Otro trancazo para el pueblo en el gobierno nacionalista de Nasry Asfura

Aumento del 10.49 % en la energía eléctrica entrará en vigencia el 1 de abril y golpeará directamente el bolsillo de los hondureños

TEGUCIGALPA, HONDURAS. –

Un nuevo golpe al bolsillo de los hondureños se concretará a partir del 1 de abril de 2026, luego de que la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (CREE) confirmara un incremento del 10.49 % en la tarifa de energía eléctrica para el próximo trimestre.

El ajuste, que estará vigente durante los meses de abril, mayo y junio, eleva el costo del kilovatio hora (kWh) de 4.81 a 5.31 lempiras, impactando directamente en los recibos de miles de hogares y empresas en todo el país.

Según el ente regulador, la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) está autorizada a aplicar esta nueva tarifa promedio, en medio de un contexto marcado por el aumento en los costos de generación energética.

Justificaciones oficiales… y más presión al ciudadano

La CREE argumentó que el incremento responde a varios factores, entre ellos un leve aumento en los precios de los combustibles registrado entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, así como el encarecimiento de la energía en el Mercado de Oportunidad.

A esto se suma el impacto internacional derivado de la guerra en Medio Oriente, que ha elevado los precios del petróleo y sus derivados como el diésel y el bunker, insumos clave para la generación térmica en Honduras.

Asimismo, se informó que en este trimestre se aplicará el pago de 17 millones de dólares correspondientes a un monto total de 25.5 millones aprobado en administraciones anteriores bajo el esquema de diferimiento, lo que también influye en el ajuste tarifario.

Un aumento que golpea en cadena

Aunque las autoridades presentan argumentos técnicos, el incremento llega en un momento de alta presión económica para la población, donde el costo de vida continúa en ascenso.

El alza en la energía no solo impacta los hogares, sino que también tiene un efecto en cadena sobre la producción, el comercio y los servicios, lo que podría traducirse en nuevos incrementos en bienes y productos básicos.

Este nuevo aumento vuelve a evidenciar una constante en la gestión pública: cuando los costos suben, la carga termina recayendo en la población. 

Mientras se esgrimen razones técnicas e internacionales, los hogares enfrentan una realidad más dura, con facturas cada vez más elevadas. 

En medio de este panorama, crece la percepción de que las soluciones estructurales siguen pendientes, mientras los “trancazos” al pueblo continúan marcando la pauta.

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