plazos en el calendario electoral se van cumpliendo, a pesar de los pesares, como diría mi abuela, una mirada al pasado cercano (2013) nos puede dar una idea de lo que podemos esperar para este evento electorero de finales de noviembre y un repaso a los acontecimientos políticos de los últimos 48 meses nos puede volver expertos adivinos y poder presagiar que sin importar quién gane; nada va a cambiar en Honduras.

Y no crea amigo lector que mi opinión acerca de que las cosas no van a cambiar son producto de un negativismo enraizado o producto de mi “mala leche» hacia los candidatos en contienda, ¡no! No es por ahí que va la cosa, es simplemente sobriedad, los que todavía estamos sobrios en este país y no andamos ebrios por ambiciones personales o de argollas, todavía podemos anteponer la razón al sentimentalismo partidario o a las ansias de una chamba que pone loquito a más de alguno.

Las encuestas realizadas por la prestigiosa casa de noticias Radio Globo, ponen en primer lugar al candidato de Libertad y Refundación y en segundo lugar al candidato del Partido Nacional y actual ocupante de casa presidencial, quedando en tercer lugar el presidenciable del Partido Liberal, resultados que no son de extrañar, puesto que de cerca y de lejos se ve el descontento de muchos hondureños con el actual régimen; el descontento es en muchos ciudadanos, pero no en la mayoría, puesto que el candidato ilegal a la reelección presidencial, se encuentra únicamente a seis puntos de distancia del candidato de Libre y el universo de indecisos sobrepasa el 33 por ciento.

Al estar en juego en la democracia burguesa, particularmente la ideología liberal y sus candidatos liberales, las posibilidades de un cambio verdadero para nosotros y nuestras generaciones futuras son nulas, así que gane quién gane seguiremos siendo vasallos de los gringos y seguiremos viviendo de las remesas e importando la carne de cerdo, el arroz, los frijoles y el maíz, seguiremos viviendo en un modelo comercial «turcocratico» (compra barato-vende caro), donde se importa todo, amparados en un leonino tratado de libre comercio (TLC) , seguiremos teniendo un gobierno asistencialista y populista, con bolsas solidarias y bono diez mil.

Y lo peor de todo, con una nueva Constitución, salida de una Asamblea Nacional Constituyente, creada más bien pensada en evitar las extradiciones de parientes y amigos que en el desarrollo del Estado.

«Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”: Fidel Castro.

Y todo esto bajo el abrigo de la ideología clasista que nos ilusiona con promesas de ir sacando de circulación a los que no hacen las cosas con honestidad, pero engañando (al que se deja engañar, claro está) a los electores con la premisa de que son las personas y no el sistema lo que ha fallado. Pero es precisamente el sistema el que crea a las personas que nos han fallado.

Así que, viéndolo bien, el sistema se va a perpetuar, solo veremos este pequeño cambio: los cincuentapeseros de ahora se convertirán en oposición y viceversa.

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