- El expresidente del Legislativo cierra su ciclo con gestos solemnes, mientras deja un legado marcado por confrontación y crisis institucional
TEGUCIGALPA, HONDURAS. –
Con un recorrido cargado de simbolismo y dramatismo, el expresidente del Congreso Nacional, Luis Redondo, realizó la noche del martes 20 de enero su última aparición en el hemiciclo legislativo, despidiéndose del cargo sin un acto formal de traspaso de mando ni mensaje político público.
Durante el recorrido, Redondo saludó a efectivos militares y policiales apostados en los accesos del Congreso, observó obras artísticas del recinto y, según testigos, besó y saludó solemnemente la Bandera Nacional, en un gesto que fue interpretado por su entorno como un cierre cargado de emotividad.
En ese contexto, pronunció una frase que resonó entre sus cercanos y que fue leída como una promesa de retorno.
“Volveré al Congreso Nacional”, dijo a las afueras del hemiciclo legislativo.
Un cierre simbólico para una gestión bajo fuego
La escena contrasta con el balance que dejan cuatro años de una presidencia legislativa ampliamente cuestionada.
Redondo fue electo en 2022 en medio de una votación polémica que no alcanzó consenso amplio, detonando una crisis de gobernabilidad que se arrastró durante todo su período.
Críticos señalan que su administración estuvo marcada por acusaciones de abuso de poder, parálisis legislativa y confrontación permanente con la oposición y otros poderes del Estado.
Entre los señalamientos más recurrentes figuran el uso reiterado de la Comisión Permanente, la aprobación de decretos sin quórum legítimo y la conducción de sesiones cuya legalidad fue impugnada en múltiples ocasiones.
Aunque sectores afines al oficialismo defendieron su gestión como un intento de “ordenar” el Legislativo, analistas y voces opositoras la catalogan como una de las administraciones más débiles del Congreso en la historia reciente, tanto por la falta de consensos como por el deterioro de la institucionalidad parlamentaria.
Un Congreso sin acuerdos y con heridas abiertas
Durante su mandato, varias reformas impulsadas bajo su liderazgo quedaron congeladas, fueron revertidas o terminaron judicializadas, mientras temas clave de interés nacional permanecieron sin acuerdos.
El resultado fue un Congreso fragmentado, con escasa producción legislativa consensuada y una imagen pública severamente erosionada.
Su despedida, sin junta directiva saliente ni ceremonia oficial, refuerza la percepción de vacío de conducción institucional con la que concluye su presidencia, un cierre que refleja más tensión que estabilidad.
Transición en medio de la polémica
Mientras Redondo se retira del hemiciclo entre símbolos y silencios, el Congreso se prepara para una nueva etapa.
El próximo viernes 23 de enero se instalará la Junta Directiva en propiedad, luego de que Tomás Zambrano fuera electo como presidente provisional con 85 votos, incluidos respaldos de bancadas liberales y nacionalistas.
El relevo ocurre en un contexto de alta polarización política, donde el desafío inmediato no será solo administrativo, sino reconstruir la credibilidad del Poder Legislativo tras años de confrontación y decisiones controvertidas.
Así, el adiós simbólico de Luis Redondo no solo marca el fin de un período, sino que deja abierta una pregunta central: ¿podrá el nuevo liderazgo del Congreso cerrar el ciclo de crisis institucional o heredará las mismas fracturas que hoy dividen al Legislativo?

