- El respaldo liberal al presidente provisional del Congreso desata una ruptura política y profundiza la crisis de credibilidad del liberalismo
TEGUCIGALPA, HONDURAS. –
La elección de Tomás Zambrano como presidente provisional del Congreso Nacional de Honduras encendió una tormenta política de alto voltaje.
Entre las reacciones más duras destacó la del excandidato presidencial Salvador Nasralla, quien acusó al Partido Liberal de haber firmado su propia “acta de defunción” al respaldar dicha designación.
A través de sus redes sociales, Nasralla lanzó un mensaje demoledor contra la dirigencia liberal: “Anoche 20/1/2026 a la vista y paciencia del Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal de Honduras, dejaron moribundo al Partido Liberal… hoy 21/1 lo mataron y el viernes 23 de enero de 2026 lo entierran”.
El señalamiento no solo expone la fractura interna del liberalismo, sino que confirma el rompimiento político entre Nasralla y la cúpula de un partido al que, hasta hace poco, aún consideraba una opción de respaldo coyuntural.
Dardos al CNE y al proceso electoral
En su publicación, Nasralla también arremetió contra el Consejo Nacional Electoral (CNE), al que acusó de actuar bajo órdenes superiores y no como un ente independiente.
Cuestionó que se haya impuesto un resultado contrario a la voluntad popular, en referencia a la elección presidencial que dio como ganador a Nasry Asfura.
“Impuso contra la voluntad de 8 millones de personas como presidente de la República al que perdió por 600,000 votos”, escribió, reiterando una narrativa que ha sostenido desde el proceso postelectoral y que mantiene abierto el debate sobre la legitimidad institucional.
Nasralla recordó además que desde el 24 de diciembre había advertido sobre las consecuencias políticas si no se respetaba el principio de voto por voto, una advertencia que hoy utiliza como sustento de su ruptura definitiva.
El voto liberal que detonó la crisis
Zambrano fue electo con 85 votos de los 128 diputados, entre ellos el respaldo de 33 parlamentarios liberales, incluido Jorge Cálix.
La votación se produjo durante la sesión del 21 de enero, en la que se conformó la Junta Directiva Provisional, mientras se espera que el viernes 23 se elija la directiva en propiedad.
Para Nasralla, este respaldo representa una traición política. El excandidato admitió que inicialmente estaba dispuesto a apoyar al aspirante liberal que su partido definiera, pero sostuvo que el giro de los acontecimientos liquidó cualquier posibilidad de alianza o entendimiento.
“La esperanza ya no es rojo, blanco, rojo”
En otro mensaje, Nasralla citó al analista Carlos Cálix para lanzar una de sus frases más lapidarias: “La esperanza no sigue siendo rojo, blanco, rojo. Como partido político somos una mediocridad, damos lástima”.
Acto seguido, dejó clara su apuesta personal: “La esperanza sigue siendo Salvador Nasralla presidente 2030”.
Consultado posteriormente vía WhatsApp por medios de comunicación, ratificó sin matices su postura: “Hoy mataron al Partido Liberal y el viernes lo entierran… póngale mi nombre”.
Una crisis que trasciende la coyuntura
Más allá del tono vehemente, las declaraciones de Nasralla reflejan una crisis profunda del sistema de partidos, donde las decisiones legislativas se leen como pactos de supervivencia política más que como consensos programáticos.
La elección de Zambrano no solo definió una presidencia provisional del Congreso; también aceleró rupturas, evidenció fracturas internas y dejó al Partido Liberal en el centro de un debate incómodo: su rol histórico, su coherencia política y su viabilidad futura en un escenario cada vez más polarizado.

