• Durante la homilía dominical, el sacerdote Carlos Magno Núñez pidió a la sociedad y a sus dirigentes rectificar el rumbo y trabajar por la paz, la justicia y el bienestar de Honduras.
TEGUCIGALPA, HONDURAS. —
Un contundente llamado a la reflexión lanzó este domingo la Iglesia Católica a la sociedad hondureña y a sus dirigentes, al advertir sobre las consecuencias de continuar promoviendo acciones que generan división, odio y confrontación en lugar de contribuir al progreso y bienestar de la nación.
Durante la homilía dominical, el sacerdote Carlos Magno Núñez centró su mensaje en la parábola de la viña, utilizada como una reflexión sobre la responsabilidad que tiene cada persona de hacer buen uso de los dones y oportunidades que Dios le ha concedido.
El religioso sostuvo que Dios ha entregado al ser humano las condiciones necesarias para “dar buenos frutos”, pero lamentó que muchas personas estén optando por caminos marcados por el egoísmo, la mentira y las malas acciones.
“Dios espera que en nuestra vida demos frutos de amor, paz, justicia y armonía. Pero lamentablemente, en lugar de cosechar cosas buenas, muchos se dedican a sembrar corrupción, mentiras, odio y a sembrar terror a su paso, destruyendo lo que el Creador nos brindó para el bien de todos”, reflexionó.
El mensaje adquiere especial relevancia en un contexto nacional marcado por fuertes divisiones sociales y políticas, donde desde distintos sectores se han producido enfrentamientos y discursos que profundizan la confrontación.
Ante este escenario, la Iglesia llamó tanto a la ciudadanía como a quienes ejercen responsabilidades de liderazgo a rectificar el rumbo, privilegiando el diálogo, el perdón, el servicio y la verdad por encima de los intereses particulares.
Carlos Magno recordó que las acciones de cada persona terminan teniendo consecuencias sobre la sociedad y que nadie está exento de responsabilidad en la construcción del país.
La reflexión dominical concluyó con un llamado a dejar atrás las “malas semillas” y apostar por acciones capaces de generar frutos de justicia, paz, solidaridad y armonía.
La advertencia de la Iglesia fue clara: una sociedad no puede esperar cosechar progreso y bienestar si quienes la integran continúan sembrando división, corrupción, odio y violencia.











