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TEGUCIGALPA, HONDURAS

El expresidente de Honduras y otrora hombre fuerte del fútbol, Rafael Callejas y el exdirigente deportivo Alfredo Hawit han sido suspendidos de por vida de cualquier actividad relacionada con el balompié, notificó este lunes la Cámara de Enjuiciamiento de la FIFA.

La resolución del organismo dependiente de la Comisión de Ética de la FIFA sentenció que tanto Callejas como Hawit, expresidentes de la Fenafuth quedan suspendidos para siempre «toda actividad relacionada con el fútbol, tanto en el plano nacional como internacional».

Con el pronunciamiento del tribunal deportivo, los dos exdirigentes ya no podrán acceder a perpetuidad a cargos relacionados con el fútbol, ya sean administrativos u otros, por su vinculación con la megatrama de corrupción descubierta en 2015, denominada “Fifagate”.

Cabe recordar que Callejas y Hawit están bajo arresto domiciliario en EE.UU. por sus relaciones en el pago y recepción de sobornos en el Fifagate; ambos recibirán condenas a principios de 2017, luego que se declararan culpables por actos de corrupción en el organismo deportivo y que fueron llevados a cabo en EE.UU.

ANKARA, TURQUÍA

(Spútnik Mundo / Actualidad RT) De acuerdo con los medios turcos, el embajador ruso Andreí Kárlov fue atacado durante una visita a una exposición  de fotografía del Centro de Arte Contemporáneo de la capital turca.

El embajador falleció al ser atendido en un hospital cercano. La agresión, además, se produjo cuando el diplomático pronunciaba un discurso.

El embajador ruso se encuentra herido de gravedad y ya ha sido trasladado a un centro hospitalario, informó la cadena NTV.

Según el corresponsal del diario turco Hurriyet, en un primer momento, el agresor realizó un disparo al aire y después disparó al embajador por la espalda.

Testigos informan de un tiroteo entre los agresores que atacaron a Kárlov y la policía. Por el momento, los medios turcos han informado de que el incidente se ha saldado con tres heridos.

El Ministerio de Exteriores de Rusia ha confirmado que el embajador resultó herido como consecuencia del ataque.

Se informa que el asesino del embajador ruso en Turquía mostró credencial oficial de Policía turco.

De acuerdo con los testimonios de personas allí presentes, el atacante disparó al embajador por la espalda cuando Kárlov estaba terminando su discurso en la ceremonia de inauguración de la exposición. Después de recibir los disparos, el embajador cayó desplomado al suelo.

Tras el atentado, la policía turca ha iniciado un tiroteo con el asaltante del embajador ruso, según los testigos.

– Se informa que durante el atentado se han producido tres heridos.
– El autor de los disparos ha sido neutralizado por la Policía.
– Las autoridades turcas han reforzado la protección de la Embajada rusa en Ankara.
– Moscú ha calificado lo ocurrido de «acto terrorista». Por su parte, las Naciones Unidas han condenado el asesinato de Kárlov.

La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, ha señalado que el asunto se incluirá en la agenda del Consejo de Seguridad de la ONU. Desde Rusia también han afirmado que los que están detrás del asesinato de Kárlov en Turquía serán castigados.

(Por Víctor Meza) En los regímenes dictatoriales, y sobre todo en aquellos que evolucionan hacia un sistema totalitario, es práctica común la hipocresía colectiva como categoría cotidiana. La costumbre de fingir se convierte en un verdadero arte de la supervivencia. El temor permanente a ser considerado un disidente, no se diga ya un opositor activo, obliga al ciudadano a vivir en una especie de fingimiento constante. Y, a partir de esta simulación necesaria, se conforma un entorno en donde prevalece la doble moral.

En la antigua Unión Soviética, en la década de los años sesenta, era común escuchar un chiste del más puro humor negro. ¿Quién es la persona más valiente en una tertulia improvisada?, preguntaba el narrador. Y él mismo respondía: el que cuenta un chiste político en presencia de un desconocido. Y así era, nadie, o muy pocos, se atrevían a contar chistes que hicieran mofa de los gobernantes de entonces. Hacerlo era un acto de osadía que podía costar muy caro. Y, a pesar de todo, siempre se hacía, por aquello de que nunca faltan los valientes… o los irresponsables.

El autoritarismo genera condiciones para que se implante la doble moral como ambiente político indispensable. El ciudadano vive en el permanente temor de ser descubierto en sus reales pensamientos y, por lo mismo, se ve forzado a fingir, a vivir en la encrucijada de una moral de doble valor y significado. En la oficina o en la fábrica proclama su adhesión al régimen y defiende sus iniciativas. En la intimidad de la alcoba, confiesa a su pareja las dudas y vacilaciones. Los círculos de amigos se van volviendo cada vez más cerrados y selectivos, la confianza colectiva se evapora lentamente, al mismo tiempo que se debilita y fracciona el capital social del país. La desconfianza se implanta como norma diaria de convivencia cautelosa. Y así, poco a poco, la sociedad se va transformando en una masa desconfiada, calculadora y, con frecuencia, oportunista.

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En circunstancias semejantes, no es casual entonces vivir en un mundo en que la hipocresía se extiende y amplía como si fuera una peste incontenible. Los gobernantes la cultivan casi con delectación de artistas. Los políticos la utilizan en sus arengas demagógicas y en sus maniobras públicas y clandestinas, de la misma forma que el ciudadano común la necesita y acude a ella como un mecanismo de defensa y salvación.

Los ejemplos sobran, pero hay uno que, por inmediato y sustancial, vale la pena mencionar. Se trata del tema del continuismo presidencial. Durante meses, el gobernante fingía reclamar a sus partidarios por su devoción reeleccionista y les pedía, casi compungido, que lo dejaran trabajar, que la reelección no era un asunto que ocupara sus profundas meditaciones de gobernante abnegado y diligente. Simulaba enojo, cuando en el fondo sentía regocijo. Era su manera de fingir. Y lo mismo sucede en ciertos círculos de la llamada oposición política. Fingen oponerse pero claudican, simulan el rechazo pero negocian el acuerdo o la paga. También aquí se cuecen habas y la doble moral campea por sus fueros.

Hoy, el gobernante ya no pretende ni siquiera ocultar sus verdaderas intenciones, pero siempre considera necesario hacerlas aparecer como si fueran un sacrificio, una respuesta humilde ante el reclamo de su pueblo, un acto de compromiso sincero con el “clamor popular”. Otra vez el fingimiento y la falsedad.

La hipocresía colectiva camina de la mano con el temor y la incertidumbre del ciudadano de a pié. Y también con su indignación personal y frustración social. Todo ello conduce al cinismo como práctica cotidiana y aceptada. Nos vamos volviendo cínicos como cuerpo social, mentirosos, desconfiados y oportunistas. Y para rematar, todo esto se reviste de un pensamiento ilusorio, el célebre wishful thinking inglés, que le permite al régimen repetirnos todos los días que Honduras está cambiando y que cada vez disfrutamos de una vida mejor… Y, lo peor de todo, hay idiotas que se lo creen…

Da pena ver a caravanas de jóvenes que se suman a la falsa algarabía de los simuladores políticos, les hacen el juego y se integran en esa ola de falsedad e hipocresía creciente, simulando ellos también entusiasmo y fe en las promesas de la demagogia militante. Uno quisiera observar otra actitud, la de la rebeldía juvenil, el rechazo a la mentira, el repudio beligerante contra los falsos líderes. Pero no, o al menos todavía no. A lo mejor mañana… ¡Ojalá!