• El exministro de Educación acusa al gobierno de no comunicar sus logros, cuestiona el liderazgo interno y advierte que el aislamiento político podría sepultar al partido oficialista.
TEGUCIGALPA, HONDURAS.
Tras su destitución por la presidenta Xiomara Castro, el exministro de Educación Daniel Sponda lanzó una de las críticas más duras provenientes del propio oficialismo, al advertir que el Partido Libertad y Refundación (Partido Libertad y Refundación) podría desaparecer si Rixi Moncada continúa dirigiendo la organización.
Sponda atribuyó la derrota electoral del partido a la incapacidad del gobierno para comunicar resultados y logros, señalando que esa desconexión con la ciudadanía terminó pasando factura en las urnas.
En ese contexto, reconoció la capacidad intelectual de Moncada, pero sostuvo que carece de carisma político, una debilidad que —a su juicio— no tiene solución en el plano electoral.
El exfuncionario, quien se define como parte del núcleo ideológico de izquierda, aseguró que Libre atraviesa un proceso de “despolitización ciudadana”, donde amplios sectores de la población encuentran cada vez más difícil comprender fenómenos políticos complejos.
Ese vacío, afirmó, no ha sido llenado por la dirigencia, lo que ha debilitado la relación entre el partido y su base social.
Críticas a la estrategia legislativa
Sponda también cuestionó la negativa de la cúpula de Libre a dialogar y construir acuerdos con otras fuerzas en el Congreso Nacional de Honduras.
Subrayó que el bipartidismo murió en 2009 y fue reemplazado por un tripartidismo irreversible, escenario que —dijo— exige pragmatismo, negociación y alianzas, no confrontación permanente.
Advirtió que el aislamiento político frente a las otras dos fuerzas mayoritarias podría comprometer la gobernabilidad y poner en riesgo la continuidad del proyecto político que actualmente ostenta el poder.
Ideología, origen y contradicciones internas
Durante su análisis, Sponda recordó que las grandes transformaciones sociales históricamente han sido disruptivas, defendiendo la protesta como un motor legítimo del cambio.
Sin embargo, contrastó ese ideal con la realidad interna del partido, al reconocer que la mayoría de la base de Libre proviene del Partido Liberal, mientras que los cuadros de izquierda “pura” son minoría.
“Antes del golpe de Estado, los que éramos de izquierda viajábamos en buses de ruta”, ironizó, para ilustrar el origen heterogéneo de la militancia y las tensiones ideológicas que persisten dentro del partido.
Finalmente, llamó a reflexionar sobre las reglas de la democracia en las que opera Libre, advirtiendo que la falta de alianzas, el cierre al diálogo y el desgaste del liderazgo interno podrían sentenciar el futuro del partido si no se produce un giro estratégico oportuno.

