• Acto religioso en el Congreso Nacional genera debate sobre la coherencia entre fe y práctica política
TEGUCIGALPA, HONDURAS. –
¿Serán hipócritas y sepulcros blanqueados los congresistas que hoy participaron en una ceremonia religiosa dirigida por miembros de la Iglesia Vida Abundante en la sede del Congreso Nacional?
Se les podrá aplicar la crítica que Jesús hiciera a los fariseos cuando pretendían mandar un mensaje de que eran personas limpias por fuera, mientras que por dentro estaban llenos de inmundicia; que actuaban para ser vistos en público, buscando lugares de honor, dando importancia a lo religioso y descuidando la justicia y la misericordia.
El escenario de hoy en el hemiciclo fue de diputados extendiendo las manos hacia arriba, entonando cánticos de alabanza y orando, supuestamente en un acto de adoración y honor hacia Dios; pero lo de hoy contrasta con el comportamiento que vemos a diario en el Congreso, con legisladores insultándose y descalificándose.
Asimismo, se observan diputados que piden no dar trabajo a su prójimo por no pertenecer a su mismo partido político, alejándose esto del segundo mandamiento: amar a tu prójimo como a ti mismo. También se observa cómo utilizan el poder para aplicar venganza contra aquellos que consideran sus “enemigos”.
Otro ejemplo es la imposición de un curul al margen de la ley para otorgar beneficio particular.
Por eso surge la interrogante de si el acto fue sincero o solamente para que los vieran y enviar un mensaje de creyentes a Dios, y así mostrarse diferentes a sus compañeros de Libre, quienes son calificados por un sector de la población como ateos.
La reacción de los hondureños sobre este tema es diversa: algunos aplauden el acto y otros se preguntan si fueron escuchadas sus plegarias o si Jesús los llamaría hipócritas.
Cabe resaltar que este Congreso reúne de manera voluntaria a los diputados los jueves de cada semana para compartir un mensaje espiritual.
Más allá del simbolismo religioso, el episodio vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la coherencia entre la fe que se profesa en público y las acciones que se ejercen desde el poder, en un contexto donde la ciudadanía demanda cada vez más congruencia, ética y responsabilidad en la función pública.




