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Los partidos políticos

(Por: Edmundo Orellana) Los ciudadanos son los titulares de los derechos políticos, según nuestra Constitución y entre estos derechos está el de “asociarse para constituir partidos políticos”.

El ciudadano tiene derecho a elegir y ser electo. Para elegir debe votar, lo que puede hacer en forma individual, aisladamente, sin pertenecer a ningún partido. Sin embargo, el derecho a “ser electo” lo ejerce si previamente se ha asociado a un partido político, como regla general; se permiten, como excepción, las candidaturas independientes, siempre que se acredite tener una organización de ciudadanos, cuya complejidad varía según la candidatura de que se trate, lo que, en definitiva, impide que este tipo de candidaturas se organicen y, en caso de lograrlo, difícilmente tienen éxito.

El medio para acceder al poder político es, realmente, el partido político. Como toda organización debe constituirse con órganos jerárquicamente distribuidos, de modo que habrá un órgano supremo, que, por su matriz popular y democrática, debe ser deliberativo; debe tener un órgano ejecutivo, que aplica lo que el supremo decida; y cuenta con una réplica de estos órganos en los niveles departamental y municipal.

Su organización se caracteriza por el carácter representativo de sus órganos, para que todos los movimientos internos participantes tengan su representante, en proporción a los resultados de la elección interna.

¿Quiénes asumen esas responsabilidades de dirección en los partidos? Estos están diseñados para que cualquier ciudadano que convenza a los demás de ser el idóneo para ocuparlos, pueda lograr que el voto lo lleve a la dirección municipal, departamental o nacional. De ahí se desprende que el votante debe escoger a quien efectivamente lo represente; es decir, al que sea de su misma condición socioeconómica o la comprenda, para que sus iniciativas sean compatibles con lo que el ciudadano aspira cuando está depositando su voto.

En teoría eso explicaría el porqué y el para qué de los partidos. Esas visiones diferentes de la sociedad y del mundo, explican la existencia de los partidos políticos y para qué sirven lo explica la necesidad de adecuar el entorno político, social y económico a esas particulares visiones. Quien considere que su entorno no debe cambiar, se inscribirá, por lógica, en un partido que propugne preservar la estructura social y económica de su tiempo; quien esté insatisfecho, se inscribirá en el partido que ofrezca cambios y, según sean las expectativas sobre esos cambios, así el ciudadano descontento se apuntará con el partido cuyas propuestas sean más afines a los cambios deseados.

Esta descripción idílica de los partidos contrasta con lo que resulta cuando, en la práctica, se ven los resultados de la famosa frase de que “el dinero es la leche materna de los partidos políticos”. Los gastos de la campaña electoral exceden en mucho la capacidad financiera de los partidos y de cada político individualmente. De ahí que deban negociar y convenir en compromisos financieros que tendrán que honrar, ganen o pierdan; lo que explica el saqueo de las instituciones públicas y los compromisos con narcos para financiar candidaturas.

De esto resulta que a los órganos de dirección de los partidos y a los cargos electivos aspiren únicamente los que pueden financiar, sea con dinero propio o prestado, sus campañas y quienes carecen de recursos participan con lo único que poseen, su voto. Pero, la realidad nos enseña que el votante no necesariamente vota a quien se comprometa a promover iniciativas para impulsar el desarrollo económico y social que le permita elevar su condición económica, social y cultural. Lo que explica por qué, pese a vivir en “democracia”, su condición personal y familiar es la misma o peor, sin importar cuantas veces vota.

Pareciera que sigue vigente la frase de Michels: “La organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegantes. Quien dice organización dice oligarquía”. Y lo que dijera, quien dirigió el partido comunista más importante de occidente, Enrico Berlinguer: “¡Los partidos políticos ya no hacen política! …los partidos se han degenerado. Los partidos de hoy son sobre todo máquinas de poder y de clientela… gestionan intereses… sin ninguna relación con las exigencias y con las necesidades humanas emergentes… ya no son organizaciones del pueblo… son más bien federaciones de corrientes, de camarillas…”. Un claro mensaje, especialmente para los líderes de izquierda.

Ya que estamos por aprobar la nueva legislación electoral promovamos un sistema que supere lo tenebroso del actual y nos permita modernizar nuestra democracia después del coronavirus. Exijamos, pues, que cambie el sistema electoral para que el voto de todos se respete y participen efectivamente y sin exclusiones en las decisiones políticas para determinar su futuro, diciendo con fuerza: ¡BASTA YA!

Y usted, distinguido lector, ¿ya se decidió por el ¡BASTA YA!?

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