- Exministro de Salud cuestiona plan del nuevo Gobierno y advierte riesgos éticos, financieros e ideológicos
TEGUCIGALPA, HONDURAS. –
El médico cirujano Mario Noé Villafranca lanzó una dura advertencia ante la posibilidad de que el nuevo Gobierno traslade al sector privado —con respaldo de la banca— la atención quirúrgica de miles de pacientes que integran la mora quirúrgica del sistema público de salud.
En un pronunciamiento público titulado “Ojalá que no”, el exministro de Salud expresó su preocupación por lo que considera un grave error estratégico, financiero y ético, que podría marcar un giro en la concepción de la salud como derecho fundamental.
Villafranca, especialista en Cirugía General y Cirugía Oncológica Hepatobiliopancreática, exdirector del Hospital Escuela, expresidente del Colegio Médico y docente de posgrado de la UNAH, cuestionó quiénes estarían asesorando al presidente Nasry Asfura en materia sanitaria, al advertir que externalizar cirugías no resuelve la crisis estructural del sistema, sino que convierte una deficiencia histórica del Estado en una oportunidad de negocio para clínicas privadas y entidades financieras.
En su análisis, el galeno subraya que la mora quirúrgica no es un problema reciente, sino el resultado de décadas de mala gestión, corrupción administrativa y abandono institucional. A su juicio, Honduras no carece de hospitales ni de capacidad instalada, sino de una administración eficiente capaz de hacer funcionar los centros existentes, con quirófanos operativos, personal incentivado, procesos transparentes y planificación estratégica.
El exfuncionario advierte que, bajo el discurso de la urgencia y la eficiencia, podría estarse gestando una transferencia de recursos públicos al sector privado, sometiendo la salud de los hondureños a la lógica del mercado.
“No es solo un problema financiero, es un problema ideológico”, sostiene, al señalar que el Estado estaría renunciando a su obligación histórica de garantizar la salud como derecho y transformándola en un servicio tercerizado, regulado por contratos y tarifas.
Villafranca también hace un llamado directo a la bancada del Partido Liberal de Honduras, a la que identifica como la principal fuerza de oposición, para que asuma su responsabilidad histórica y no avale ningún decreto que legalice lo que considera un despropósito.
Recuerda que el liberalismo hondureño fue el gran impulsor del sistema hospitalario nacional, con instituciones concebidas como decisiones políticas de alto contenido social y no como negocios.
El médico concluye con una advertencia contundente: externalizar cirugías es aceptar la derrota del Estado. “Cuando el Estado renuncia a curar, deja de ser Estado; y cuando la salud se vuelve negocio, la república se vuelve empresa”, afirma, al sostener que ni los gremios, ni las centrales obreras, ni la comunidad sanitarista, ni el pueblo hondureño permitirán que el sistema público de salud sea entregado al mercado.
A continuación, el post íntegro publicado por el doctor Mario Noé Villafranca en su cuenta de Facebook:
OJALÁ QUE NO
Por: Dr. Mario Noé Villafranca
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Ojalá que no sea cierto. Ojalá que se trate de una mala interpretación o de un rumor sin sustento. Pero todo indica que el nuevo gobierno de la República, encabezado por el presidente Nasry Asfura, contempla la posibilidad de trasladar al sector privado, administrado por la banca, la atención quirúrgica de miles de pacientes que hoy conforman la mora quirúrgica del sistema público de salud.
¿Quién asesora al nuevo presidente?
No quiero creer que mi colega Designado Presidencial haya sufrido un giro de 180 grados en su visión de la Salud Pública; después de todo sigo siendo un convencido de que la piedra angular de la salud comunitaria es una enérgica secuencia de políticas públicas que fortalezcan la Atención Primaria en Salud.
Ahora bien… ¿Tendrá alguna escueta idea la banca de que la salud de los que no pueden pagar atención médica privada trasciende los alcances de una columna roja y otra columna azul con valores numéricos de costos y márgenes de ganancia? Tengo mis dudas.
Ojalá que no, pero si esto se confirma, estaríamos frente a un grave error estratégico, financiero y ético. La mora quirúrgica no es un fenómeno reciente; es el resultado de décadas de mala gestión, corrupción administrativa y abandono institucional. Honduras no carece de hospitales, carece de una administración eficiente capaz de hacer funcionar los que ya existen.
Lo que ahora se pretende es convertir una deficiencia del Estado en una oportunidad de negocio para clínicas privadas y para la banca que las financia. Bajo el discurso de la urgencia y la eficiencia, se esconde una operación simple, transferir recursos públicos al sector privado, pagar honorarios privados con fondos del pueblo y someter la salud de los hondureños a la lógica del mercado.
No es solo un problema financiero, es un problema ideológico. El Estado estaría renunciando a su obligación histórica de garantizar la salud como derecho y la convertiría en un servicio tercerizado, regulado por contratos y tarifas, no por necesidades humanas.
No es ético.
No es correcto.
No es defendible desde ninguna perspectiva republicana.
La mora quirúrgica no se resuelve subcontratando cirugías, sino fortaleciendo el sistema nacional de salud. Se resuelve con gerencias profesionales, compras transparentes, mantenimiento de quirófanos, ampliación de horarios, incentivos al personal y auditorías reales. No con cheques en blanco a empresas privadas.
El pueblo todo de Honduras espera lo mejor de su nuevo presidente y exige, que al menos esta vez, no se vea la salud pública como el sitio en el que los grandes inversionistas de la política recuperan y multiplican exponencialmente su inversión.
Ojalá que no veamos utilidades a costas de la salud del pueblo hondureño.
Honduras posee una capacidad hospitalaria instalada considerable. Lo que ha tenido durante al menos cuatro gobiernos consecutivos es una pésima administración de esa capacidad; hospitales subutilizados, quirófanos cerrados, equipos dañados, procesos burocráticos absurdos y ausencia total de planificación estratégica. Ese es el verdadero problema, no la falta de clínicas privadas.
Externalizar cirugías es aceptar la derrota del Estado. Es reconocer que el gobierno es incapaz de gobernar su propio sistema de salud y decide delegarlo al mercado.
Y aquí la historia pesa. El liberalismo hondureño fue el gran constructor del sistema hospitalario nacional. Fue el liberalismo el que impulsó el Hospital Materno Infantil, el Mario Catarino Rivas, la Seguridad Social, el Código del Trabajo, el Código de la Niñez y más recientemente, el último legado del liberalismo a Honduras, el Hospital de Especialidades Pediátricas María en Tegucigalpa. Estos hospitales no nacieron como negocios, sino como decisiones políticas con sentido social.
Por ello, hoy resulta imprescindible que la bancada del Partido Liberal, como principal fuerza de oposición, asuma su responsabilidad histórica. No se trata de bloquear por cálculo político, sino de defender un principio esencial, la salud pública no se privatiza ni se convierte en mercancía.
Exhorto respetuosamente a los diputados liberales a no aprobar ningún decreto que legalice este despropósito. A recordar que representan una tradición que concibió la salud como derecho y no como negocio. A entender que hoy no se discute un tema técnico, sino un modelo de país.
Ojalá que este decreto nunca sea presentado.
Ojalá que el nuevo gobierno recapacite.
Ojalá que comprenda que gobernar no es tercerizar, sino construir instituciones.
Porque cuando el Estado renuncia a curar, deja de ser Estado.
Y cuando la salud se vuelve negocio, la república se vuelve empresa.
Y ese no puede ser el futuro de Honduras.
Puedo entender lo hecho por mi bancada «en apoyo a la democracia», pero entregar el sistema sanitario público sería inconcebible y condenable; ni la comunidad sanitarista, ni la Centrales Obreras, ni los gremios, ni mucho menos el pueblo todo de Honduras lo vamos a permitir.

