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Violencia imparable y “tazón” de seguridad en Honduras

Por : Juan Alfaro Posadas

La vorágine de la violencia sigue imparable en Honduras, aunque Juan Orlando Hernández Alvarado (JOHA) se llene la boca diciendo en sus intervenciones públicas que “se les terminó la fiesta a los delincuentes”.

El jefe del poder Ejecutivo también afirma con acentuada ironía e hipocresía, que “Honduras está cambiando”, cuando en la práctica todos sabemos que operan libremente los sicarios en motocicletas y los escuadrones de la muerte en lujosos vehículos blindados.

Todos los días se registran muertes violentas en el país, y por lo menos una matanza por semana, sin que las autoridades policiales den con el paradero de los verdaderos autores materiales e intelectuales.

Para el caso, la noche de este miércoles fue abatido a balazos en el bulevar Fuerzas Armadas, a la altura de la Universidad Pedagógica Nacional “General Francisco Morazán” (UPN-FM) de la capital, el ex dirigente magisterial Armando Gómez Torres.

Esas muertes se registran a pesar del multimillonario “tazón de seguridad” y de tanto cuerpo armado que ha constituido el señor Hernández Alvarado, para blindarse en el poder, violentando la Constitución y las leyes.

En nuestro país la vida no vale nada, aunque la ley primaria de la República afirme que el fin supremo del Estado es la preservación de la especie humana, y que “no existen clases privilegiadas”.

El sistema de seguridad y de justicia del país está concebido para favorecer a las minorías acomodadas que han tomado por asalto al Estado y empobrecido a las grandes mayorías silenciosas.

Asimismo, el denominado “tazón de seguridad” que diariamente recibe 2 mil 500 millones de lempiras, según su gerente general, se creó para drenar los recursos de la nación, sin darle cuenta a nadie.

Las Fuerzas Armadas y las numerosas entidades policiales que creó JOHA, a pesar de ser sostenidas con los tributos de la población, sólo sirven para prestar seguridad a los jefes y exjefes policiales, diputados al Congreso Nacional, altos funcionarios públicos, politiqueros, familiares de todos ellos, y hasta a sus amantes.

Recientemente, se equipó a los cuerpos de seguridad del Estado con un sinnúmero de carros de lujo, patrullas, motocicletas, cuatrimotos, aparatos de radio-comunicación y otros equipos, pero con ello el pueblo no se beneficia en nada, porque la delincuencia común sigue operando libremente.

Al contrario, los militares y elementos policiales se ensañan contra aquellos compatriotas que reclaman sus derechos constitucionales en las calles. Muchas veces son torturados, reprimidos con gases lacrimógenos y hasta asesinados.

Como se ve, el sistema político y económico que tenemos, lejos de beneficiar al pueblo, lo perjudica, y permite que las minorías ambiciosas arrasen con las riquezas nacionales.

Para revertir toda esta situación que no nos permite levantar cabeza, debemos concientizarnos y actuar con memoria histórica en las próximas elecciones de noviembre. Estamos obligados a reflexionar, y con el arma cívica del voto castigar a los corruptos narco cachurecos que en los últimos doce años han hundido en la extrema pobreza y miseria a la población.

¡Los “cachos” han perdido la legitimidad para seguir gobernando la nación que nos legaron nuestros próceres. Así que, cero votos para esos saqueadores del Estado hondureño..!

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